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Nacional

Familia rescata pertenencias frente a socavón en Iztapalapa

Una familia recupera lo indispensable bajo la sombra de un abismo que devora su colonia. La incertidumbre crece con cada minuto.

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El Abismo que se Tragó la Seguridad

En el corazón de la colonia Renovación, en la alcaldía Iztapalapa, la tierra se abrió sin piedad, dando paso a una sima de diez metros de diámetro y nueve de profundidad. Un vacío que no solo se llevó el asfalto y la tierra firme, sino la tranquilidad de una comunidad entera. Frente a esta grieta hacia lo desconocido, una familia vivió una odisea desgarradora, siendo despojada de su hogar, de su santuario, por la amenaza implacable que crecía en su puerta.

El domingo, el mundo se les vino abajo. Con el corazón encogido y la premura clavada en la garganta, tuvieron que abandonar su vivienda ubicada en la Avenida 5, a la altura de la Calle 4. La huida fue tan abrupta que las paredes que atesoraban sus recuerdos se convirtieron en testigos mudos de un éxodo forzado. Salieron con lo puesto, con la angustia de dejar atrás una vida entera, mientras el socavón, cual bestia dormida, parecía acechar su every move.

Una Carrera Contra el Tiempo y el Peligro

Pero hoy, en un giro de guion que apenas aliviaba su drama, un destello de esperanza les fue concedido. Alrededor de las 14:00 horas, el personal de la Secretaría de Protección Civil de la alcaldía les dio el ansiado visto bueno. No era una vuelta a casa, era una misión de rescate: entrar y salir en cuestión de minutos para arrebatarle al destino las pertenencias más necesarias. “Nos dejaron sacar rápido algunas cosas, pero no fueron todas. Estamos aprovechando porque son cosas necesarias“, confesó con voz quebrada un integrante de la familia, cuyo nombre se perdió en el mar del anonimato, protegido por el orgullo y el miedo.

Lo que siguió fue una escena dantesca, un ballet de desesperación y solidaridad. Durante un lapso de apenas treinta minutos, que se sintieron como segundos y a la vez como una eternidad, la madre, la abuela, el hijo, tres vecinos convertidos en héroes voluntarios y tres trabajadores de Protección Civil se movieron como un solo organismo. De las fauces de la casa rescataron ropa guardada en bolsas, maletas que guardaban la esencia de su vida diaria, “es lo que vamos a necesitar para pasarla en lo que viene”. Cada objeto salvado era una pequeña victoria en una guerra que parecían estar perdiendo.

En hombros, en brazos, en la espalda… cargaron con los fragmentos de su existencia. Zapatos que pisaron sueños, trajes que vistieron alegrías, playeras que absorbieron risas, chamarras que abrigaron contra el frío. Incluso los tanques de gas que alimentaron su hogar, algunas sillas, pantallas, monitores y computadoras que los conectaban al mundo. Todo se amontonó en la calle, testigo mudo de su tragedia. “Fue muy improvisado”, admitió el mismo integrante, quien ahora monta guardia, un centinela solitario protegiendo lo poco que les queda de una vida que yace en montones sobre el concreto.

Mientras él vigila, su madre y su abuela, titanes de resistencia, se encargan de transportar el botín de su propia vida hacia un hogar temporal, utilizando carritos de mandado como carruajes de esta amarga Cenicienta. Son apenas una pieza de un rompecabezas de dolor que afecta a veintisiete personas, distribuidas en cinco lotes, todos víctimas del mismo monstruo subterráneo. El riesgo de una expansión del socavón,
que ya duplicó su tamaño de cinco a diez metros, pende sobre sus cabezas como una espada de Damocles. La alcaldesa de Iztapalapa, Aleida Alavez, ha declarado que los estudios estructurales aún están pendientes, una frase que suena a eco vacío para quienes han perdido todo. La incertidumbre es ahora su único vecino constante, y la tierra, bajo sus pies, ya no es de fiar.

