El gobernador y su optimismo… relativo
Ah, la paz en Sinaloa. Ese concepto abstracto que todos mencionan pero nadie sabe cómo se ve. Rubén Rocha Moya, nuestro querido gobernador (sí, el mismo que prometió resolver esto en un abrir y cerrar de ojos), ha tenido que admitir lo que hasta un niño de primaria sabe: la narcoguerra no se acabó porque él lo decrete. A 11 meses del espectáculo dantesco entre “Los Chapitos” y “Los Mayos” (nombres que suenan más a bandas de reggaetón que a cárteles), el mandatario reconoce que, aunque algunos delitos han bajado, la fiesta de balas y bloqueos sigue en pie. ¿Alguien se sorprende? No.
Operativos, militares y promesas: la receta de siempre
Entre carreras por la paz (qué ironía más deliciosa) y discursos de “estamos pendientes”, Rocha suelta perlas como: “no hay manera de decir: ‘ya, esto se ha terminado'”. Vaya, qué revelación. Mientras tanto, el secretario de Seguridad, Omar García Harfuch, intenta vender la idea de que los cárteles están “mermados”. Claro, porque ya no se pasean en convoyes como si fueran la caravana de Santa Claus (pero con fusiles en vez de regalos). Eso sí, admite que la situación dista de estar resuelta. Vamos, que ni con militares, informes quincenales y frases motivacionales logran apagar este circo.
Y por si faltaba algo, los reportes oficiales nos regalan cifras de terror: siete desaparecidos y tres homicidios en un fin de semana. Pero tranquilos, ¡hubo meses sin bloqueos carreteros! (aplausos). La presidenta Sheinbaum sigue enviando tropas, como si Sinaloa fuera un videojuego donde más soldados equivalen a “nivel superado”. Spoiler: no funciona así.
¿Moraleja? Mientras los líderes se turnan para decir “va mejorando… pero no tanto”, los ciudadanos siguen atrapados en esta telenovela violenta que nadie pidió. Y usted, ¿ya compró su chaleco antibalas o sigue confiando en el “estar muy atentos” de las autoridades?
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