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La Central de Abasto moviliza 70 toneladas de solidaridad

La ayuda no espera, y en la Central de Abasto el turno es 24/7 para llenar camiones con solidaridad y, de paso, algunas papas.

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Porque las lluvias no avisan, pero la burocracia (a veces) sí se mueve

En un giro de eventos que nadie esperaba (o quizá todos, porque es lo que suele pasar), la Central de Abasto de la Ciudad de México, ese lugar donde puedes encontrar desde un chile habanero hasta el significado de la vida en un cajón de verduras, ha decidido que su misión no es solo alimentar a la capital, sino también convertirse en el centro logístico de la caridad nacional. Sí, han enviado 70 toneladas de víveres al norte de Veracruz, azotado por lluvias e inundaciones. Setenta. Eso es como cargar el alma de un político prometedor, pero en latas de atún y paquetes de arroz.

La operación, coordinada con el Gobierno capitalino y la siempre puntual Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena), parece ser la prueba de que cuando la naturaleza se desata, hasta los trámites más engorrosos pueden acelerarse. ¿Quién lo hubiera dicho? La colecta se organizó con la eficiencia de un reloj suizo… si el reloj suizo tuviera puestos de tacos y gritara “¡lleguele, lleguele!” a toda hora.

La magia de los centros de acopio: donde la solidaridad no cierra

Al mando de esta épica logística está Mónica Pacheco, coordinadora general de la Central, quien con un entusiasmo que rivaliza con el de un vendedor en temporada de aguacate, explicó que instalaron cinco centros de acopio dentro del mercado, más uno principal. Porque, claro, ¿qué mejor lugar para concentrar la ayuda humanitaria que entre puestos de jitomate y el aroma de la corrupción? (Perdón, quise decir de la cilantro fresco).

La señora Pacheco, en una declaración que merece un Óscar a la logística con sentido común, comentó: “Queremos facilitarles a nuestros comerciantes, abarroteros y productores la entrega de sus donaciones. Si alguien no puede dejar los productos en su área de trabajo, nosotros pasamos por ellos con nuestros vehículos y los trasladamos a este centro”. O sea, no solo aceptan tu donación, sino que te la recogen en casa. ¿Es esto solidaridad o el nuevo servicio de reparto a domicilio de la CEDA? Quizá ambos, porque en tiempos de crisis, hasta la caridad tiene que ser express.

Pero lo más glorioso es que dos de estos seis centros instalados operan las 24 horas, aprovechando la dinámica nocturna del mercado. Porque, como bien sabemos, el hambre y las inundaciones no respetan horarios de oficina, y qué mejor que donar un costal de frijol a las 3 de la mañana, entre el bullicio de los camiones y los sueños de los madrugadores. “La central no cierra, y muchos de nuestros trabajadores llegan de madrugada”, detalló la coordinadora. Claro, porque la solidaridad es como un taco de canasta: siempre disponible, aunque sea en la oscuridad.

Del arroz a las papas: el menú de la emergencia

Y hablando de lo que se dona, la lista de productos es tan variada como la oferta de la Central misma. Desde lo básico e imprescindible –agua embotellada, arroz, frijol, atún, azúcar y leche en polvo– hasta esos artículos que te hacen preguntarte: “¿en serio alguien donó eso?”. Pero ojo, porque en medio de la tragedia, hasta un cepillo dental puede ser un lujo. Así que ahí van: sopas, aceite, café soluble (para que los afectados puedan mantenerse despiertos y preguntarse por qué el destino es tan cruel), pañales, toallas sanitarias, jabón, papel higiénico, pasta dental, paracetamol e ibuprofeno (por si el dolor de cabeza no es solo por las lluvias), y, cómo no, alimento para mascotas. Porque Firulais también merece su ración de esperanza.

Pero el momento cumbre de esta comedia humanitaria llega con los artículos no perecederos. O, mejor dicho, con la excepción que confirma la regla. Resulta que, aunque se prioriza lo que no se echa a perder, algunos productores de la Central han donado camiones completos de papa y cebolla. Sí, camiones. Porque, ¿qué podría ser más útil en una zona inundada que unas buenas papas? Como dijo Perfecto (suponemos que un optimista nato): “La papa, si se conserva adecuadamente, puede durar hasta tres meses”. Claro, siempre y cuando no floten away en la corriente. Pero hey, es un gesto tan conmovedor como absurdo: en medio del caos, alguien pensó: “¡Necesitan carbohidratos!”.

