Nacional
México registra su día con menos homicidios en el sexenio
La cifra más baja de víctimas en un solo día desde 2018 contrasta con los picos de violencia registrados a lo largo del año.
Un respiro (sí, lo leíste bien) en la estadística macabra
Parece que el universo, en un giro inesperado digno de un final de temporada de una serie que todos creíamos cancelada, nos ha dado un dato que no nos obliga a cerrar los ojos y contar hasta diez. Ayer, el Informe diario de Seguridad del Gobierno federal, ese documento que normalmente leemos entre los dedos como si fuera una escena de terror, arrojó una cifra que hizo que más de uno se frotara los ojos incrédulo: 37 víctimas de homicidio doloso en todo el país. Sí, treinta y siete. No es un error de tipeo, no es un sueño febril. Es la cifra más baja registrada en un solo día desde que el ex Presidente Andrés Manuel López Obrador empezó su administración en diciembre de 2018. Básicamente, el equivalente a encontrar un aguacate perfecto en el supermercado un domingo por la tarde: un evento raro, casi mítico.
Para ponerlo en perspectiva, este número supera (o mejor dicho, “infra”) la marca previa de 38 casos que se había contabilizado en julio de este mismo año. Un récord que, en este macabro ranking, uno prefiere batir hacia abajo. El contraste con lo que hemos vivido en 2025 es tan brutal que duele. ¿Se acuerdan de marzo? Parece una eternidad, pero fue este mismo año cuando el país se estremeció con un pico de 84 homicidios en un sólo día, un número impulsado en gran medida por la confrontación interna en Sinaloa que nos tuvo a todos en vilo, checando las noticias con la misma ansiedad con la que se revisa la cuenta bancaria después de unas vacaciones.
La montaña rusa de la violencia: de los picos a los valles (relativos)
La cosa no mejoró mucho después. En junio, la pesadilla se repitió con 79 víctimas en una jornada. Es como si la violencia en México siguiera la lógica de las tendencias de TikTok: un desafío terrible se vuelve viral y todos quieren imitarlo. Pero hablemos de promedios, porque un día puede ser una anomalía, una casualidad estadística. Aquí es donde el asunto se pone más interesante (y usamos “interesante” en el sentido más amplio y sarcástico posible).
El mes de agosto pasado nos regaló el promedio diario más bajo del sexenio: 52.7 asesinatos al día. Suena horrible decir “regaló” y “52.7 asesinatos” en la misma frase, pero así de distorsionada está nuestra realidad. En el otro extremo del espectro, tenemos a noviembre, que se lleva el dudoso honor de ser el mes más violento hasta ahora, con un promedio de 74.4 homicidios diarios. Es la diferencia entre tener un día “tranquilo” en el infierno y un día particularmente intenso. La montaña rusa emocional que vivimos los ciudadanos, que solo queremos checar si hay muertos en la nota roja antes de desayunar, es digna de un parque de atracciones que nadie en su sano juicio visitaría.
Por supuesto, las autoridades, en un intento de mantener los pies en la tierra y evitar que nos ilusionemos como si hubiéramos ganado la lotería, aclaran que estos datos corresponden a un conteo preliminar y están sujetos a ajustes conforme avanzan las investigaciones ministeriales en los estados. O sea, el clásico “cálmate, no cantes victoria todavía” institucional. Pero el hecho histórico, la marca de 37 homicidios en un día, ya está ahí, brillando con una luz tenue en la oscuridad estadística.
Este respiro, por pequeño que sea, llega después de meses marcados por episodios de violencia vinculados a disputas criminales en estados como Sinaloa, Tabasco, Guerrero, Guanajuato, Michoacán y el Estado de México. Parece el elenco de una telenovela de narcos, pero es nuestra vida real. Las disputas son atribuidas a un catálogo de grupos que suenan más a nombres de bandas de rock alternativo que a organizaciones criminales: facciones de “La Mayiza” y “La Chapiza” (ambas del Cártel de Sinaloa); un conflicto entre Los Ardillos y La Familia Michoacana (que suena a pelea entre especies de roedores), y las eternas disputas entre el Cartel Jalisco Nueva Generación y el Cartel de Santa Rosa de Lima, entre otros. Es tan surrealista que si lo escribieras para una serie, te dirían que es demasiado exagerado.
