Nacional
El asedio aéreo en la Tierra Caliente
La Fase 2 del Plan Michoacán despliega helicópteros artillados y fuerzas especiales en una batalla épica contra el crimen en la Tierra Caliente.

En los cielos de la guerra: así se libra la batalla por Michoacán
El corazón de la Tierra Caliente late al ritmo de los rotores. No es el sonido de la paz, sino el zumbido premonitorio de una tormenta de acero que se cierne sobre los campos de aguacate y los caminos polvorientos. Aquí, en las entrañas rurales de Michoacán, la Fase 2 del Plan para la Paz y la Justicia no es un protocolo burocrático: es una declaración de guerra total.
Las fuentes militares lo dicen sin tapujos: la ola sangrienta que ha azotado Apatzingán y otros municipios es la respuesta desesperada, el coletazo furioso de las bestias heridas. Los cárteles, acorralados por el avance federal, han convertido estas tierras en un infierno sembrado. Cada camino rural, cada callejón entre huertas, es una potencial trampa mortal, un campo minado donde la delincuencia ha plantado su semilla de destrucción.
Una alerta que paraliza el cuartel
En el centro nervioso de la 43 Zona Militar, una voz corta el aire como un cuchillo. No es un ejercicio. Es real.
“Tengo una solicitud de apoyo aéreo cercano. Alerta: dos vehículos blindados al frente y 10 integrantes de la delincuencia organizada, aproximadamente, con dos ametralladoras”.
La escena se congela por un segundo. El mensaje viene desde Loma de los Hoyos, donde una base operativa del Ejército y la Guardia Nacional tiene al enemigo a tiro de piedra. No hay tiempo para dudas. La orden retumba inmediatamente después: “Alerta la FUSA (Fuerza en Situación de Alerta) y en cuanto estén listos, salgan”.
Es el detonante. El cuartel estalla en un movimiento coreografiado por el peligro. Las Fuerzas Especiales se movilizan, no solo para salvar a sus compañeros acorralados, sino a los habitantes atrapados en medio del fuego cruzado. Mientras tanto, en la pista, las hélices de dos aeronaves comienzan a girar, trazando círculos invisibles de poder en el aire caliente. Los artilleros, con las manos firmes sobre las ametralladoras, suben a bordo. Su mirada no es de miedo, sino de una concentración absoluta.
La adrenalina no es una figura literaria aquí; es un sabor metálico en la boca conforme las aeronaves ascienden y el paisaje se convierte en un tablero táctico. Desde arriba, cada movimiento del comando criminal es vigilado. Saben que el primer disparo puede llegar en cualquier momento, transformando esta misión en una danza mortal.
El compromiso sobrevolando el infierno
Un mayor de Fuerzas Especiales, cuyo nombre debe permanecer en las sombras por su propia seguridad, define la misión con palabras que pesan más que plomo:
“Nosotros trabajamos de manera permanente y tenemos el compromiso de garantizar la seguridad a todos los habitantes… Esa es una de las principales premisas al llegar aquí y poder garantizar ese sentido de libertad a la gente”.
Su explicación desgrana la mecánica del terror cotidiano: “Ahorita, por ejemplo, se activó la situación… una base sufrió una agresión”. La respuesta es instantánea: un helicóptero artillado despega como un halcón enfurecido, tripulado por un equipo conjunto donde se funden los uniformes del Ejército, la Guardia Nacional y la Fuerza Aérea.
Esta no es solo una operación policial ampliada. Es la imposición de la fuerza del Estado desde los cielos, una demostración brutal de soberanía sobre territorios que habían sido secuestrados por la ley del más armado. La estrategia fue clara: primero, desactivar literalmente el terreno, limpiar los caminos de esa cosecha maldita de explosivos para proteger tanto al personal como a los pobladores atrapados en medio. Luego, llegó el turno del aire.
EL UNIVERSAL fue testigo exclusivo de este capítulo dentro de la Operación Paricutín, viendo cómo lo que en un escritorio se llama “fase 2” se traduce allí abajo en hombres colgando de helicópteros entre balas y esperanza.
El despliegue no ha sido discreto ni podía serlo. Se aumentó el estado de fuerza, se llevó equipamiento pesado y se apostó por una presencia aérea constante con aeronaves artilladas listas para responder al primer llamado. Porque aquí cada día es un enfrentamiento; cada patrulla puede terminar en una emboscada; cada llamado por radio puede ser el último.
Lo que ocurre en Michoacán es más que un operativo. Es el pulso definitivo por recuperar pedazo a pedazo, cielo a cielo, la tranquilidad robada. Una batalla donde la libertad no es una palabra abstracta, sino el objetivo tangible que justifica cada riesgo tomado entre las nubes sobre la Tierra Caliente.
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Nacional
Sheinbaum investiga ingreso de armas militares EUA a México
Sheinbaum revisa reporte sobre municiones de uso militar estadounidense que terminan en manos del narco. Promete diálogo con el gobierno de Trump.

