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SAT libera vialidades tras protesta pero mantiene bloqueo en Reforma

La capital se paraliza mientras una batalla laboral desata el caos vial y deja a miles de usuarios a pie.

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El Día que la Ciudad de México Contuvo el Aliento

Como una tormenta que se desata sin previo aviso, el corazón financiero y vial de la megalópolis se enfrentó a un colapso sin precedentes. Durante siete horas interminables, una marea humana de trabajadores del Servicio de Administración Tributaria tomó por asalto las arterias principales de la capital, transformando el bullicio cotidiano en un paisaje de tensión y parálisis total. No era una simple manifestación; era un grito desgarrado, una batalla épica por la dignidad laboral que convirtió el asfalto en un campo de batalla y a millones de ciudadanos en rehenes involuntarios de una lucha que resonaría en cada rincón de la nación.

El caos se desplegó con la precisión de una tragedia griega. Viaducto Río de la Piedad, el Eje 3 Sur División del Norte, la majestuosa Calzada de Tlalpan, Marina Nacional y el vital Circuito Interior… uno a uno, estos gigantes de concreto y acero fueron sometidos a un silencio antinatural. Los automóviles, como bestias encadenadas, formaron serpientes metálicas que se extendían hasta donde la vista alcanzaba. El zumbido característico de la ciudad fue reemplazado por el eco de las consignas y la frustración de una población atrapada en el limbo.

Un Epicentro de la Resistencia

Mientras la intervención de los elementos de la Secretaría de Seguridad Ciudadana comenzaba a surtir efecto, logrando la reapertura gradual de las vías, un foco de resistencia se mantenía impenetrable, desafiante. En el cruce de Paseo de la Reforma y Avenida Hidalgo, en el mismísimo alma del Centro Histórico, la protesta se negaba a ceder. Allí, bajo la sombra de los edificios coloniales y los rascacielos modernos, un grupo de manifestantes se erigió como el último bastión de una rebelión que conmocionó los cimientos de la administración pública.

Las consecuencias fueron una reacción en cadena de puro desastre. La Línea 7 del Metrobús, esa venia roja que recorre el emblemático Paseo de la Reforma, fue herida de muerte. Varias de sus estaciones cayeron en un letargo forzado, dejando a miles de usuarios en el más absoluto desamparo. Imágenes de hombres y mujeres con traje, de estudiantes con prisa, de madres cargando a sus hijos, caminando kilómetros bajo el sol inclemente para alcanzar la siguiente estación operativa, se convirtieron en el símbolo de un día que nadie olvidará. Era un éxodo urbano, un testimonio palpable de cómo el pulso de la ciudad puede detenerse de un momento a otro.

Pero detrás de este caos aparentemente irracional, latía una causa que elevaba el drama a niveles shakespearianos. Los empleados fiscales, aquellos guardianes anónimos de la hacienda pública, no se levantaban por capricho. Su movimiento era parte de un paro nacional convocado, un llamado de atención que recorría todo el país como un susurro convertido en estruendo. Exigían un salario digno, condiciones laborales que no los trataran como números en una planilla, sino como los pilares humanos que sostienen la maquinaria fiscal de una nación entera. Cada consigna, cada cartel alzado, era un capítulo de una historia de desdén y promesas incumplidas.

La tensión era un personaje más en este drama. Con cada minuto que pasaba, la pregunta flotaba en el aire, pesada como una losa: ¿cedería el gobierno ante la presión? ¿O la resistencia en Reforma se convertiría en el preludio de una confrontación mayor? La ciudad, acostumbrada a los vaivenes de la protesta social, contuvo el aliento, sabiendo que el desenlace de esta jornada marcaría un precedente para futuras batallas entre el poder establecido y la fuerza imparable de la demanda colectiva. El destino de la movilidad capitalina y, simbólicamente, de la relación entre el Estado y sus trabajadores, pendía de un hilo en una intersección del Centro Histórico.

Este no fue un simple bloqueo; fue una lección de poder ciudadano, un recordatorio dramático de que cuando las instituciones fallan, la calle se convierte en el último tribunal. La liberación de la mayoría de las vialidades no fue una derrota, sino una tregua estratégica, un repliegue táctico que mantenía la presión en el punto neurálgico. La batalla por Reforma continuaba, y con ella, la esperanza de miles de que su voz, al fin, sería escuchada.