Y para recordarnos que la calma es frágil, ayer mismo el repunte de la violencia lo lideró Guanajuato con seis personas asesinadas. Entre los crímenes que empañan cualquier atisbo de optimismo, destaca especialmente la muerte de un trabajador de la Fiscalía estatal y el hallazgo de dos cuerpos con signos de tortura en una carretera en las inmediaciones de Pénjamo. Un recordatorio brutal de que, aunque la cifra nacional baje, la tragedia individual y local sigue su curso implacable.
Así que, ¿qué hacemos con esta noticia? ¿La celebramos con cautela como cuando tu equipo anota un gol en el minuto 89 pero aún puede perder? ¿O la miramos con escepticismo, esperando a que el siguiente informe diario nos devuelva a la “normalidad” aterradora? En un país donde la violencia se ha normalizado de una manera espeluznante, un día con “solo” 37 homicidios se siente como una victoria. Y eso, quizás, es lo más triste de todo este análisis. Es el reflejo de una sociedad que ha tenido que ajustar su barómetro del horror para encontrar un atisbo de esperanza en lo que, en cualquier otro lugar, sería una estadística inaceptable.
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Trump dice que seguirá en contacto con Machado
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, afirmó este viernes que planea mantener el contacto con la líder opositora venezolana, María Corina Machado.
Tras su encuentro del jueves en la Casa Blanca, Trump declaró que se trata de una mujer a la que “respeta mucho”. En esa reunión, Machado señaló que le transmitió al mandatario estadounidense que “hoy más del 90% de los venezolanos queremos lo mismo: vivir con libertad, dignidad y justicia”.
Los detalles del encuentro entre Trump y Machado
“Fue un gran honor para mí conocer a María Corina Machado, de Venezuela”, escribió Trump en una publicación en Truth Social. “María me presentó su Premio Nobel de la Paz por el trabajo que he realizado. Un gesto maravilloso de respeto mutuo”.
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Un triste hallazgo en la colonia que duerme entre calles con nombres festivos
El hallazgo de un cuerpo en la calle 23 de diciembre desató el protocolo habitual: cinta amarilla, curiosos y muchas preguntas sin respuesta.
La muerte llama a la puerta en la calle 23 de diciembre
Ah, la colonia 15 de enero. Un lugar tan festivo que incluso sus calles llevan nombres de fechas célebres. Pero ayer, en la calle 23 de diciembre, el regalo anticipado fue bastante más macabro: el cuerpo sin vida de un hombre. Porque nada dice “espíritu navideño” como encontrar a alguien que ya no respira sobre un colchón en la vía pública.
Los vecinos, esos héroes anónimos del cotilleo barrial, fueron los primeros en notar que algo andaba mal. Su radar de chismes se activó cuando vieron que el individuo en situación de calle que usualmente dormía allí llevaba demasiado tiempo quieto. ¿Estará profundamente dormido o profundamente muerto?, debieron preguntarse. Ante la duda, y demostrando una eficacia envidiable, optaron por lo más sensato: marcar al 911. Más vale prevenir que lamentar, ¿no?
Vecinos del lugar refieren que el hoy occiso es un individuo en situación de calle que comúnmente dormía en esta calle, por lo que se les hizo extraño ver que no se movía.
Así comenzó el circo. Llegaron los paramédicos de la Cruz Roja, confirmaron lo obvio —que efectivamente, estaba muerto— y dieron parte a las autoridades. Porque ese es el protocolo: tú encuentras el cuerpo, nosotros constatamos que es un cuerpo, y luego llamamos a los que se encargarán del cuerpo. Una cadena de mando perfectamente aceitada para gestionar la tragedia.
El despliegue oficial ante lo inevitable
No podían faltar. Los elementos de la Guardia Estatal y la Fiscalía General arribaron al sitio con esa mezcla de solemnidad y rutina que caracteriza estos eventos. Su misión: acordonar el área con esa cinta amarilla que tanto nos fascina y realizar las “indagatorias pertinentes”. ¿Pertinentes para qué? Para determinar, supongo, que un hombre sin hogar fue encontrado muerto en la calle donde solía dormir. Un misterio digno de Sherlock Holmes.
La calle fue cerrada. El tráfico, desviado. Todo debe detenerse mientras se realiza el levantamiento del cadáver y la necropsia de ley. Porque la burocracia de la muerte es implacable: formularios, procedimientos, esperas. Se estima que el cierre durará “un par de horas”, aunque todos sabemos que ese “par” puede estirarse más que un chicle pegado en el pavimento.
