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Norma Piña augura más desacato a sentencias incómodas del poder

La saliente ministra ofrece un crudo diagnóstico sobre la desobediencia institucional y los desafíos que hereda la justicia mexicana.

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Un adiós entre cajas y pronósticos sombríos

Parece que la presidenta de la Suprema Corte, Norma Piña, decidió que su despedida no estaría completa sin una dosis de realidad cruda, servida con un lado de ironía institucional. Mientras empacaba sus pertenencias en una oficina que pronto será ocupada por otro—porque, ¿qué es el poder sino un juego de sillas musicales con togas?—, se tomó un momento para reflexionar sobre el futuro del Poder Judicial. Y vaya que sus reflexiones son un regalo de despedida que ningún otro poder quiere recibir.

Con la elegancia de quien ya no tiene nada que perder, la ministra advirtió que, aunque el órgano judicial se renueve por completo, los otros dos poderes—el Ejecutivo y el Legislativo, ambos en cómodo control morenista—seguirán ignorando sentencias incómodas. Por supuesto, hizo el ritualístico voto por una “Corte independiente”, porque en política siempre hay que mantener las apariencias, incluso cuando todos en la habitación saben que el paciente ya está en estado crítico.

La crónica de un desacato anunciado

“Creo que van a seguir incumpliendo sentencias de la Corte, tenemos muchas sin cumplir”, declaró con una franqueza que casi parece liberadora. ¿La razón? Simple: si a los poderes fácticos no les gusta el fallo, simplemente lo archivan bajo la alfombra. ¿Y qué consecuencias hay? Aparentemente, las mismas que tendría un niño que se niega a comer verduras: ninguna. El mecanismo para hacer cumplir las sentencias es, en sus propias palabras, “muy vago, muy ambiguo”. O, en lenguaje coloquial, tan efectivo como un paraguas de papel.

Pero el verdadero espectáculo circense llegó con las suspensiones de la reforma judicial, donde autoridades de todos los niveles se subieron al escenario a declarar abiertamente: “no voy a cumplir“. Ni siquiera se molestaron en disimular. ¿El resultado? Nadie fue acusado, mucho menos encarcelado. ¿El mensaje? La impunidad no solo es posible, sino que viene con aplausos.

El dinero que desapareció y los tóners que escasean

Para añadir un toque de tragicomedia financiera, Piña abordó el asunto de los fideicomisos del Consejo de la Judicatura Federal, con más de 10 mil millones de pesos que Nafin—en un acto de creatividad contable—decidió entregar directamente al Gobierno, en lugar de al Consejo. ¿Fue un incumplimiento contractual? Técnicamente, sí. ¿Pasó algo? Por supuesto que no. Porque en el mundo de la administración pública, a veces las reglas son más… sugerencias.

Mientras tanto, en los juzgados del país, la austeridad se ha vuelto tan extrema que ya no hay tóner ni papel para copias. Sí, leyó bien: el Poder Judicial de la Federación está librando una batalla existencial contra la escasez de suministros básicos. Se han pedido ampliaciones presupuestarias, claro. ¿La respuesta? Silencio administrativo. Promesas incumplidas. Porque, al parecer, la justicia puede esperar.

El órgano fantasma y la reforma mal diseñada

Para cerrar con broche de oro, la reforma judicial dejó un vacío legal tan absurdo que solo podría haber sido diseñado por un comité de sabios encerrados en una habitación sin ventanas: el Órgano de Administración Judicial (OAJ) no está constituido. ¿Quién recibe las llaves del castillo judicial el 31 de agosto? Nadie. ¿A quién se le entregan los archivos, los presupuestos, las responsabilidades? Al vacío. Porque la Constitución ordenó designar integrantes, pero luego alguien—nunca se sabe quién—interpretó que debían ser los nuevos ministros quienes lo hicieran. ¿Resultado? Un limbre administrativo digno de Kafka.

Piña lo resumió con una perla de sabiduría burocrática: “Totalmente, porque nosotros cerramos el 31 de agosto y no está constituido el OAJ“. Así, sin más. Como si fuera normal que un país de 130 millones de personas decida reformar su sistema judicial para dejarlo en manos de nadie.

Un futuro de incertidumbre y acordeones

Entre todo este caos, la ministra también encontró tiempo para opinar—o más bien, para no opinar—sobre el uso de acordeones en las elecciones. Prefiere leer la sentencia, dice. Qué conveniente. Porque en un mundo donde las sentencias se ignoran, el presupuesto no alcanza ni para el papel y los órganos administrativos son fantasmas, ¿qué importan unos acordeones más o menos?

