La verdad que no cabe en un registro oficial
Los colectivos de búsqueda, esos fiscales ciudadanos que el Estado no quiere ser, volvieron a hacer su trabajo este fin de semana. Mientras el gobierno discute cifras en una oficina, ellos encontraron cientos de fragmentos óseos en Jalisco y la Ciudad de México.
En Jalisco, el escenario fue el rancho Izaguirre, en Teuchitlán. Un lugar que ya sonaba en los rumores como un posible centro de reclutamiento y exterminio del crimen organizado. Los rumores, claro, suelen ser la versión no oficial de los hechos que las autoridades aún no pueden—o no quieren—confirmar.
En la capital, el hallazgo fue en una zona lagunar de Tláhuac. Agua y tierra guardando secretos. Cada descubrimiento es un golpe seco contra la narrativa oficial que intenta maquillar números.
Estos hallazgos se producen en medio de tensiones entre el Gobierno de Claudia Sheinbaum y los colectivos de familiares.
Y aquí está el meollo. La polémica reciente por la reinterpretación del registro nacional de desaparecidos. Las autoridades encontraron “inconsistencias” en una parte significativa de los casos. Qué conveniente para las estadísticas, qué devastador para las familias que buscan entre el lodo.
Mientras se debate la validez de un caso en un escritorio, alguien encuentra un hueso en un rancho. Esa es la cruda aritmética de esta crisis. Los colectivos no buscan inconsistencias administrativas. Buscan personas. Y este fin de semana, solo encontraron lo que queda de ellas.