Y por si fuera poco, la funcionaria señaló que incluso productores de Tuxpan que llegan a la CEDA a vender naranjas están regresando con camiones cargados de víveres donados por los comerciantes. O sea, el ciclo de la solidaridad es así: vendes cítricos, compras ayuda, y te vas a casa con el camión lleno de atún y esperanza. ¿No es hermoso? Es como un trueque postapocalíptico, pero con mejor olor.

Detrás de todo este esfuerzo, la Central cuenta con el apoyo de la Secretaría de la Contraloría General (para que nadie se lleve un frijol de más, supuestamente) y mantiene comunicación con la Sedena, que será la encargada de trasladar los víveres a las zonas más afectadas. Porque, al final, ¿quién mejor que los militares para repartir ayuda con precisión y disciplina? Aunque uno se pregunta si entre las 70 toneladas habrá un manual de instrucciones para armar un refugio con pura cebolla.

Los centros de acopio de la Central de Abasto seguirán recibiendo donaciones las 24 horas en los próximos días, hasta completar los próximos envíos de ayuda humanitaria. Porque, como bien saben, la solidaridad es un trabajo sin fin, especialmente cuando el clima se empeña en jugar al diluvio universal.

¿Te conmovió esta muestra de organización en medio del caos? Comparte esta historia en tus redes sociales para que más gente se entere de cómo la Central de Abasto se convirtió en el héroe inesperado de Veracruz. Y si quieres explorar más contenido sobre iniciativas de ayuda humanitaria que mezclan el ingenio con la locura, no dejes de revisar nuestras otras publicaciones. La solidaridad, al igual que un buen chiste, sabe mejor cuando se comparte.

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Trump dice que seguirá en contacto con Machado

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El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, afirmó este viernes que planea mantener el contacto con la líder opositora venezolana, María Corina Machado.

Tras su encuentro del jueves en la Casa Blanca, Trump declaró que se trata de una mujer a la que “respeta mucho”. En esa reunión, Machado señaló que le transmitió al mandatario estadounidense que “hoy más del 90% de los venezolanos queremos lo mismo: vivir con libertad, dignidad y justicia”.

Los detalles del encuentro entre Trump y Machado

“Fue un gran honor para mí conocer a María Corina Machado, de Venezuela”, escribió Trump en una publicación en Truth Social. “María me presentó su Premio Nobel de la Paz por el trabajo que he realizado. Un gesto maravilloso de respeto mutuo”.

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Un triste hallazgo en la colonia que duerme entre calles con nombres festivos

El hallazgo de un cuerpo en la calle 23 de diciembre desató el protocolo habitual: cinta amarilla, curiosos y muchas preguntas sin respuesta.

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La muerte llama a la puerta en la calle 23 de diciembre

Ah, la colonia 15 de enero. Un lugar tan festivo que incluso sus calles llevan nombres de fechas célebres. Pero ayer, en la calle 23 de diciembre, el regalo anticipado fue bastante más macabro: el cuerpo sin vida de un hombre. Porque nada dice “espíritu navideño” como encontrar a alguien que ya no respira sobre un colchón en la vía pública.

Los vecinos, esos héroes anónimos del cotilleo barrial, fueron los primeros en notar que algo andaba mal. Su radar de chismes se activó cuando vieron que el individuo en situación de calle que usualmente dormía allí llevaba demasiado tiempo quieto. ¿Estará profundamente dormido o profundamente muerto?, debieron preguntarse. Ante la duda, y demostrando una eficacia envidiable, optaron por lo más sensato: marcar al 911. Más vale prevenir que lamentar, ¿no?

Vecinos del lugar refieren que el hoy occiso es un individuo en situación de calle que comúnmente dormía en esta calle, por lo que se les hizo extraño ver que no se movía.

Así comenzó el circo. Llegaron los paramédicos de la Cruz Roja, confirmaron lo obvio —que efectivamente, estaba muerto— y dieron parte a las autoridades. Porque ese es el protocolo: tú encuentras el cuerpo, nosotros constatamos que es un cuerpo, y luego llamamos a los que se encargarán del cuerpo. Una cadena de mando perfectamente aceitada para gestionar la tragedia.

El despliegue oficial ante lo inevitable

No podían faltar. Los elementos de la Guardia Estatal y la Fiscalía General arribaron al sitio con esa mezcla de solemnidad y rutina que caracteriza estos eventos. Su misión: acordonar el área con esa cinta amarilla que tanto nos fascina y realizar las “indagatorias pertinentes”. ¿Pertinentes para qué? Para determinar, supongo, que un hombre sin hogar fue encontrado muerto en la calle donde solía dormir. Un misterio digno de Sherlock Holmes.

