La memoria inmunológica del estado falló
Ciento cincuenta y dos casos confirmados. La cifra oficial que hizo saltar las alarmas y sacó a la Secretaría de Salud a las calles. En Culiacán, nueve centros improvisados intentan contener lo que debería estar contenido desde hace décadas.
Las imágenes no mienten: filas largas, rostros adultos. Justo el grupo que creía estar protegido. En el centro de Fórum Tres Ríos, las brigadas trabajan a contrareloj aplicando el biológico principalmente a personas entre 10 y 49 años.
“Esta jornada está dirigida a recién nacidos de seis a once meses, niños hasta seis años, y personas de 10 a 49 sin comprobante”, declaró Cuitláhuac González Galindo, secretario estatal.
La cobertura suena amplia. La urgencia, palpable. Hasta el viernes pasado, según sus números, habían aplicado 281 mil dosis en todo el estado. Dicen tener otras 120 mil listas.
Pero aquí está el detalle que pica: si la vacuna existe desde los sesenta y los programas de inmunización infantil son bandera de cada informe de gobierno, ¿cómo llegamos aquí? ¿Dónde se rompió la cadena?
El sarampión no es una novedad. Es un viejo conocido que regresa cuando bajamos la guardia. Cuando los sistemas de salud descuidan lo básico por perseguir lo mediático.
Mientras las filas crecen bajo el sol sinaloense, la pregunta incómoda flota en el aire: ¿esto es contención o confesión tardía de un fracaso preventivo?
La verdadera inmunización no se mide en dosis aplicadas durante la crisis, sino en las que nunca debieron faltar.




