Ya está. El llamado Plan B de la reforma electoral pasó el filtro de los congresos locales.
Claudia Sheinbaum lo celebró esta mañana como un hecho consumado. Según la presidenta, la esencia de todo este rollo era simple: “reducir los privilegios”. Suena bien, ¿no? Siempre suena bien.
En su conferencia de Palacio Nacional, desglosó lo que ella llama los “grandes logros” del paquete. Seis puntos que, en teoría, le bajan el sueldo a la clase política.
- No a la reelección de legisladores.
- Adiós al nepotismo.
- Menos dinero para los congresos estatales.
- Se reducen el número de regidores.
- Se acabaron las pensiones doradas (esa palabra que tanto molesta).
- Recortes salariales y eliminación de bonos y seguros médicos para consejeros y magistrados electorales.
“Esto ya es un hecho para el país, solo está por publicarse en el Diario Oficial de la Federación”, afirmó Sheinbaum con ese tono de misión cumplida.
Pero claro, falta el trámite final. El paquete debe volver al Senado para su declaratoria formal antes de que aparezca en el DOF. La propia mandataria lo explicó:
“Falta que regrese al Senado para poderlo declarar, nos lo envían y después lo publicamos”.
Así que técnicamente no está en vigor. Pero políticamente, ya se vendió como una victoria. La narrativa está servida: los privilegios, al menos en el papel, tienen los días contados. Veremos en la práctica quién se queda sin postre.




