Porque la independencia judicial es tan incómoda como un cactus en el sofá
Ah, Morena y sus compinches (PT y PVEM, por si alguien dudaba de su talento para hacer equipo) han decidido que las Fiscalías Generales de Justicia están demasiado libres, como adolescentes en vacaciones. Su solución magistral: recortarles las alas y devolverlas al regazo cálido y controlador del Ejecutivo estatal. ¿El argumento? “El modelo no ha funcionado”. Claro, porque cuando algo no funciona, lo lógico es eliminar su autonomía en lugar de, no sé, ¡arreglarlo!
El senador Waldo Fernández, en un arrebato de sinceridad política (o de estrategia calculada, quién sabe), soltó que están estudiando la idea. Por supuesto, aún no hay una iniciativa concreta, pero ya la están cocinando a fuego lento, como quien prepara un guiso que nadie pidió. ¿Y por qué? Porque, según él, los ciudadanos se quejan del sistema de justicia y, oh sorpresa, a veces hasta le echan la culpa al Gobernador. ¡Qué injusticia! ¿Cómo es posible que un gobernante no quiera cargar con la responsabilidad de algo que no controla? Bueno, pronto podría controlarlo… así problema resuelto, ¿no?
Un historial de “amor” por la autonomía
Por si alguien lo dudaba, esto no es un capricho aislado. El Gobierno morenista ya tiene un currículum impresionante en eso de desmantelar órganos autónomos. El INAI, la Cofece, la CRE… todos han caído bajo el hacha de la “centralización eficiente” (léase: control político). Ahora le toca a las fiscalías estatales, porque ¿para qué queremos instituciones independientes si podemos tener todo bajo el mismo paraguas? Eso sí, las Fiscalías Anticorrupción y Especializadas en Delitos Electorales seguirían siendo autónomas, porque, al parecer, hay corrupción que sí merece investigarse sin interferencias. Curioso criterio.
En Nuevo León, donde la Fiscalía General ha sido más disputada que el último taco en una fiesta, el senador argumenta que la autonomía ha generado rezagos e ineficiencias. ¡Vaya novedad! Porque, claro, cuando algo no funciona, la solución nunca es mejorar su gestión, sino eliminar su independencia. ¿Qué sigue? ¿Quitarle la autonomía al Banco de México porque la inflación no baja lo suficiente?
Y por si alguien esperaba un debate serio, las fuentes de Morena en el Senado se lavan las manos: “No es prioritario”. Claro, ¿para qué discutir algo tan trivial como el futuro de la justicia estatal? Mientras tanto, la presidenta Claudia Sheinbaum prefiere esperar a que termine la reforma al Poder Judicial antes de meterse en este berenjenal. Qué conveniente.
¿Y ahora qué? Si esto avanza, los gobernadores volverían a nombrar a los fiscales, como en los viejos tiempos, donde la justicia era tan imparcial como un partido de fútbol arbitrado por el padre de uno de los jugadores. Eso sí, los fiscales actuales terminarían su mandato antes del cambio, porque no vaya a ser que alguien piense que esto es una purga express.
Así que, queridos ciudadanos, prepárense para otro episodio de “Cómo centralizar el poder en nombre de la eficiencia”. Porque en este país, la autonomía parece ser un lujo que muy pocos están dispuestos a permitir.
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