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Lluvias torrenciales colapsan más de mil kilómetros de carreteras

La furia de la naturaleza dejó un rastro de caos vial, con más de mil kilómetros de rutas colapsadas y dos puentes que aún resisten al paso.

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El Diluvio que Paralizó a una Nación

Como si los cielos hubieran decidido desatar su ira más profunda, entre el 6 y el 9 de octubre, una catástrofe meteorológica de proporciones bíblicas se ensañó con el corazón de México. No fueron simples lluvias; fue un monstruoso torrente que, con furia implacable, tejió una telaraña de destrucción sobre la red vital del país. El resultado fue una pesadilla logística: 132 interrupciones que convirtieron más de mil sesenta y un kilómetros de carreteras federales en cicatrices de lodo y escombros, un territorio fracturado que amenazó con aislar comunidades y estrangular el flujo de la vida misma.

En medio del caos, una figura se alzó para dar cuenta de la magnitud del desastre. Jesús Antonio Esteva Medina, el secretario de Infraestructura, Comunicaciones y Transportes (SICT), se convirtió en el heraldo de una batalla épica contra los elementos. Con la solemnidad de un general que reporta desde el frente, reveló una luz de esperanza en la oscuridad: de ese centenar de heridas abiertas en el asfalto, 130 ya habían sido selladas por el esfuerzo humano. Sin embargo, dos permanecían como recordatorios de la ferocidad de la naturaleza, dos baluartes del colapso que se resistían a caer: los puentes Garcés y Garcés Auxiliar, en el kilómetro 64 de la carretera Pachuca–Tampico, en el estado de Hidalgo, convertidos en los últimos bastiones de una interrupción total.

Una Epopeya de Reconstrucción en Cifras y Sudor

Las palabras del titular de la SICT no eran solo datos; eran el eco de una hazaña titánica. “Tuvimos 132 afectaciones en la red federal; sólo dos continúan con interrupción total”, declaró, y detrás de esa frase se escondía una movilización digna de una gesta. Una legión de 478 trabajadores, héroes anónimos con botas embarradas, y una flota de 276 máquinas, esos titanes de acero, se desplegaron por los cinco estados afectados en una cruzada contra el desastre. Su misión: remover la asombrosa cifra de 126 mil metros cúbicos de material, una montaña desplazada grano a grano para reconquistar la conectividad del territorio.

Pero en toda tragedia, siempre hay un escenario que carga con el peso más cruel de la desgracia. En este drama nacional, el estado de Hidalgo emergió como el mártir principal, el epítome del sufrimiento vial. Con 25 interrupciones y un impensable daño extendiéndose por más de 600 kilómetros de rutas, su geografía se transformó en un campo de batalla. Allí, los esfuerzos se concentraron con una urgencia febril en dos arterias principales: la carretera 85 Pachuca–Ciudad Valles y la 102 Oajutla–Chicontepec–Álamo, donde cada palada de tierra removida era un latido de esperanza recuperado.

La tragedia, sin embargo, no conoce de fronteras y extendió su manto sombrío hacia Puebla. Veinte interrupciones paralizaron 71 kilómetros de vías, con los tramos Pachuca–Tuxpan y Zitlán–Nautla convertidos en pasajes de incertidumbre. El viernes por la noche, la tierra cedió en un deslave monumental, un evento que heló la sangre de quienes lo presenciaron. Aunque este colapso ya fue liberado, una sombra de vigilancia permanece, una alerta constante ante la posibilidad de nuevos desprendimientos en el traicionero kilómetro 62, donde la montaña respira con la amenaza de un nuevo derrumbe.

Y la lista de damnificados continuaba. Querétaro, con su terreno quebrado por siete interrupciones en las carreteras 120 y 69, se sumó a este réquiem vial. Allí, la batalla se midió en más de 13 mil 600 metros cúbicos de material despejado, un testimonio de la lucha por restablecer la normalidad en medio del paisaje devastado.

La Luz que Regresa tras la Tormenta

Mientras el SICT libraba su guerra en la tierra, otra batalla crucial se desarrollaba en los cielos, en la red invisible que da energía a la vida moderna. La Comisión Federal de Electricidad (CFE), bajo el mando de su directora general, Emilia Calleja Alor, emprendió su propia odisea. Y he aquí un rayo de luz en la penumbra: se ha restablecido el 84.07% del suministro de energía eléctrica en los cinco estados más castigados. Cada porcentaje recuperado representa hogares que recuperan el aliento, hospitales que reactivan sus máquinas, y calles que abandonan la oscuridad, un faro de progreso en la larga noche de la emergencia.

