Cuando la Generación Z se encontró con los granaderos (y los memes)
Resulta que el pasado sábado, 17 mil almas, según el conteo oficial (que siempre es tan confiable como un pronóstico del clima), decidieron que su plan de fin de semana ideal era una caminata con vista al Palacio Nacional. La autoproclamada Generación Z salió a las calles, pero la vibra no era de TikTok sino de gritos contra el gobierno federal y Morena, pidiendo algo que todos queremos: seguridad. Básicamente, el mood era “queremos vivir para poder pagar un departamento que nunca podremos costear”.
Y aquí es donde el guion se torció más que la trama de una telenovela a las 3 AM. La manifestación, que tuvo el dudoso honor de ser respaldada por el expresidente Vicente Fox (sí, el del “váyanse al carajo”), fue acusada de todo: de usurpar el nombre de los Gen Z, de tener la diversidad generacional de una reunión familiar y, el crimen más grave, de apropiarse de la “Jolly Roger” de One Piece. Porque nada dice “protesta seria” como la bandera de los piratas del anime más famoso. Luffy debe estar revolcándose en el Sunny Go.
El testimonio: entre el gas lacrimógeno y los ‘whitexicans’
Eduardo Corona, un estudiante del Tec de 20 años que claramente fue por la anécdota para sus stories, confesó que sus motivaciones “no coincidían del todo” con las de la mayoría. Vamos, que fue como ir a un conciento de Bad Bunny siendo fan de Rockdrigo. Él notó una presencia reducida de jóvenes auténticos de la Gen Z, pero, plot twist, cuando llegó el momento de los enfrentamientos con la policía, los que se pusieron al tiro sí eran los de la generación convocada. Al final, el objetivo inicial de la movilización se tergiversó tanto que permitió que, en sus propias palabras, “prianistas o whitexicans se apropiaran de la protesta”. Eduardo, que nunca había vivido algo así, tuvo su bautizo con gas lacrimógeno directo a los ojos. Su veredicto: es poco probable que se repita un episodio así pronto, pero no descarta réplicas como la “marcha de las 40 horas”. Spoiler: nadie aguanta 40 horas sin cargador portátil.
Por otro lado, Óscar Venancio, de 25 años y estudiante de Ciencias Políticas, salió al quite de las acusaciones de que la marcha fue subsidiada por partidos de oposición. Según él, esto no fue financiado por partidos, sino que fue impulsado por grupos empresariales, sobre todo por el Grupo Salinas. Un detalle que, sin duda, añade un sabor extra a la ya complicada sopa de letras de la protesta. Para Óscar, el propósito no era “derrocar al gobierno” al estilo Sri Lanka o Nepal, sino manifestar el hartazgo con los manejos de seguridad, el sector salud y las reformas fiscales. Y aunque admite que había una población considerable de millennials o Generación X, jura que cuando se tiraron las bardas y se enfrentaron a los policías, la que estaba en primera línea era la Generación Z. O sea, los adultos se quejan, pero los chavos rompen cosas.
El hartazgo generacional (y el bloque negro que siempre llega)
Sebastián Pedroza, estudiante de 20 años en el ITAM y emprendedor (claro, porque hoy todos tienen un startup de kombucha), lo resumió con la elegancia de un hilo de Twitter: está harto. Harto del gobierno, de las promesas incumplidas, de que violen la Constitución y, el clásico, de que su opinión “valga menos por estudiar en una universidad privada, ser hombre, blanco y no ‘vivir las cosas que vive el pueblo en general'”. Según él, en la movilización hubo de todo: desde adolescentes hasta gente de la “generación silenciosa” (que probablemente solo querían silencio).
Pero el momento más cinematográfico llegó con la aparición de un bloque negro. Sebastián notó, con la suspicacia de quien ha visto muchos capítulos de House of Cards, la “casualidad” de que este grupo llegara con ellos y no con las marchas de la CNTE. Su teoría es que pudo ser propiciado por el propio gobierno para desestimar la protesta. Al final, lo único claro es que, con autoridades “tan cerradas”, los manifestantes solo reciben desprestigio y descalificación. En resumen: fue un día caótico, lleno de gas, banderas de anime y un identity crisis generacional que nos dejó a todos preguntándonos, ¿y ahora qué sigue?
¿Esta movilización marca un antes y un después en la participación juvenil o fue solo un episodio más en el reality show de la política nacional? Comparte este artículo en tus redes sociales y etiqueta a quienes vivieron el caos con sus propios ojos. Explora más contenido sobre el pulso político de las nuevas generaciones y no te pierdas el próximo capítulo de esta serie que nadie pidió, pero todos estamos viendo.




