La tierra habla en Guaymas, y lo que dice es aterrador
Las Guerreras Buscadoras no necesitan permiso para hacer su trabajo. Solo palas, determinación y un dolor que las convierte en forenses de campo. En el ejido Felipe Ángeles, un parche de tierra aparentemente olvidado en el Valle de Guaymas, su jornada del 24 y 25 de marzo arrojó un balance desgarrador: al menos ocho cuerpos completos y una dispersión de restos humanos que salieron a la superficie.
Lo que encontraron no es un ‘hecho aislado’. Es un patrón. Restos recientes junto a osamentas viejas. Eso no es un descuido criminal, es la firma de un sitio utilizado una y otra vez. Un basurero para personas.
Entre la ropa abandonada hay una historia muda: un chaleco negro, tenis rojos con negro, una camisa a cuadros. Hasta una cadena dorada con un dije en forma de árbol con piedras de colores. Son las pertenencias que alguien llevaba puestas el día que el mundo se lo tragó.
Pero entre tanta evidencia anónima, surgió un nombre. Una credencial de elector (INE) a nombre de Mario Alfonso Rodríguez Jiménez, con domicilio en la misma Guaymas. Un papel plastificado que podría ser el primer hilo para desenredar esta madeja de horror.
Aquí viene el coro institucional de siempre: la Comisión de Búsqueda estatal, Policía Estatal, Guardia Nacional, AMIC, Periciales y la Fiscalía (FGJE). Todos ‘acompañando’. La foto oficial está completa.
Pero las preguntas incómodas siguen en el aire: ¿Cuántos más hay? ¿Por qué esa zona? ¿A cuántas familias les están negando incluso el derecho a enterrar a sus muertos?
El colectivo agradece el ‘respaldo’ y promete seguir. Las autoridades, mientras tanto, guardan un silencio ensordecedor. No hay informe oficial. No hay cifras totales. Solo hay tierra removida y familias esperando.
La memoria colectiva es frágil, pero la tierra del ejido Felipe Ángeles parece haberla grabado a fuego. Y ahora las Guerreras la están leyendo en voz alta.