La calle fue cerrada. El tráfico, desviado. Todo debe detenerse mientras se realiza el levantamiento del cadáver y la necropsia de ley. Porque la burocracia de la muerte es implacable: formularios, procedimientos, esperas. Se estima que el cierre durará “un par de horas”, aunque todos sabemos que ese “par” puede estirarse más que un chicle pegado en el pavimento.

Y mientras tanto, ¿qué sabemos? Poco. Que era un hombre. Que aparentemente tenía lesiones en su cuerpo. ¿De qué tipo? No se especifica. Podrían ser desde moretones hasta señales de algo más siniestro. El comunicado oficial es tan vago que da pie a toda clase de especulaciones innecesarias y morbosas. ¿Se cayó? ¿Lo empujaron? ¿Le dio un patatús después de una cena cuestionable recuperada de un contenedor? El silencio oficial es el mejor aliado de la imaginación popular.

Lo más irónico del asunto es el escenario: una colonia llamada 15 de enero, una calle llamada 23 de diciembre. La muerte no respeta calendarios ni nomenclaturas festivas. Se instala donde quiere, incluso entre calles cuyo nombre evoca regalos y propósitos de año nuevo.

Al final del día, queda una pregunta flotando en el aire cargado de indiferencia urbana: ¿cuántas personas deben morir en el anonimato antes de que su paseo sea algo más que una nota policial breve? Hoy fue un hombre sin nombre en la calle 23 de diciembre. Mañana podría ser cualquiera.

¿Esta nota te hizo reflexionar (o por lo menos arquear una ceja)? Compártela con ese amigo al que le gusta comentar las noticias con un tono igualmente cáustico. Y si te interesa estar al tanto del pulso real –y a menudo absurdo– de la ciudad, explora más contenido como este.

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Diplomacia vaticana: reunión clave mientras la visita papal flota en el aire

El embajador en El Vaticano se reúne con Segob mientras la invitación al papa sigue en el limbo. ¿Visita papal o eterna espera?

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La diplomacia mexicana con el Vaticano: mucho protocolo, poca confirmación y un papa en standby

Ahí va la cosa. Este martes, Alberto Barranco Chavarría, nuestro embajador ante la Santa Sede –sí, ese puesto existe y alguien lo tiene–, se sentó con Rosa Icela Rodríguez de Gobernación y Clara Luz Flores de Asuntos Religiosos. La agenda: revisar los asuntos bilaterales. O sea, la relación México-Vaticano, que suena a trama secundaria de una serie política pero aparentemente es importante.

“Siempre respetuosa y constructiva”, dijo Rodríguez sobre la reunión.

Traducción millennial: “Nos llevamos bien, no hubo drama, pero tampoco anunciamos nada espectacular”. Es el equivalente diplomático a poner “✨” en una historia de Instagram.

Pero hablemos de lo que todos queremos saber: ¿Y el papa? ¿Cuándo viene? Porque resulta que la presidenta Claudia Sheinbaum ya le extendió la invitación a León XIV –no confundir con los reyes franceses del pasado– durante una llamada por el Día de la Virgen de Guadalupe. Un movimiento clásico. El problema es que, desde entonces, la confirmación brilla por su ausencia.

El eterno ‘tal vez’ de la visita papal

La semana pasada, Barranco Chavarría estuvo por México para una reunión de embajadores y dejó caer esta perla:

“No hay todavía una respuesta”, dijo el embajador sobre la posible visita.

O sea, ni sí ni no, sino todo lo contrario. El Vaticano tiene a México en “visto”, como ese mensaje importante que nunca contestas. Sheinbaum misma comentó el 15 de diciembre que aún no había fecha. Así que seguimos en modo espera, con la incertidumbre como único plan confirmado.

El contexto importa: Una visita papal no es cualquier cosa. Requiere logística monumental, seguridad extrema y una agenda que equilibre lo espiritual con lo político. Además, León XIV lleva poco tiempo en el cargo –sí, es un nombre curioso para un papa moderno– y probablemente está priorizando otros frentes. Pero para México, especialmente con la devoción guadalupana, sería un evento de primer orden.

Mientras tanto, las reuniones como la de hoy sirven para mantener los canales abiertos. Para asegurar que, cuando (o si) llegue el del Vaticano, todo esté listo. Es diplomacia en su estado más puro: mucha preparación para un evento que puede o no ocurrir.

¿Qué sigue? Seguir esperando. La bola está en la cancha del Vaticano. Mientras tanto, México sigue haciendo su tarea: reuniones formales, declaraciones cuidadosas y ese optimismo cauteloso que caracteriza a las relaciones internacionales cuando hay mucho en juego pero pocas certezas.

¿Te intriga este baile diplomático? Comparte esta nota y hablemos de las relaciones internacionales más inesperadas.

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