Y mientras tanto, ¿qué sabemos? Poco. Que era un hombre. Que aparentemente tenía lesiones en su cuerpo. ¿De qué tipo? No se especifica. Podrían ser desde moretones hasta señales de algo más siniestro. El comunicado oficial es tan vago que da pie a toda clase de especulaciones innecesarias y morbosas. ¿Se cayó? ¿Lo empujaron? ¿Le dio un patatús después de una cena cuestionable recuperada de un contenedor? El silencio oficial es el mejor aliado de la imaginación popular.
Lo más irónico del asunto es el escenario: una colonia llamada 15 de enero, una calle llamada 23 de diciembre. La muerte no respeta calendarios ni nomenclaturas festivas. Se instala donde quiere, incluso entre calles cuyo nombre evoca regalos y propósitos de año nuevo.
Al final del día, queda una pregunta flotando en el aire cargado de indiferencia urbana: ¿cuántas personas deben morir en el anonimato antes de que su paseo sea algo más que una nota policial breve? Hoy fue un hombre sin nombre en la calle 23 de diciembre. Mañana podría ser cualquiera.
¿Esta nota te hizo reflexionar (o por lo menos arquear una ceja)? Compártela con ese amigo al que le gusta comentar las noticias con un tono igualmente cáustico. Y si te interesa estar al tanto del pulso real –y a menudo absurdo– de la ciudad, explora más contenido como este.
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Diplomacia vaticana: reunión clave mientras la visita papal flota en el aire
El embajador en El Vaticano se reúne con Segob mientras la invitación al papa sigue en el limbo. ¿Visita papal o eterna espera?
La diplomacia mexicana con el Vaticano: mucho protocolo, poca confirmación y un papa en standby
Ahí va la cosa. Este martes, Alberto Barranco Chavarría, nuestro embajador ante la Santa Sede –sí, ese puesto existe y alguien lo tiene–, se sentó con Rosa Icela Rodríguez de Gobernación y Clara Luz Flores de Asuntos Religiosos. La agenda: revisar los asuntos bilaterales. O sea, la relación México-Vaticano, que suena a trama secundaria de una serie política pero aparentemente es importante.
“Siempre respetuosa y constructiva”, dijo Rodríguez sobre la reunión.
Traducción millennial: “Nos llevamos bien, no hubo drama, pero tampoco anunciamos nada espectacular”. Es el equivalente diplomático a poner “✨” en una historia de Instagram.
Pero hablemos de lo que todos queremos saber: ¿Y el papa? ¿Cuándo viene? Porque resulta que la presidenta Claudia Sheinbaum ya le extendió la invitación a León XIV –no confundir con los reyes franceses del pasado– durante una llamada por el Día de la Virgen de Guadalupe. Un movimiento clásico. El problema es que, desde entonces, la confirmación brilla por su ausencia.
El eterno ‘tal vez’ de la visita papal
La semana pasada, Barranco Chavarría estuvo por México para una reunión de embajadores y dejó caer esta perla:
“No hay todavía una respuesta”, dijo el embajador sobre la posible visita.
O sea, ni sí ni no, sino todo lo contrario. El Vaticano tiene a México en “visto”, como ese mensaje importante que nunca contestas. Sheinbaum misma comentó el 15 de diciembre que aún no había fecha. Así que seguimos en modo espera, con la incertidumbre como único plan confirmado.
El contexto importa: Una visita papal no es cualquier cosa. Requiere logística monumental, seguridad extrema y una agenda que equilibre lo espiritual con lo político. Además, León XIV lleva poco tiempo en el cargo –sí, es un nombre curioso para un papa moderno– y probablemente está priorizando otros frentes. Pero para México, especialmente con la devoción guadalupana, sería un evento de primer orden.
Mientras tanto, las reuniones como la de hoy sirven para mantener los canales abiertos. Para asegurar que, cuando (o si) llegue el sí del Vaticano, todo esté listo. Es diplomacia en su estado más puro: mucha preparación para un evento que puede o no ocurrir.
¿Qué sigue? Seguir esperando. La bola está en la cancha del Vaticano. Mientras tanto, México sigue haciendo su tarea: reuniones formales, declaraciones cuidadosas y ese optimismo cauteloso que caracteriza a las relaciones internacionales cuando hay mucho en juego pero pocas certezas.
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