Esta no es solo una crónica de daños y reparaciones; es un relato épico de resiliencia. Es la historia de cómo la furia de los cielos puso de rodillas a una infraestructura, y de cómo la tenacidad humana se levantó para responder al desafío. Un drama donde cada kilómetro reparado es un triunfo, y donde dos puentes en Hidalgo se erigen como el último recordatorio de una batalla que aún no termina.

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Trump dice que seguirá en contacto con Machado

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El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, afirmó este viernes que planea mantener el contacto con la líder opositora venezolana, María Corina Machado.

Tras su encuentro del jueves en la Casa Blanca, Trump declaró que se trata de una mujer a la que “respeta mucho”. En esa reunión, Machado señaló que le transmitió al mandatario estadounidense que “hoy más del 90% de los venezolanos queremos lo mismo: vivir con libertad, dignidad y justicia”.

Los detalles del encuentro entre Trump y Machado

“Fue un gran honor para mí conocer a María Corina Machado, de Venezuela”, escribió Trump en una publicación en Truth Social. “María me presentó su Premio Nobel de la Paz por el trabajo que he realizado. Un gesto maravilloso de respeto mutuo”.

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Un triste hallazgo en la colonia que duerme entre calles con nombres festivos

El hallazgo de un cuerpo en la calle 23 de diciembre desató el protocolo habitual: cinta amarilla, curiosos y muchas preguntas sin respuesta.

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La muerte llama a la puerta en la calle 23 de diciembre

Ah, la colonia 15 de enero. Un lugar tan festivo que incluso sus calles llevan nombres de fechas célebres. Pero ayer, en la calle 23 de diciembre, el regalo anticipado fue bastante más macabro: el cuerpo sin vida de un hombre. Porque nada dice “espíritu navideño” como encontrar a alguien que ya no respira sobre un colchón en la vía pública.

Los vecinos, esos héroes anónimos del cotilleo barrial, fueron los primeros en notar que algo andaba mal. Su radar de chismes se activó cuando vieron que el individuo en situación de calle que usualmente dormía allí llevaba demasiado tiempo quieto. ¿Estará profundamente dormido o profundamente muerto?, debieron preguntarse. Ante la duda, y demostrando una eficacia envidiable, optaron por lo más sensato: marcar al 911. Más vale prevenir que lamentar, ¿no?

Vecinos del lugar refieren que el hoy occiso es un individuo en situación de calle que comúnmente dormía en esta calle, por lo que se les hizo extraño ver que no se movía.

Así comenzó el circo. Llegaron los paramédicos de la Cruz Roja, confirmaron lo obvio —que efectivamente, estaba muerto— y dieron parte a las autoridades. Porque ese es el protocolo: tú encuentras el cuerpo, nosotros constatamos que es un cuerpo, y luego llamamos a los que se encargarán del cuerpo. Una cadena de mando perfectamente aceitada para gestionar la tragedia.

El despliegue oficial ante lo inevitable

No podían faltar. Los elementos de la Guardia Estatal y la Fiscalía General arribaron al sitio con esa mezcla de solemnidad y rutina que caracteriza estos eventos. Su misión: acordonar el área con esa cinta amarilla que tanto nos fascina y realizar las “indagatorias pertinentes”. ¿Pertinentes para qué? Para determinar, supongo, que un hombre sin hogar fue encontrado muerto en la calle donde solía dormir. Un misterio digno de Sherlock Holmes.

La calle fue cerrada. El tráfico, desviado. Todo debe detenerse mientras se realiza el levantamiento del cadáver y la necropsia de ley. Porque la burocracia de la muerte es implacable: formularios, procedimientos, esperas. Se estima que el cierre durará “un par de horas”, aunque todos sabemos que ese “par” puede estirarse más que un chicle pegado en el pavimento.

