La bienvenida es para los que llegan con chequera
La presidenta Claudia Sheinbaum recibió esta mañana en Palacio Nacional a una delegación de alto nivel. No eran diplomáticos comunes, sino aproximadamente cien directores ejecutivos de las mayores empresas de Dinamarca, Finlandia, Noruega y Suecia.
La comitiva estaba encabezada por el Grupo Wallenberg, uno de los conglomerados más poderosos de Europa. Entre los asistentes, nombres que suenan a juguetes, medicinas y teléfonos: Lego, AstraZeneca, Novo Nordisk, Nokia y Volvo.
“Las puertas de México están abiertas a todas y todos los empresarios interesados en invertir en el país”, declaró Sheinbaum durante el encuentro.
Un discurso previsible para la ocasión. Lo interesante siempre está en lo que no se dice en estos actos protocolarios.
El poder real detrás de la visita
El Grupo Wallenberg no es cualquier actor. A través de su banco SEB y su firma Investor AB, controla un ecosistema empresarial que factura más de 385 mil millones de dólares anuales. Sus empresas emplean a 1.5 millones de personas en 180 países.
Marcus Wallenberg, presidente de SEB, afirmó que ya se anunciaron “múltiples inversiones” alineadas con el llamado Plan México. Prometió construir una presencia nórdica “en el largo plazo”.
Sheinbaum contestó preguntas sobre energía, farmacéuticos, agroindustria y telecomunicaciones. Temas sensibles donde las reglas del juego local suelen ser… flexibles según quién juegue.
El diálogo fue moderado por el canciller Juan Ramón de la Fuente. Un guiño institucional para darle marco formal a lo que realmente es: una ronda de negocios con algunos de los capitales más concentrados del mundo.
La primera visita nórdica de esta magnitud llega en un momento económico complejo. Las puertas están abiertas, sí. La pregunta que queda flotando en el aire lujoso de Palacio es: ¿en qué condiciones?