¿Te conmueve esta historia de resiliencia frente al peligro? Comparte esta noticia para que más personas conozcan el impacto real de estos desastres urbanos. Explora más contenido relacionado con las emergencias que desafían a nuestra ciudad y la labor de los equipos de rescate.

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Trump dice que seguirá en contacto con Machado

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El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, afirmó este viernes que planea mantener el contacto con la líder opositora venezolana, María Corina Machado.

Tras su encuentro del jueves en la Casa Blanca, Trump declaró que se trata de una mujer a la que “respeta mucho”. En esa reunión, Machado señaló que le transmitió al mandatario estadounidense que “hoy más del 90% de los venezolanos queremos lo mismo: vivir con libertad, dignidad y justicia”.

Los detalles del encuentro entre Trump y Machado

“Fue un gran honor para mí conocer a María Corina Machado, de Venezuela”, escribió Trump en una publicación en Truth Social. “María me presentó su Premio Nobel de la Paz por el trabajo que he realizado. Un gesto maravilloso de respeto mutuo”.

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Un triste hallazgo en la colonia que duerme entre calles con nombres festivos

El hallazgo de un cuerpo en la calle 23 de diciembre desató el protocolo habitual: cinta amarilla, curiosos y muchas preguntas sin respuesta.

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La muerte llama a la puerta en la calle 23 de diciembre

Ah, la colonia 15 de enero. Un lugar tan festivo que incluso sus calles llevan nombres de fechas célebres. Pero ayer, en la calle 23 de diciembre, el regalo anticipado fue bastante más macabro: el cuerpo sin vida de un hombre. Porque nada dice “espíritu navideño” como encontrar a alguien que ya no respira sobre un colchón en la vía pública.

Los vecinos, esos héroes anónimos del cotilleo barrial, fueron los primeros en notar que algo andaba mal. Su radar de chismes se activó cuando vieron que el individuo en situación de calle que usualmente dormía allí llevaba demasiado tiempo quieto. ¿Estará profundamente dormido o profundamente muerto?, debieron preguntarse. Ante la duda, y demostrando una eficacia envidiable, optaron por lo más sensato: marcar al 911. Más vale prevenir que lamentar, ¿no?

Vecinos del lugar refieren que el hoy occiso es un individuo en situación de calle que comúnmente dormía en esta calle, por lo que se les hizo extraño ver que no se movía.

Así comenzó el circo. Llegaron los paramédicos de la Cruz Roja, confirmaron lo obvio —que efectivamente, estaba muerto— y dieron parte a las autoridades. Porque ese es el protocolo: tú encuentras el cuerpo, nosotros constatamos que es un cuerpo, y luego llamamos a los que se encargarán del cuerpo. Una cadena de mando perfectamente aceitada para gestionar la tragedia.

El despliegue oficial ante lo inevitable

No podían faltar. Los elementos de la Guardia Estatal y la Fiscalía General arribaron al sitio con esa mezcla de solemnidad y rutina que caracteriza estos eventos. Su misión: acordonar el área con esa cinta amarilla que tanto nos fascina y realizar las “indagatorias pertinentes”. ¿Pertinentes para qué? Para determinar, supongo, que un hombre sin hogar fue encontrado muerto en la calle donde solía dormir. Un misterio digno de Sherlock Holmes.

La calle fue cerrada. El tráfico, desviado. Todo debe detenerse mientras se realiza el levantamiento del cadáver y la necropsia de ley. Porque la burocracia de la muerte es implacable: formularios, procedimientos, esperas. Se estima que el cierre durará “un par de horas”, aunque todos sabemos que ese “par” puede estirarse más que un chicle pegado en el pavimento.

Y mientras tanto, ¿qué sabemos? Poco. Que era un hombre. Que aparentemente tenía lesiones en su cuerpo. ¿De qué tipo? No se especifica. Podrían ser desde moretones hasta señales de algo más siniestro. El comunicado oficial es tan vago que da pie a toda clase de especulaciones innecesarias y morbosas. ¿Se cayó? ¿Lo empujaron? ¿Le dio un patatús después de una cena cuestionable recuperada de un contenedor? El silencio oficial es el mejor aliado de la imaginación popular.

