La ironía hecha partido: Morena contra sus propios fantasmas
Ah, Morena, ese partido que nos prometió acabar con los vicios del viejo régimen pero que, oh sorpresa, ahora necesita un manual de comportamiento ético para recordar cómo no ser corrupto. Porque nada dice “cambio verdadero” como tener que prohibir por escrito lo que supuestamente jamás harías. ¿O acaso pensaban que sus militantes eran inmunes a los encantos de los viajes en primera clase y los vehículos blindados?
Lo que no se nombra no existe… hasta que sí
En un acto de autocrítica tardía (o de teatro político, usted decida), el Consejo Nacional de Morena aprobó por unanimidad —claro, porque disentir en ese partido es como llevar corbata en una fiesta de huipiles— una lista de prohibiciones que parecen sacadas de un decálogo para principiantes en moral básica. ¿En serio había que especificar que el nepotismo está mal? ¿O que usar recursos públicos para comprarse un Rolex no es muy republicano que digamos?
Entre las extravagancias vetadas están: volar en primera clase (adiós, cielos dorados), pasear en autos blindados (qué aburrido será ahora esquivar balas como cualquier mortal), y hacer turismo político disfrazado de “congresos internacionales” (RIP, selfies en Dubái a costa del erario). Eso sí, la prohibición de exhibir joyería cara o ropas de marca deja una pregunta en el aire: ¿ahora los diputados morenistas irán a sesiones con playeras del mercado de Tepito?
El documento incluso incluye perlas como “rechazar el consumismo” (mientras sus líderes posan con iPhones de última generación) y “promover la igualdad” (aunque algunos siguen viajando con séquitos de 20 asesores). La cereza del pastel: la frase “Morena es humildad”, que compite directamente con “el agua moja” en el ranking de afirmaciones obvias.
¿Austeridad o espejismo?
Lo más gracioso —o trágico, según el cristal con que se mire— es que estas reglas llegan años después de que Morena llegara al poder prometiendo pureza absoluta. ¿Tan difícil era empezar por ahí? Parece que la corrupción es como el chile en México: aunque digas que no lo vas a comer, al final pica. Y ahora, entre tanta prohibición, uno se pregunta: ¿esto es un código ético o la carta de Santa Claus al revés?
Mientras tanto, los ciudadanos nos quedamos viendo el espectáculo, entre esperanzados y cínicos, preguntándonos si estas normas son el inicio de una verdadera transformación o solo un saludo a la bandera para apaciguar críticas. Porque, seamos honestos, en este país hasta los santos tienen tentaciones… y Morena no es precisamente un convento.
¿Te sorprende que un partido necesite reglas para no ser corrupto? Comparte esta joya de ironía política y descubre más perlas de la ética selectiva en nuestras redes. #SíComoNo




