México, el país donde la estadística duele más que el remordimiento
Parece que en México hemos perfeccionado una macabra fórmula: tomar un problema gravísimo, crear leyes bonitas para apaciguar a la opinión pública y luego, con una elegancia burocrática envidiable, olvidarnos de asignar presupuesto y personal para hacerlas cumplir. El resultado, como nos recuerda Amnistía Internacional con su inconfundible tono de “se los dijimos”, es que entre enero y octubre de 2025, 2,378 mujeres fueron víctimas de homicidio doloso y feminicidio. Eso son ocho al día, una cifra que convierte el simple hecho de existir en un acto de valentía para la mitad de la población. Treinta años de instituciones y normativas, y nuestro mayor logro parece ser mantener una tasa de asesinatos que nunca baja de forma sostenida. ¡Bravo!
¿Y cuál es la brillante respuesta de nuestras autoridades ante esta carnicería? Según AI, el Estado mexicano es un maestro de la omisión. Tiene un marco legal que suena maravilloso en los discursos, pero que en la práctica se reduce a papeles que se acumulan en escritorios de funcionarios que, supuestamente, están demasiado ocupados como para hacer su trabajo. Edith Olivares Ferreto, directora ejecutiva de AI en México, lo dijo con una paciencia que merece un monumento: la violencia fluctúa, pero nunca muestra una tendencia sostenida a la baja. Vamos, que es como una montaña rusa de terror, donde los únicos que no gritan de emoción son los que están siendo asesinados.
Cifras que son más que números: son una bofetada de realidad
En el marco del Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, mientras el gobierno se llena la boca hablando de avances, las cifras del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública nos dan una soberana bofetada de realidad. Marzo, el mes de la primavera y el renacer, se coronó como el más letal con 255 asesinatos. Pero por si acabar con la vida de mujeres adultas no fuera suficiente, el sistema ha decidido que también hay que alimentar la maquinaria del horror con las más jóvenes. Entre enero y septiembre se registraron 2,901 desapariciones de mujeres, de las cuales 1,248 eran menores de edad. Esto representa un aumento del 43.4% respecto a 2024. La CDMX y el Estado de México, esos faros de progreso y civilización, lideran este podio de la vergüenza en desapariciones de niñas y adolescentes.
Y por si alguien aún albergaba la esperanza de que la justicia existiera, AI nos saca de nuestro sueño con un balde de agua fría: la impunidad es la reina. Las investigaciones son tan deficientes que da la impresión de que se realizan con los ojos vendados y las manos atadas a la espalda. Se pierden evidencias, no hay perspectiva de género y las omisiones periciales son la norma. Casos como el de Nadia Muciño, que cumple 21 años esperando justicia, no son la excepción, sino el patrón de un sistema podrido que le ha fallado a las víctimas y a sus familias una y otra vez. Es el México de siempre, donde la única cosa que funciona con eficiencia es la maquinaria de la impunidad.
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