Lo más irónico del asunto es el escenario: una colonia llamada 15 de enero, una calle llamada 23 de diciembre. La muerte no respeta calendarios ni nomenclaturas festivas. Se instala donde quiere, incluso entre calles cuyo nombre evoca regalos y propósitos de año nuevo.

Al final del día, queda una pregunta flotando en el aire cargado de indiferencia urbana: ¿cuántas personas deben morir en el anonimato antes de que su paseo sea algo más que una nota policial breve? Hoy fue un hombre sin nombre en la calle 23 de diciembre. Mañana podría ser cualquiera.

¿Esta nota te hizo reflexionar (o por lo menos arquear una ceja)? Compártela con ese amigo al que le gusta comentar las noticias con un tono igualmente cáustico. Y si te interesa estar al tanto del pulso real –y a menudo absurdo– de la ciudad, explora más contenido como este.

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Diplomacia vaticana: reunión clave mientras la visita papal flota en el aire

El embajador en El Vaticano se reúne con Segob mientras la invitación al papa sigue en el limbo. ¿Visita papal o eterna espera?

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La diplomacia mexicana con el Vaticano: mucho protocolo, poca confirmación y un papa en standby

Ahí va la cosa. Este martes, Alberto Barranco Chavarría, nuestro embajador ante la Santa Sede –sí, ese puesto existe y alguien lo tiene–, se sentó con Rosa Icela Rodríguez de Gobernación y Clara Luz Flores de Asuntos Religiosos. La agenda: revisar los asuntos bilaterales. O sea, la relación México-Vaticano, que suena a trama secundaria de una serie política pero aparentemente es importante.

“Siempre respetuosa y constructiva”, dijo Rodríguez sobre la reunión.

Traducción millennial: “Nos llevamos bien, no hubo drama, pero tampoco anunciamos nada espectacular”. Es el equivalente diplomático a poner “✨” en una historia de Instagram.

Pero hablemos de lo que todos queremos saber: ¿Y el papa? ¿Cuándo viene? Porque resulta que la presidenta Claudia Sheinbaum ya le extendió la invitación a León XIV –no confundir con los reyes franceses del pasado– durante una llamada por el Día de la Virgen de Guadalupe. Un movimiento clásico. El problema es que, desde entonces, la confirmación brilla por su ausencia.

El eterno ‘tal vez’ de la visita papal

La semana pasada, Barranco Chavarría estuvo por México para una reunión de embajadores y dejó caer esta perla:

“No hay todavía una respuesta”, dijo el embajador sobre la posible visita.

O sea, ni sí ni no, sino todo lo contrario. El Vaticano tiene a México en “visto”, como ese mensaje importante que nunca contestas. Sheinbaum misma comentó el 15 de diciembre que aún no había fecha. Así que seguimos en modo espera, con la incertidumbre como único plan confirmado.

El contexto importa: Una visita papal no es cualquier cosa. Requiere logística monumental, seguridad extrema y una agenda que equilibre lo espiritual con lo político. Además, León XIV lleva poco tiempo en el cargo –sí, es un nombre curioso para un papa moderno– y probablemente está priorizando otros frentes. Pero para México, especialmente con la devoción guadalupana, sería un evento de primer orden.

Mientras tanto, las reuniones como la de hoy sirven para mantener los canales abiertos. Para asegurar que, cuando (o si) llegue el del Vaticano, todo esté listo. Es diplomacia en su estado más puro: mucha preparación para un evento que puede o no ocurrir.

¿Qué sigue? Seguir esperando. La bola está en la cancha del Vaticano. Mientras tanto, México sigue haciendo su tarea: reuniones formales, declaraciones cuidadosas y ese optimismo cauteloso que caracteriza a las relaciones internacionales cuando hay mucho en juego pero pocas certezas.

¿Te intriga este baile diplomático? Comparte esta nota y hablemos de las relaciones internacionales más inesperadas.

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