Cuando la “ingeniería ilegal” sale mal (como siempre)
Ah, el Estado de México, esa tierra fértil donde florecen las ideas más… creativas para el comercio informal. Esta vez, un grupo de emprendedores (léase: huachicoleros) decidió que excavar un túnel a 300 metros de un ducto de Pemex era el plan perfecto. Spoiler: no lo fue.
El jueves por la noche, la naturaleza –o quizá la karma– dijo “aquí no” y el túnel se convirtió en una tumba improvisada para seis personas. Porque nada dice “proyecto bien planeado” como morir aplastado en un agujero clandestino. ¿Los vecinos? Inicialmente impidieron el rescate porque, claro, ¿para qué dejar que los expertos hagan su trabajo cuando puedes improvisar con palas y buenas intenciones?
Usos y costumbres vs. protocolos de emergencia
En un giro que nadie vio venir (mentira, todos lo vimos venir), los pobladores insistieron en recuperar los cuerpos por su cuenta. ¿Motivo? “Usos y costumbres”. Porque nada honra más a los muertos que sacarlos de un derrumbe sin equipo profesional, como si fueran papas de un campo mal excavado. Eso sí, tras un diálogo (léase: horas de discusión), finalmente entregaron los cadáveres. Qué generosos.
Mientras tanto, Pemex –esa empresa que pierde más combustible que un tamalero en bicicleta– ni se inmutó. Total, ¿qué son seis muertos más en el historial de desastres evitables? Los restos ahora están en la morgue, esperando que alguien los reclame… o que otro túnel colapse mientras tanto.
Moraleja: Si vas a robar combustible, al menos contrata a un ingeniero civil. O mejor aún, dedícate a vender tamales.
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