Su mensaje final para jueces y magistrados que ahora enfrentarán la presión de un Tribunal de Disciplina fue digno de un discurso de graduación en tiempos de guerra: “Cada quien elige su destino“. Qué alentador. especialmente cuando el destino parece estar escrito por alguien con muy mal sentido del humor.

Así termina la era de Norma Piña: con cajas empacadas, advertencias sombrías y una dosis de humor negro que solo la realidad mexicana puede proporcionar. El futuro del Poder Judicial pende de un hilo, pero al menos nos quedan las anécdotas.

¿Te sorprende este diagnóstico? Comparte esta historia para que más personas conozcan los desafíos de la justicia en México y explora más análisis sobre el futuro de las instituciones en nuestra sección de política.

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Trump dice que seguirá en contacto con Machado

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El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, afirmó este viernes que planea mantener el contacto con la líder opositora venezolana, María Corina Machado.

Tras su encuentro del jueves en la Casa Blanca, Trump declaró que se trata de una mujer a la que “respeta mucho”. En esa reunión, Machado señaló que le transmitió al mandatario estadounidense que “hoy más del 90% de los venezolanos queremos lo mismo: vivir con libertad, dignidad y justicia”.

Los detalles del encuentro entre Trump y Machado

“Fue un gran honor para mí conocer a María Corina Machado, de Venezuela”, escribió Trump en una publicación en Truth Social. “María me presentó su Premio Nobel de la Paz por el trabajo que he realizado. Un gesto maravilloso de respeto mutuo”.

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Un triste hallazgo en la colonia que duerme entre calles con nombres festivos

El hallazgo de un cuerpo en la calle 23 de diciembre desató el protocolo habitual: cinta amarilla, curiosos y muchas preguntas sin respuesta.

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La muerte llama a la puerta en la calle 23 de diciembre

Ah, la colonia 15 de enero. Un lugar tan festivo que incluso sus calles llevan nombres de fechas célebres. Pero ayer, en la calle 23 de diciembre, el regalo anticipado fue bastante más macabro: el cuerpo sin vida de un hombre. Porque nada dice “espíritu navideño” como encontrar a alguien que ya no respira sobre un colchón en la vía pública.

Los vecinos, esos héroes anónimos del cotilleo barrial, fueron los primeros en notar que algo andaba mal. Su radar de chismes se activó cuando vieron que el individuo en situación de calle que usualmente dormía allí llevaba demasiado tiempo quieto. ¿Estará profundamente dormido o profundamente muerto?, debieron preguntarse. Ante la duda, y demostrando una eficacia envidiable, optaron por lo más sensato: marcar al 911. Más vale prevenir que lamentar, ¿no?

Vecinos del lugar refieren que el hoy occiso es un individuo en situación de calle que comúnmente dormía en esta calle, por lo que se les hizo extraño ver que no se movía.

Así comenzó el circo. Llegaron los paramédicos de la Cruz Roja, confirmaron lo obvio —que efectivamente, estaba muerto— y dieron parte a las autoridades. Porque ese es el protocolo: tú encuentras el cuerpo, nosotros constatamos que es un cuerpo, y luego llamamos a los que se encargarán del cuerpo. Una cadena de mando perfectamente aceitada para gestionar la tragedia.

El despliegue oficial ante lo inevitable

No podían faltar. Los elementos de la Guardia Estatal y la Fiscalía General arribaron al sitio con esa mezcla de solemnidad y rutina que caracteriza estos eventos. Su misión: acordonar el área con esa cinta amarilla que tanto nos fascina y realizar las “indagatorias pertinentes”. ¿Pertinentes para qué? Para determinar, supongo, que un hombre sin hogar fue encontrado muerto en la calle donde solía dormir. Un misterio digno de Sherlock Holmes.

La calle fue cerrada. El tráfico, desviado. Todo debe detenerse mientras se realiza el levantamiento del cadáver y la necropsia de ley. Porque la burocracia de la muerte es implacable: formularios, procedimientos, esperas. Se estima que el cierre durará “un par de horas”, aunque todos sabemos que ese “par” puede estirarse más que un chicle pegado en el pavimento.

