¿Otra vez la misma promesa?
Eduardo Clark García Dobarganes, un subsecretario de Salud, anunció que a partir del 1 de enero de 2027 los mexicanos podrán recibir atención en el hospital público más cercano, sin importar si están afiliados al IMSS, ISSSTE o IMSS-Bienestar. Lo llaman el nuevo modelo de Servicio Universal de Salud.
Suena bien, ¿verdad? La teoría es brillante: integrar toda la infraestructura hospitalaria pública y eliminar esas barreras administrativas absurdas que te obligan a viajar kilómetros porque tu papelito dice que te toca otra clínica.
“El servicio universal de salud garantizará no solo la atención inmediata en urgencias, sino la continuidad del tratamiento en el mismo hospital”, señaló Clark.
Es decir, prometen que si llegas por una emergencia, te quedas ahí hasta terminar tu tratamiento. Sin traslados forzosos. Sin cobros extra por no ser ‘de la casa’.
El carnet mágico (y la app)
El plan viene con un proceso nacional de credencialización que arrancaría en 2026. Una identificación única para acceder a servicios médicos en cualquier institución pública. Según dicen, también servirá como identificación oficial para trámites y sustituirá gradualmente los carnets del IMSS e ISSSTE.
Y claro, habrá una aplicación móvil. Para consultar la credencial digital, agendar citas y acceder a tu expediente clínico electrónico. Porque en este país lo que sobra es cobertura de internet en todas las comunidades, ¿cierto?
Las fases pintan un cuadro idílico:
- 2027: Universalización de servicios prioritarios y urgencias.
- Segunda mitad de 2027: Intercambio de servicios especializados entre instituciones (laboratorios, resonancias).
- 2028: Surtimiento universal de recetas y seguimiento abierto de enfermedades crónicas.
También hablan de atención prioritaria para embarazos de alto riesgo, una red nacional coordinada para infartos y acceso universal a vacunación en cualquier clínica.
Clark asegura que la implementación será gradual para garantizar sostenibilidad. Esa palabra, ‘gradual’, siempre me pone alerta. En el léxico oficial suele ser sinónimo de ‘a ver si llega’.
“Buscamos que la salud sea un derecho más cercano a la población”, concluyó el funcionario.
La intención, sobre el papel, es impecable. Menos traslados, mejor uso de la infraestructura, derechos más claros. Pero uno no puede evitar mirar el calendario: 2027. Y recordar cuántos planes integrales, sistemas únicos y modelos revolucionarios hemos visto anunciarse con bombo y platillo… solo para diluirse en la burocracia o morir por falta presupuesto.
La memoria histórica duele: cada sexenio trae su gran reforma sanitaria prometida como la definitiva. Ojalá esta vez sea diferente. Ojalá ese carnet único no se convierta en otro trámite kafkiano más y la app no sea solo un bonito prototipo que nunca funcione fuera de Ciudad de México.
Mientras tanto, guardemos esta nota. En 2027 volvemos a leerla juntos.




