Un paso histórico, pero el telón aún no se cierra
El pleno de la Cámara Baja acaba de dar un voto casi unánime, 460 a favor, para transformar cómo viajamos. No es solo una reforma a la Ley General de Turismo; es un cambio de guión. La meta es clara: que nadie se quede fuera del escenario por su edad o por tener una discapacidad.
La nueva ley busca asegurar acceso total, desde que planeas el viaje hasta que regresas a casa. Hablamos de infraestructura física, sí, pero también de que la información digital sea para todos. Es un reconocimiento tardío de que el derecho al descanso y al ocio es universal.
El dictamen especifica que la accesibilidad debe ser tanto física como digital, abarcando desde la llegada del viajero hasta la movilidad en las instalaciones.
Ahora le toca a la Secretaría de Turismo traducir esta buena intención en acciones concretas. Tendrá que crear normas oficiales y estrategias para derribar barreras en playas, museos, hoteles… en todos los sitios donde el país recibe visitantes.
La reforma también introduce las Zonas de Desarrollo Turístico Sustentable. Suena bien, ¿verdad? Son áreas con atractivos específicos que el Ejecutivo Federal podrá delimitar. La idea es promover el turismo cuidando el entorno. Un equilibrio necesario.
Pero atención: esto no es el final. Como en cualquier buen drama político, hay un segundo acto. La minuta ya viajó al Senado de la República para su revisión. Allí se definirá si este proyecto se convierte en realidad o se queda en otro bonito discurso.
Mi padre siempre decía que las leyes son letra muerta sin voluntad para aplicarlas. Esta reforma tiene el potencial de mejorar millones de vidas. Veremos si los actores en el Senado están a la altura del guión que les enviaron sus compañeros diputados.