¿Conoces a alguien afectado por la paralización? Comparte esta crónica del caos en tus redes sociales para que todos conozcan el impacto real de la lucha laboral. Explora más en nuestro sitio para estar al tanto de las últimas actualizaciones sobre este y otros temas de relevancia nacional.

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Trump dice que seguirá en contacto con Machado

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El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, afirmó este viernes que planea mantener el contacto con la líder opositora venezolana, María Corina Machado.

Tras su encuentro del jueves en la Casa Blanca, Trump declaró que se trata de una mujer a la que “respeta mucho”. En esa reunión, Machado señaló que le transmitió al mandatario estadounidense que “hoy más del 90% de los venezolanos queremos lo mismo: vivir con libertad, dignidad y justicia”.

Los detalles del encuentro entre Trump y Machado

“Fue un gran honor para mí conocer a María Corina Machado, de Venezuela”, escribió Trump en una publicación en Truth Social. “María me presentó su Premio Nobel de la Paz por el trabajo que he realizado. Un gesto maravilloso de respeto mutuo”.

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Un triste hallazgo en la colonia que duerme entre calles con nombres festivos

El hallazgo de un cuerpo en la calle 23 de diciembre desató el protocolo habitual: cinta amarilla, curiosos y muchas preguntas sin respuesta.

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La muerte llama a la puerta en la calle 23 de diciembre

Ah, la colonia 15 de enero. Un lugar tan festivo que incluso sus calles llevan nombres de fechas célebres. Pero ayer, en la calle 23 de diciembre, el regalo anticipado fue bastante más macabro: el cuerpo sin vida de un hombre. Porque nada dice “espíritu navideño” como encontrar a alguien que ya no respira sobre un colchón en la vía pública.

Los vecinos, esos héroes anónimos del cotilleo barrial, fueron los primeros en notar que algo andaba mal. Su radar de chismes se activó cuando vieron que el individuo en situación de calle que usualmente dormía allí llevaba demasiado tiempo quieto. ¿Estará profundamente dormido o profundamente muerto?, debieron preguntarse. Ante la duda, y demostrando una eficacia envidiable, optaron por lo más sensato: marcar al 911. Más vale prevenir que lamentar, ¿no?

Vecinos del lugar refieren que el hoy occiso es un individuo en situación de calle que comúnmente dormía en esta calle, por lo que se les hizo extraño ver que no se movía.

Así comenzó el circo. Llegaron los paramédicos de la Cruz Roja, confirmaron lo obvio —que efectivamente, estaba muerto— y dieron parte a las autoridades. Porque ese es el protocolo: tú encuentras el cuerpo, nosotros constatamos que es un cuerpo, y luego llamamos a los que se encargarán del cuerpo. Una cadena de mando perfectamente aceitada para gestionar la tragedia.

El despliegue oficial ante lo inevitable

No podían faltar. Los elementos de la Guardia Estatal y la Fiscalía General arribaron al sitio con esa mezcla de solemnidad y rutina que caracteriza estos eventos. Su misión: acordonar el área con esa cinta amarilla que tanto nos fascina y realizar las “indagatorias pertinentes”. ¿Pertinentes para qué? Para determinar, supongo, que un hombre sin hogar fue encontrado muerto en la calle donde solía dormir. Un misterio digno de Sherlock Holmes.

La calle fue cerrada. El tráfico, desviado. Todo debe detenerse mientras se realiza el levantamiento del cadáver y la necropsia de ley. Porque la burocracia de la muerte es implacable: formularios, procedimientos, esperas. Se estima que el cierre durará “un par de horas”, aunque todos sabemos que ese “par” puede estirarse más que un chicle pegado en el pavimento.

Y mientras tanto, ¿qué sabemos? Poco. Que era un hombre. Que aparentemente tenía lesiones en su cuerpo. ¿De qué tipo? No se especifica. Podrían ser desde moretones hasta señales de algo más siniestro. El comunicado oficial es tan vago que da pie a toda clase de especulaciones innecesarias y morbosas. ¿Se cayó? ¿Lo empujaron? ¿Le dio un patatús después de una cena cuestionable recuperada de un contenedor? El silencio oficial es el mejor aliado de la imaginación popular.

