Cuando la política se disfraza de fiesta infantil
Ah, la noble tarea de legislar para los niños. ¿Y qué mejor manera de demostrar ese compromiso que organizando pintacaritas y repartiendo plantitas como si fueran caramelos? La senadora Olga Sosa, en un alarde de creatividad jurídica, mezcló discursos sobre derechos infantiles con dinámicas que parecen sacadas de un cumpleaños de parvulario. “Hemos ampliado los derechos de la niñez”, declaró, mientras algún niño en el fondo probablemente pensaba: “Sí, señora, pero el algodón de azúcar ¿cuándo?”
Derechos humanos, becas y… ¿juegos de animación?
Entre preguntas sobre sus derechos (que, seamos honestos, ningún niño de primaria recita de memoria a menos que le prometan una piñata después), la senadora tamaulipeca aseguró que la presidenta Claudia Sheinbaum es una “aliada de la infancia”. Claro, porque entre vacunas y becas con nombre de poetisa, ¿qué más podrían pedir los pequeños? Bueno, quizá menos discursos y más columpios, pero eso ya es pedir demasiado.
En Antiguo Morelos, el combo de legislación y pintacaritas fue un éxito. ¿Qué mejor manera de enseñar sobre educación y salud que convirtiendo a los niños en tigres o superhéroes? Mientras, en Ocampo, la senadora optó por el clásico “aquí te doy un arbolito y tú me das tu futuro voto”. Brillante estrategia: si no los convencen con promesas, al menos que recuerden su infancia cada vez que rieguen la planta.
Y no podía faltar la pregunta estrella: “¿Qué quieren ser de grandes?“. Porque nada inspira más a un niño que un político recordándole que, en el futuro, también podrá gastar saliva hablando de derechos en lugar de jugar. Eso sí, algunos mencionaron querer ser “representantes populares”. ¿Será por el afán de servicio o porque vieron lo bien que se lo pasa la senadora repartiendo sonrisas y fotos para el Instagram oficial?
Moraleja: Si no puedes convencerlos con leyes, hazlo con globos. Al menos así te aseguras de que sonrían… aunque sea por el azúcar.
¿Te divirtió esta mezcla de política y fiesta infantil? Comparte este artículo y descubre más perlas de la vida pública donde el sarcasmo y la realidad se dan la mano. ¡Porque reírse de lo absurdo también es un derecho!




