Un homenaje oficial y una memoria incómoda
Han pasado 32 años. Tres décadas desde aquel día en Tijuana que cambió todo. Y el PRI, como cada año, monta su ceremonia. Frente al busto de Luis Donaldo Colosio en Polanco, colocaron flores y guardias de honor.
Alejandro Moreno, el actual jefe del partido, dirigió el acto. Sus palabras fueron las de siempre en estos rituales: habló de valentía, de justicia social, del político que “entendió el momento”.
“Colosio fue un político que entendió el momento que atravesaba México, al tiempo que mostró valentía para hablar de justicia social y reconocer los problemas que afectaban a la población”, dijo Moreno.
Es la narrativa oficial, pulida por el tiempo. El legado seguro, la historia domesticada. Pero uno no puede evitar preguntarse: ¿qué queda realmente del colosismo dentro del PRI actual? ¿Dónde está esa valentía para hablar claro hoy?
La imagen es poderosa: los mismos que gobiernan rindiendo homenaje al hombre cuyo proyecto quizás representaba todo lo que ya no son. La ironía es tan densa que se podría cortar con un cuchillo.
Cada aniversario es esto. Flores frescas sobre un pedestal, discursos cuidadosamente editados y una pregunta que flota en el aire, persistente como el humo del incienso: ¿quién recuerda realmente lo que significaba? La memoria institucional es selectiva. Celebra al símbolo, pero ¿abraza su mensaje?
Tres décadas después, el ritual se repite. Las fotos se toman, las coronas se marchitan y la historia sigue esperando a que alguien lea entre líneas.