El nuevo frente en la guerra contra el narco: armas que cruzan la frontera
La presidenta Claudia Sheinbaum confirmó lo que muchos sospechábamos. Su gobierno está revisando el polémico reporte del The New York Times sobre municiones calibre .50 -de fabricación y uso exclusivo militar estadounidense- que terminan en manos de los cárteles mexicanos.
“Estamos revisando este reporte… para poder hablar con el Gobierno de los Estados Unidos sobre este tema y ver cómo es posible que estas armas están entrando a México”, declaró Sheinbaum.
El diario neoyorquino destapó el sábado una tubería industrial que duele. La Planta de Municiones del Ejército en Lake City, Missouri -una instalación clave del Departamento de Guerra- produce estos proyectiles diseñados para destruir vehículos y aeronaves. Según el reporte, ahora están a la venta para civiles en todo Estados Unidos.
El problema es claro: lo que se vende legalmente al norte de la frontera, termina ilegalmente al sur. En manos de organizaciones que las usan para aterrorizar comunidades, desafiar al Estado y alimentar una violencia que ya nos cuesta miles de vidas cada año.
Sheinbaum promete llevar este tema directamente a la mesa con Donald Trump. No es poca cosa. Hablamos de municiones del tamaño de un puro con poder destructivo masivo. El mensaje es contundente: México exige responsabilidad en una cadena de suministro que está armando hasta los dientes a sus peores enemigos.
Mientras tanto, en las calles, estas armas cambian el balance de poder. Cada cartucho calibre .50 que cruza la frontera no es solo un producto ilegal: es una declaración de guerra contra la seguridad nacional mexicana. Y esta vez, el origen tiene nombre y apellido institucional.
Nacional
Sheinbaum resta importancia al aumento de la inflación
La presidenta minimiza el repunte de la inflación, calificándolo como ‘muy poco’ y por debajo de lo esperado.

‘Es muy poco’, dice Sheinbaum sobre el repunte inflacionario
El dato llegó frío, como cada mes. El INEGI informó que la inflación general subió a 3.79% en enero, un repunte desde el 3.59% de diciembre. La cifra cruda, sin maquillaje.
Pero en Palacio Nacional, la narrativa oficial eligió otro ángulo. La presidenta Claudia Sheinbaum fue cuestionada este lunes sobre el aumento de 0.38% en el Índice Nacional de Precios al Consumidor.
“Es muy poco, bajó en diciembre y ahora hay un .1 en realidad que aumentó”, dijo.
La pregunta persistió: ¿Sigue por debajo de lo esperado por el mercado? Su respuesta fue breve y contundente.
“Sí, sí. Está bien, no tiene problema”.
Mientras tanto, los números cuentan otra historia paralela. La inflación subyacente—esa que excluye energéticos y alimentos frescos para medir mejor la presión persistente—se ubicó en 4.52%. Casi un punto porcentual por encima del promedio general.
Un dato que suele pasar desapercibido en las conferencias mañaneras, pero que los economistas observan con lupa. Porque ahí, en ese núcleo duro de precios, es donde se cuece la verdadera tendencia.
La memoria es frágil en economía. Hace apenas unos años, cualquier repunte por encima del 3% generaba alertas y planes de contención. Hoy se califica como ‘muy poco’. Los marcos de referencia tienen esa curiosa elasticidad según quien los maneje.
Lo que no cambia es el efecto en los bolsillos. El índice general llegó a 143.588 puntos. Una cifra abstracta hasta que se traduce en la cuenta del supermercado o en la bomba de gasolina.
Sheinbaum optó por el mensaje tranquilizador: no hay problema. Los datos del INEGI simplemente existen, esperando a que cada quien les dé el peso—o la levedad—que considere oportuno.
Nacional
Gobernador se lava las manos en caso de mineros desaparecidos
El gobernador de Sinaloa se deslinda mientras se confirma el hallazgo de cuerpos en una fosa. La tragedia minera sigue sin respuestas claras.

El silencio oficial mientras la tragedia minera crece
Rubén Rocha Moya, el gobernador de Sinaloa, salió a escena esta semana con un guión que ya conocemos. Ante la desaparición de diez trabajadores en una mina de Concordia, su declaración fue un ejercicio magistral de “no es mi problema”.
“No podemos interferir en la investigación federal”, dijo durante su conferencia semanal. “No tengo los datos precisos”.
Traducción política: no voy a mojarme en este asunto. Mientras tanto, las familias esperan. Y la noticia más dura llegó desde Zacatecas.
Los nombres detrás de la tragedia
Autoridades confirmaron lo que todos temían. Los cuerpos de Ignacio Aurelio Salazar Flores y José Ángel Hernández Vélez fueron encontrados en una fosa clandestina en la comunidad de El Verde.
En esa misma fosa aparecieron José Manuel Castellanos Hernández, de 43 años y originario de Guerrero, y José Antonio Jiménez Nevárez. Cuatro nombres. Cuatro historias truncadas.
La empresa canadiense Vizsla Silver Corp., dueña del proyecto minero, emitió un comunicado diciendo estar “consternada”. Dicen que están concentrados en la recuperación segura del resto del personal y en apoyar a las familias.
Pero entre líneas se lee otra cosa: están esperando información oficial para saber cuántos muertos tienen que reportar a sus accionistas.
Aquí está el teatro político en su máxima expresión. Un gobernador que mira hacia otro lado, una empresa extranjera cuidando sus formas, y autoridades estatales confirmando lo obvio: esto terminó mal desde el principio.
Mi padre tenía razón. La política afecta la vida diaria. Hoy, afecta a diez familias que no saben si sus seres queridos volverán. Y mientras los discursos fluyen, la fosa en El Verde ya tiene inquilinos.

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