Y mientras tanto, ¿qué sabemos? Poco. Que era un hombre. Que aparentemente tenía lesiones en su cuerpo. ¿De qué tipo? No se especifica. Podrían ser desde moretones hasta señales de algo más siniestro. El comunicado oficial es tan vago que da pie a toda clase de especulaciones innecesarias y morbosas. ¿Se cayó? ¿Lo empujaron? ¿Le dio un patatús después de una cena cuestionable recuperada de un contenedor? El silencio oficial es el mejor aliado de la imaginación popular.

Lo más irónico del asunto es el escenario: una colonia llamada 15 de enero, una calle llamada 23 de diciembre. La muerte no respeta calendarios ni nomenclaturas festivas. Se instala donde quiere, incluso entre calles cuyo nombre evoca regalos y propósitos de año nuevo.

Al final del día, queda una pregunta flotando en el aire cargado de indiferencia urbana: ¿cuántas personas deben morir en el anonimato antes de que su paseo sea algo más que una nota policial breve? Hoy fue un hombre sin nombre en la calle 23 de diciembre. Mañana podría ser cualquiera.

¿Esta nota te hizo reflexionar (o por lo menos arquear una ceja)? Compártela con ese amigo al que le gusta comentar las noticias con un tono igualmente cáustico. Y si te interesa estar al tanto del pulso real –y a menudo absurdo– de la ciudad, explora más contenido como este.

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Diplomacia vaticana: reunión clave mientras la visita papal flota en el aire

El embajador en El Vaticano se reúne con Segob mientras la invitación al papa sigue en el limbo. ¿Visita papal o eterna espera?

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La diplomacia mexicana con el Vaticano: mucho protocolo, poca confirmación y un papa en standby

Ahí va la cosa. Este martes, Alberto Barranco Chavarría, nuestro embajador ante la Santa Sede –sí, ese puesto existe y alguien lo tiene–, se sentó con Rosa Icela Rodríguez de Gobernación y Clara Luz Flores de Asuntos Religiosos. La agenda: revisar los asuntos bilaterales. O sea, la relación México-Vaticano, que suena a trama secundaria de una serie política pero aparentemente es importante.

“Siempre respetuosa y constructiva”, dijo Rodríguez sobre la reunión.

Traducción millennial: “Nos llevamos bien, no hubo drama, pero tampoco anunciamos nada espectacular”. Es el equivalente diplomático a poner “✨” en una historia de Instagram.

Pero hablemos de lo que todos queremos saber: ¿Y el papa? ¿Cuándo viene? Porque resulta que la presidenta Claudia Sheinbaum ya le extendió la invitación a León XIV –no confundir con los reyes franceses del pasado– durante una llamada por el Día de la Virgen de Guadalupe. Un movimiento clásico. El problema es que, desde entonces, la confirmación brilla por su ausencia.

El eterno ‘tal vez’ de la visita papal

La semana pasada, Barranco Chavarría estuvo por México para una reunión de embajadores y dejó caer esta perla:

“No hay todavía una respuesta”, dijo el embajador sobre la posible visita.

O sea, ni sí ni no, sino todo lo contrario. El Vaticano tiene a México en “visto”, como ese mensaje importante que nunca contestas. Sheinbaum misma comentó el 15 de diciembre que aún no había fecha. Así que seguimos en modo espera, con la incertidumbre como único plan confirmado.

El contexto importa: Una visita papal no es cualquier cosa. Requiere logística monumental, seguridad extrema y una agenda que equilibre lo espiritual con lo político. Además, León XIV lleva poco tiempo en el cargo –sí, es un nombre curioso para un papa moderno– y probablemente está priorizando otros frentes. Pero para México, especialmente con la devoción guadalupana, sería un evento de primer orden.

Mientras tanto, las reuniones como la de hoy sirven para mantener los canales abiertos. Para asegurar que, cuando (o si) llegue el del Vaticano, todo esté listo. Es diplomacia en su estado más puro: mucha preparación para un evento que puede o no ocurrir.

¿Qué sigue? Seguir esperando. La bola está en la cancha del Vaticano. Mientras tanto, México sigue haciendo su tarea: reuniones formales, declaraciones cuidadosas y ese optimismo cauteloso que caracteriza a las relaciones internacionales cuando hay mucho en juego pero pocas certezas.

¿Te intriga este baile diplomático? Comparte esta nota y hablemos de las relaciones internacionales más inesperadas.

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