La jugosa teta presupuestal que no quiere soltar la clase política
Pónganse cómodos, queridos ciudadanos que financian este espectáculo sin haber comprado entrada. Resulta que en los últimos siete años, los partidos políticos –esas organizaciones de altruistas que solo quieren lo mejor para el país, claro– recibieron la modesta suma de 7 mil 354 millones 262 mil 544 pesos en prerrogativas. Sí, han leído bien: ese número tiene tantos dígitos que casi no cabe en la calculadora del ciudadano común. Para que se hagan una idea, esto representó en promedio el 30% del presupuesto electoral aprobado para el Instituto Nacional Electoral (INE), porque obviamente organizar elecciones es importante, pero financiar las campañas de los partidos es… ¿divino?
Los datos, recopilados en el estudio “Tendencias Legislativas en torno a la Reforma Electoral” –un título que suena tan emocionante como ver crecer la hierba–, muestran con una claridad pasmosa cómo el financiamiento público a los partidos se ha mantenido como una proporción significativa del gasto total. ¿Significativa? Vamos, es como decir que el oxígeno es “algo importante” para respirar.
Sheinbaum al rescate: ¿reforma electoral o recorte de manteca?
En un giro argumental que nadie vio venir, la presidenta Claudia Sheinbaum ha tenido una revelación: tal vez, solo tal vez, darles menos dinero a los partidos podría ser una buena idea. Como parte de su iniciativa de reforma electoral, la mandataria –en un arranque de audacia– propondrá una disminución significativa al financiamiento público. ¡Qué idea tan radical! ¿Acabará con la costumbre de que los partidos naden en dinero como Scrooge McDuck en su habitación del oro? El tiempo lo dirá, pero la sola sugerencia ya hace temblar las arcas… perdón, las bases de la democracia.
El análisis del Instituto Belisario Domínguez nos regala otra perla: el punto más alto de este derroche se registró en 2020, cuando los partidos recibieron la bonita cantidad de 5 mil 239 millones de pesos. Esto equivalió al 31.5% de los recursos totales asignados al órgano electoral. Porque, ¿qué mejor año para repartir dinero a manos llenas que en medio de una pandemia global? Las prioridades, como siempre, en su lugar.
Para 2025, en un alarde de moderación, se proyectó un financiamiento de 7 mil 354 millones de pesos. Su peso relativo se reduce a un 21.4%, lo que seguramente hará que los líderes partidistas tengan que apretarse el cinturón… o quizás solo cambiar de yate por uno un poco más pequeño.
El otro 70%: ¿gasto operativo o aguinaldo burocrático?
Pero no todo el presupuesto se va en fiestas… digo, en campañas. El resto del dinero, alrededor del 70%, se destina –en teoría– a la operación administrativa y burocrática del INE. Es decir, a organizar los procesos electorales, mantener el padrón, expedir credenciales para votar y garantizar la infraestructura democrática. Vamos, el trabajo pesado que permite que los partidos tengan donde gastar toda esa lana. Una simbiosis perfecta: unos gastan, otros administran el derecho a que sigan gastando.
Y llegamos al plato fuerte: 2024, un año electoral. Como era de esperarse en esta comedia anual, los partidos políticos recibieron su cheque más gordo: 10 mil 444 millones de pesos en prerrogativas. Esto significó el 31.9% del presupuesto total autorizado al INE, que fue de 32 mil 767 millones de pesos. Porque las elecciones son como las Navidades: la temporada de recibir regalos… financiados por el erario.
La información refleja, con una ironía que ni los mejores guionistas podrían inventar, cómo en años con elecciones federales el financiamiento a los partidos tiende a incrementarse tanto en términos absolutos como relativos. ¿Necesitan más dinero para convencer al electorado? ¿O simplemente es la época del año en que las piñatas presupuestales se rompen con más entusiasmo? Quién podría saberlo.
Así que ya lo saben: la próxima vez que un político hable de austeridad, recuerden estos números. Mientras tanto, los partidos seguirán nadando en millones, y nosotros, los espectadores, pagando la función. Porque al final, el circo electoral debe continuar, y alguien tiene que pagar a los payasos.
¿Te sorprende? ¿O ya lo esperabas? Comparte esta joya de la realidad nacional en tus redes sociales y ayúdanos a que más ciudadanos conozcan el fascinante mundo de las finanzas partidistas. Y si tienes estómago para más, explora nuestro contenido relacionado sobre cómo se gasta (y se derrocha) el dinero público en este país. La información es poder… y a veces, también es una buena comedia.




