El ensayo que llegó tarde
El Pentágono y la Administración Federal de Aviación (FAA) acaban de pactar algo que debió ocurrir antes: pruebas controladas de un láser para neutralizar drones. El escenario será White Sands, Nuevo México. La razón es tan simple como preocupante.
La tecnología ya se usó en campo real, dos veces, y el resultado fue un caos aéreo sobre Texas. Primero, a inicios de febrero, la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP) activó el sistema sin avisar a los controladores de tráfico aéreo. La FAA tuvo que cerrar el espacio sobre El Paso dejando viajeros varados.
Días después, el ejército estadounidense volvió a usar el láser. Derribó un aparato volador cerca de la frontera con México que consideraron una amenaza. El problema es que después se supo: ese dron era de la propia CBP.
“Es necesario revisar los protocolos de coordinación entre dependencias para evitar riesgos en la seguridad del sistema nacional de espacio aéreo”, señaló la senadora Tammy Duckworth.
Aquí no hay villanos ocultos, sino una burocracia descoordinada jugando con fuego—o mejor dicho, con rayos láser—en uno de los corredores aéreos más transitados. Legisladores ahora exigen una investigación. ¿El motivo? Que las agencias encargadas de protegernos parecen estar operando en silos, sin comunicarse.
Mientras tanto, en White Sands probarán si el arma funciona técnicamente. La verdadera prueba, la de coordinar entre agencias, esa ya la reprobaron dos veces con los cielos texanos como aula.




