Los números bonitos y la letra chiquita
La Presidenta Claudia Sheinbaum anunció con bombo y platillo casi 100 millones de visitantes internacionales en 2025. Un aumento del 13.6% que suena a música celestial para cualquier oficina de promoción.
“La grandeza de México, cultural y natural; el proceso político de transformación que llama la atención en el mundo…”
Claro, y el Mundial de Fútbol que viene este año, que convenientemente menciona como propina. La narrativa oficial siempre encuentra el hilo negro entre ‘transformación’ y éxito económico.
Cuando desglosas, la fiesta no es para todos
La secretaria Josefina Rodríguez Zamora dio los detalles que nadie pidió pero todos necesitamos escuchar. La ocupación hotelera nacional fue del 58.2%. Sí, leíste bien.
Menos del 60% de las habitaciones se llenaron en un año ‘récord’. Alguien debería explicar cómo cuadra eso con tanta grandeza natural y política.
Los museos subieron un saludable 16.8%, pero las zonas arqueológicas apenas un 1.4%. Parece que lo prehispánico vende menos que lo colonial. Curioso dato para un gobierno que presume su herencia indígena.
- El Tren Maya transportó 97,152 extranjeros (aumento del 141%)
- Pero sigue siendo una gota en el océano de casi 100 millones de visitantes
- ¿Realmente justifica el costo ambiental y social?
Lo más revelador: mientras se anuncia con fanfarria la llegada de cruceristas (966.7 millones de dólares en derrama), nadie habla del impacto real en comunidades costeras. El turismo masivo tiene dueños, y rara vez son locales.
Para 2026 prometen 32 nuevas rutas aéreas nacionales y 22 internacionales. Más vuelos, más huella de carbono, más presión sobre infraestructura ya saturada. Pero hey, las cifras suben.
La estrategia de promoción incluye ‘Ventanas a México’ en ferias internacionales. Artesanías, danza y gastronomía como escaparate folclórico mientras los grandes capitales se llevan la tajada del pastel hotelero.
En Fitur España hubo actividades de los 32 estados. Bonito gesto federalista que contrasta con la centralización real del presupuesto turístico. Las comunidades siguen esperando su parte del pastel prometido.
Las cifras siempre pueden maquillarse para parecer saludables. Pero cuando la ocupación hotelera ronda el 58%, alguien está pagando habitaciones vacías. Y no son los turistas.




