72 años después, la paridad se pasea por Querétaro (con mirada violeta y todo)
Parece que fue ayer, pero en realidad fueron 72 largos años, cuando a las mujeres en México se les ocurrió la descabellada idea de querer votar. Este viernes, en un acto que mezcló la solemnidad de un aniversario con el fervor de una reunión de la élite política, la magistrada presidenta del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF), Mónica Aralí Soto Fregoso, se subió al podio para, con una sonrisa que probablemente escondía el estrés de organizar un evento con tantas personalidades, declarar lo que todos ya sabemos pero que nunca está de más recordar: que “sin paridad, la democracia no está completa”. Toma nota, mundo: la democracia a medias no sirve, como un pastel al que le falta el azúcar.
El escenario de esta revelación cósmica fue la presentación de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos con una Mirada Violeta. Sí, ha leído bien. No es una Constitución rosa chillón, es violeta. Un detalle cromático que, sin duda, cambiará para siempre la forma en que interpretamos los artículos 3, 4 y 123. La magistrada, haciendo gala de un optimismo que debería ser declarado patrimonio nacional, aseguró que seguirá trabajando por los derechos político-electorales de las mujeres, los cuales, reconoció con la modestia de quien acaba de descubrir el fuego, “han avanzado de manera significativa”. Qué alivio, pensábamos que estábamos igual que en 1953.
Democracia paritaria y otras utopías hechas (casi) realidad
Frente a un auditorio abarrotado –¿sería por el interés en la hermenéutica constitucional o por la lista de invitados de alto nivel?–, la señora Soto Fregoso soltó otra perla: “no puede pasar desapercibido que vivimos hoy una democracia paritaria”. Claro que no puede pasar desapercibido, sobre todo cuando lo repiten en cada acto político, rueda de prensa y spot publicitario. Y, por si alguien lo había olvidado en los últimos cinco minutos, aprovechó para recordar que tenemos a la “primera mujer presidenta de los Estados Unidos Mexicanos”. Un logro histórico, sin duda, que parece servir de talismán contra cualquier crítica sobre la persistente violencia política de género o los techos de cristal que, sorpresa, siguen existiendo.
La magistrada no se quedó solo en las florituras retóricas. Prometió, con la determinación de una superheroína jurídica, hacer realidad a través de sentencias la participación política de las mujeres. Es decir, que si la igualdad no llega por las buenas, llegará por sentencia. Una lástima que la justicia tenga que empujar lo que la sociedad debería haber asumido hace décadas. También mencionó, casi de pasada, que se sancionarán las conductas que atenten contra la igualdad de género en la vida pública. Menos mal, porque por un momento pensamos que se iban a quedar de brazos cruzados.
La joya de la corona, el artefacto místico de este evento, fue, sin duda, la edición especial de la Carta Magna con Mirada Violeta. Soto Fregoso la calificó de “trascendental” porque, atención al argumento, “visibiliza la importancia de los derechos humanos de las mujeres en la Carta Magna”. Como si antes estuvieran invisibilizados en tinta negra sobre blanco. Uno se pregunta si el simple acto de imprimirla en otro color hará que los diputados, senadores y líderes de partido la lean con mayor atención. O tal vez la subrayen con rotulador fluorescente.
El desfile de las autoridades o “quién es quién en el zoo político”
Porque ningún acto de esta magnitud estaría completo sin una buena dosis de protagonismo colectivo, el evento contó con la presencia de un impresionante who’s who de la justicia y la política nacional. Allí estaban, en carne y hueso, desafiando las agendas más apretadas, la magistrada Claudia Valle Aguilasocho, el magistrado Gilberto Bátiz García, la ministra Yasmín Esquivel Mossa, la presidenta del Instituto Nacional Electoral (INE), Guadalupe Taddei Zavala, y, cómo no, el gobernador del estado, Mauricio Kuri González. Por si faltaba alguien, también hizo acto de presencia el alcalde de la ciudad, Felipe Macías Olvera, y la presidenta del Instituto Electoral de la entidad, Grisel Muñiz Rodríguez. Vamos, que si se desprendía una viga del techo, el sistema electoral mexicano se habría quedado acéfalo en un solo golpe.
El gobernador Kuri, no queriendo ser menos, aportó su dosis de lugar común retórico al considerar que este aniversario “es un llamado a la acción”. ¡Eureka! Nos llama a “reconocer e impulsar el papel fundamental de las mujeres como pilares de nuestra vida pública”. Porque, claro, nada dice “revolución feminista” como un discurso de un hombre en un puesto de poder ensalzando a las mujeres como “pilares”. Es casi poético, si no fuera porque suena a disco rayado. Pilares del desarrollo económico, pilares del desarrollo social… ¿y cuándo las dejaremos de ser pilares para ser simplemente arquitectas?
En definitiva, fue un día grandioso para la igualdad sustantiva, la equidad de género y el lenguaje políticamente correcto. Se presentó un libro morado, se pronunciaron discursos impecables y todos se fotografiaron juntos, sonriendo, en una muestra de unidad que bien podría decorar la portada de un folleto institucional. Mientras tanto, en la realidad paralela que es la vida cotidiana de millones de mujeres, la lucha por la participación política plena y contra la violencia de género sigue su curso, esperando que las sentencias, los libros violetas y los llamados a la acción se traduzcan, de una vez por todas, en hechos tangibles. Porque, al final del día, ¿de qué sirve una Constitución con mirada violeta si la sociedad sigue viendo en blanco y negro?
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