Porque nada dice “libertad” como una multa por equivocarse
En un giro que nadie pidió pero que sin duda alegrará a los amantes del protocolo más estricto, el grupo parlamentario del Partido Revolucionario Institucional (PRI) ha decidido que los problemas reales de México pueden esperar. Su nueva cruzada: sancionar con el peso de la ley a los funcionarios y servidores públicos que tengan la desfachatez de cometer un error humano durante la emotiva y a veces etílica noche del 15 de septiembre. Porque, seamos sinceros, ¿qué es más urgente? ¿Resolver la inseguridad o asegurarse de que un alcalde en Sonora no le agregue un toque picante al grito?
La brillante mente detrás de esta iniciativa es la diputada federal priista, Abigail Arredondo, quien ha propuesto imponer multas de hasta 103 mil pesos a los ofensores vocálicos. Su argumento, tan sólido como un flan en un temblor, es que esto evitará que la ceremonia del Grito de Independencia se convierta en una “burla nacional e internacional”. Claro, porque cuando los extranjeros piensan en México, seguramente lo primero que les viene a la mente no son las playas o la gastronomía, sino el alcalde de Huatabampo gritando “Viva el Erótico Pueblo”. La vergüenza nacional es palpable.
El decálogo del buen gritón (o cómo evitar la bancarrota cívica)
“Estamos contemplando como infracción a la ley“, declaró la diputada con una seriedad que bien merecería un monumento, “a quien lo incumpla o lo altere o modifique todo acto cívico“. La sanción puede ir desde una simple amonestación (una cartita de “eh, no lo vuelvas a hacer”) hasta la mencionada multa máxima, que dejaría a más de un funcionario municipal llorando sobre su contrato de seguro. La autoridad designada para esta crucial tarea de vigilancia patriótica sería la Secretaría de Gobernación, que seguramente no tiene nada más importante que hacer, como, no sé, gestionar la política interior del país.
Para ilustrar la magnitud de esta crisis nacional, la legisladora acompañó su propuesta con un compilado de video de las pifias más gloriosas cometidas por servidores públicos en los últimos años. Ahí encontramos perlas como la del alcalde de Escárcega, Campeche, Juan Carlos Hernández Rath, quien con entusiasmo gritó “¡Viva Josefa Ortiz de Pinedo!”, fusionando a dos héroes en uno como si fuera un Pokémon histórico. No se quedó atrás Evelio Vara, alcalde de Zaragoza, Coahuila, con su “¡Viva Josefa María Morelos y Pavón!”, creando una heroína transgénero del siglo XIX que sin duda merece su propia serie de Netflix. Pero el premio mayor se lo lleva Jesús Flores Mendoza, alcalde de Huatabampo, Sonora, cuyo “¡Viva el Erótico Pueblo de México!” nos hace preguntarnos seriamente qué estaba bebiendo exactamente antes de subir al balcón.
La diputada Arredondo Ramos explicó, con la cara más seria que pudo poner, que quienes se equivocan al mencionar a un héroe patrio están ofendiendo a México y a todos los mexicanos. Por supuesto, la verdadera ofensa para un ciudadano común es la corrupción o la impunidad, pero hey, prioridades. Un error en una lista de nombres en una noche de fiesta es claramente el enemigo público número uno.
La esencia de su iniciativa es reformar el artículo 51 de la Ley sobre el Escudo, la Bandera y el Himno Nacionales para incluir un protocolo mínimo y las frases básicas que deben ser recitadas en el acto cívico. Básicamente, quiere convertir el grito en un karaoke con letrero luminoso, eliminando cualquier atisbo de espontaneidad o, Dios no lo quiera, diversión. Se imagina uno a los funcionarios pasando la noche anterior repasando los nombres con flashcards, sudando frío ante la posibilidad de confundir a Guerrero con Guadalupe Victoria y terminar vendiendo el carro para pagar la multa. Es una medida tan necesaria como un submarino con puertas corredizas, pero que sin duda demostrará al mundo el férreo compromiso de la clase política mexicana con las cosas que realmente importan: la semántica ceremonial en estado puro.
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