¿Disminución o reacomodo?
Marcela Figueroa Franco, la titular del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, salió ayer a vender un triunfo. En la conferencia mañanera en Mazatlán, anunció que los homicidios dolosos en Sinaloa han bajado un 50% desde enero de 2024. Suena bien para un titular. Pero como siempre, el diablo está en los detalles que vienen después.
“De enero de 2024 a agosto de 2024 se presentó una tendencia muy estable entre 1.68 (homicidios dolosos) (…). A partir de septiembre (de 2024) por una pugna entre dos grupos de la delincuencia organizada, incrementa la violencia en el estado a 4.77 homicidios diarios promedio”
Ahí está. La famosa ‘disminución’ parte de comparar con el pico brutal que ellos mismos reconocen que ocurrió por una guerra entre grupos criminales. Es como romperte una pierna, ponerte yeso, y luego celebrar que ya no te duele tanto como el día del accidente.
Los números que sí suben
La funcionaria reconoció otro dato incómodo: las lesiones dolosas por disparo de arma de fuego aumentaron un 36.1% al comparar enero de 2025 con enero de 2026. Más balas volando, pero supuestamente menos muertos. ¿Milagro médico o milagro estadístico?
El discurso oficial habla de seis meses ‘estables’. Pero estabilidad en Sinaloa significa seguir promediando 3.42 asesinatos cada día. Eso son más de cien al mes. ¿A eso le llamamos éxito?
La memoria es corta, pero los precedentes son largos. Cada vez que escucho ‘tendencia a la baja’ después de un repunte histórico, me acuerdo de todos los informes anteriores donde la calma resultó ser solo el silencio antes de otra tormenta.
Las gráficas pueden pintar lo que quieran, pero en las calles la sensación es otra. Y mientras celebran porcentajes, hay familias que siguen contando sus muertos.