Lo más irónico del asunto es el escenario: una colonia llamada 15 de enero, una calle llamada 23 de diciembre. La muerte no respeta calendarios ni nomenclaturas festivas. Se instala donde quiere, incluso entre calles cuyo nombre evoca regalos y propósitos de año nuevo.

Al final del día, queda una pregunta flotando en el aire cargado de indiferencia urbana: ¿cuántas personas deben morir en el anonimato antes de que su paseo sea algo más que una nota policial breve? Hoy fue un hombre sin nombre en la calle 23 de diciembre. Mañana podría ser cualquiera.

¿Esta nota te hizo reflexionar (o por lo menos arquear una ceja)? Compártela con ese amigo al que le gusta comentar las noticias con un tono igualmente cáustico. Y si te interesa estar al tanto del pulso real –y a menudo absurdo– de la ciudad, explora más contenido como este.

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Diplomacia vaticana: reunión clave mientras la visita papal flota en el aire

El embajador en El Vaticano se reúne con Segob mientras la invitación al papa sigue en el limbo. ¿Visita papal o eterna espera?

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La diplomacia mexicana con el Vaticano: mucho protocolo, poca confirmación y un papa en standby

Ahí va la cosa. Este martes, Alberto Barranco Chavarría, nuestro embajador ante la Santa Sede –sí, ese puesto existe y alguien lo tiene–, se sentó con Rosa Icela Rodríguez de Gobernación y Clara Luz Flores de Asuntos Religiosos. La agenda: revisar los asuntos bilaterales. O sea, la relación México-Vaticano, que suena a trama secundaria de una serie política pero aparentemente es importante.

“Siempre respetuosa y constructiva”, dijo Rodríguez sobre la reunión.

Traducción millennial: “Nos llevamos bien, no hubo drama, pero tampoco anunciamos nada espectacular”. Es el equivalente diplomático a poner “✨” en una historia de Instagram.

Pero hablemos de lo que todos queremos saber: ¿Y el papa? ¿Cuándo viene? Porque resulta que la presidenta Claudia Sheinbaum ya le extendió la invitación a León XIV –no confundir con los reyes franceses del pasado– durante una llamada por el Día de la Virgen de Guadalupe. Un movimiento clásico. El problema es que, desde entonces, la confirmación brilla por su ausencia.

El eterno ‘tal vez’ de la visita papal

La semana pasada, Barranco Chavarría estuvo por México para una reunión de embajadores y dejó caer esta perla:

“No hay todavía una respuesta”, dijo el embajador sobre la posible visita.

O sea, ni sí ni no, sino todo lo contrario. El Vaticano tiene a México en “visto”, como ese mensaje importante que nunca contestas. Sheinbaum misma comentó el 15 de diciembre que aún no había fecha. Así que seguimos en modo espera, con la incertidumbre como único plan confirmado.

El contexto importa: Una visita papal no es cualquier cosa. Requiere logística monumental, seguridad extrema y una agenda que equilibre lo espiritual con lo político. Además, León XIV lleva poco tiempo en el cargo –sí, es un nombre curioso para un papa moderno– y probablemente está priorizando otros frentes. Pero para México, especialmente con la devoción guadalupana, sería un evento de primer orden.

Mientras tanto, las reuniones como la de hoy sirven para mantener los canales abiertos. Para asegurar que, cuando (o si) llegue el del Vaticano, todo esté listo. Es diplomacia en su estado más puro: mucha preparación para un evento que puede o no ocurrir.

¿Qué sigue? Seguir esperando. La bola está en la cancha del Vaticano. Mientras tanto, México sigue haciendo su tarea: reuniones formales, declaraciones cuidadosas y ese optimismo cauteloso que caracteriza a las relaciones internacionales cuando hay mucho en juego pero pocas certezas.

¿Te intriga este baile diplomático? Comparte esta nota y hablemos de las relaciones internacionales más inesperadas.

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