Y mientras tanto, ¿qué sabemos? Poco. Que era un hombre. Que aparentemente tenía lesiones en su cuerpo. ¿De qué tipo? No se especifica. Podrían ser desde moretones hasta señales de algo más siniestro. El comunicado oficial es tan vago que da pie a toda clase de especulaciones innecesarias y morbosas. ¿Se cayó? ¿Lo empujaron? ¿Le dio un patatús después de una cena cuestionable recuperada de un contenedor? El silencio oficial es el mejor aliado de la imaginación popular.

Lo más irónico del asunto es el escenario: una colonia llamada 15 de enero, una calle llamada 23 de diciembre. La muerte no respeta calendarios ni nomenclaturas festivas. Se instala donde quiere, incluso entre calles cuyo nombre evoca regalos y propósitos de año nuevo.

Al final del día, queda una pregunta flotando en el aire cargado de indiferencia urbana: ¿cuántas personas deben morir en el anonimato antes de que su paseo sea algo más que una nota policial breve? Hoy fue un hombre sin nombre en la calle 23 de diciembre. Mañana podría ser cualquiera.

¿Esta nota te hizo reflexionar (o por lo menos arquear una ceja)? Compártela con ese amigo al que le gusta comentar las noticias con un tono igualmente cáustico. Y si te interesa estar al tanto del pulso real –y a menudo absurdo– de la ciudad, explora más contenido como este.

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Diplomacia vaticana: reunión clave mientras la visita papal flota en el aire

El embajador en El Vaticano se reúne con Segob mientras la invitación al papa sigue en el limbo. ¿Visita papal o eterna espera?

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La diplomacia mexicana con el Vaticano: mucho protocolo, poca confirmación y un papa en standby

Ahí va la cosa. Este martes, Alberto Barranco Chavarría, nuestro embajador ante la Santa Sede –sí, ese puesto existe y alguien lo tiene–, se sentó con Rosa Icela Rodríguez de Gobernación y Clara Luz Flores de Asuntos Religiosos. La agenda: revisar los asuntos bilaterales. O sea, la relación México-Vaticano, que suena a trama secundaria de una serie política pero aparentemente es importante.

“Siempre respetuosa y constructiva”, dijo Rodríguez sobre la reunión.

Traducción millennial: “Nos llevamos bien, no hubo drama, pero tampoco anunciamos nada espectacular”. Es el equivalente diplomático a poner “✨” en una historia de Instagram.

Pero hablemos de lo que todos queremos saber: ¿Y el papa? ¿Cuándo viene? Porque resulta que la presidenta Claudia Sheinbaum ya le extendió la invitación a León XIV –no confundir con los reyes franceses del pasado– durante una llamada por el Día de la Virgen de Guadalupe. Un movimiento clásico. El problema es que, desde entonces, la confirmación brilla por su ausencia.

El eterno ‘tal vez’ de la visita papal

La semana pasada, Barranco Chavarría estuvo por México para una reunión de embajadores y dejó caer esta perla:

“No hay todavía una respuesta”, dijo el embajador sobre la posible visita.

O sea, ni sí ni no, sino todo lo contrario. El Vaticano tiene a México en “visto”, como ese mensaje importante que nunca contestas. Sheinbaum misma comentó el 15 de diciembre que aún no había fecha. Así que seguimos en modo espera, con la incertidumbre como único plan confirmado.

El contexto importa: Una visita papal no es cualquier cosa. Requiere logística monumental, seguridad extrema y una agenda que equilibre lo espiritual con lo político. Además, León XIV lleva poco tiempo en el cargo –sí, es un nombre curioso para un papa moderno– y probablemente está priorizando otros frentes. Pero para México, especialmente con la devoción guadalupana, sería un evento de primer orden.

Mientras tanto, las reuniones como la de hoy sirven para mantener los canales abiertos. Para asegurar que, cuando (o si) llegue el del Vaticano, todo esté listo. Es diplomacia en su estado más puro: mucha preparación para un evento que puede o no ocurrir.

¿Qué sigue? Seguir esperando. La bola está en la cancha del Vaticano. Mientras tanto, México sigue haciendo su tarea: reuniones formales, declaraciones cuidadosas y ese optimismo cauteloso que caracteriza a las relaciones internacionales cuando hay mucho en juego pero pocas certezas.

¿Te intriga este baile diplomático? Comparte esta nota y hablemos de las relaciones internacionales más inesperadas.

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