El telón cae sobre la lucha anticorrupción en México
Las oficinas del Comité de Participación Ciudadana del Sistema Nacional Anticorrupción están vacías. Un silencio espeso llena el edificio que hace una década prometía ser el contrapeso definitivo contra los malos manejos. Vania Pérez Morales, de 41 años, acaba de dejar la presidencia. Se va con un balance demoledor.
El sistema está roto. Y ella lo dice sin filtros.
“Hoy todos los días miras las noticias y hay un gran caso de corrupción”,
lanza la doctora en ciencias políticas desde lo que fue su despacho. Su valentía para investigar a figuras poderosas le ganó reconocimiento, pero también la puso en la mira.
Cuando investigar corrupción significa desafiar al crimen organizado
“Meterse con una gobernadora, con un exgobernador o con servidores públicos de alto nivel, no solo es meterse con la corrupción, es meterse con las redes del crimen organizado y te ponen el dedo”,
explica Pérez Morales.
Sus últimas semanas en el cargo fueron intensas: solicitó investigar inconsistencias patrimoniales de Adán Augusto López, coordinador morenista en el Senado. El costo personal ha sido alto.
Madre de una niña de cinco años, ahora considera seriamente el exilio. Las amenazas llegaron desde cuentas anónimas en redes sociales, pero también desde autoridades públicas que le advirtieron claramente:
“¡Elegiste la guerra, cuídate!”.
Mientras define su próximo paso, se refugia temporalmente en la academia.
Un balance desolador: “Es desalentador”
Al preguntarle por el estado actual de la lucha anticorrupción, su respuesta es contundente:
“En 2015… se creó un Sistema Nacional Anticorrupción para dar respuesta a los ciudadanos a las grandes demandas de corrupción e impunidad. La Casa Blanca, La estafa maestra, los gobernadores que dejaban el poder con grandes fortunas… Hoy no hay una política de Estado”.
Y remata con lo que quizás sea el diagnóstico más preocupante:
“Con la desaparición del Instituto Nacional de Transparencia no está garantizado el derecho a saber”.
Buenas intenciones vs. realidad política
¿Quedó todo en promesas? Sí, responde sin dudar.
“Se puso a los ciudadanos al frente del sistema con la finalidad de que no fuera cooptado por ningún partido… y lo que vemos en los Estados son ciudadanos en los comités trabajando para los gobernadores”.
Su conclusión es lapidaria: si las instituciones solo sirven a un gobierno o partido específico, estamos predestinados al fracaso. El mecanismo diseñado para auditar al poder terminó vaciado, sus oficinas silenciosas testigos de cómo se apaga una lucha.
El teatro político mexicano perdió a una de sus auditoras más incómodas. Y con su salida, se oscurece un poco más la posibilidad de rendición de cuentas real.




