La justicia, con su proverbial puntualidad, llega cuando menos se le espera
En un giro de eventos que nadie vio venir (o quizás todos, pero fingimos demencia), las calles de la alcaldía Tlalpan fueron el escenario de una captura que parece sacada de un mal guion de narcoserie. El protagonista de esta función, Uziel Jesús N, no era un simple extra: la autoridad lo señala como el cerebro director de una fracción de esa empresa familiar de dudosa reputación, La Familia Michoacana. Porque, ¿qué es un líder criminal sin sus fieles operadores? Nada. Por suerte para la trama, también detuvieron a dos de sus secuaces, y oh, sorpresa, no llevaban galletas de la fortuna. Les incautaron más de cien dosis de droga, un detalle menor que seguramente solo era para su consumo personal… y el de medio vecindario.
Un currículum vitae del ciudadano ejemplar
Parece que nuestro personaje principal no se conformaba con las aburridas juntas de condominio. Su hoja de servicios a la comunidad incluye ser señalado como el autor intelectual de un ataque en un funeral. Sí, leyó bien. Un funeral. Porque nada dice “honrar la memoria del difunto” como una lluvia de balas en pleno sepelio en la colonia 3 de Mayo, en Tláhuac. Un evento social, sin duda, inolvidable. La Secretaría de Seguridad Ciudadana (SSC), en un arranque de obviedad, informó del suceso. Como si el estruendo de los disparos no hubiese sido aviso suficiente.
Pero esperen, hay más en esta oferta de dos por uno en crímenes. Para demostrar su versatilidad, también se le vincula con el asesinato de una mujer dentro de su camioneta. Un acto de cobardía ocurrido el 25 de febrero, porque incluso los criminales necesitan una agenda apretada. Uno casi puede imaginar la logística: “Lunes: gestionar el negocio. Martes: ataque a funeral. Miércoles: homicidio en vehículo…” Una productividad envidiable, aunque de dudosa moralidad.
La heroica (y tardía) respuesta estatal
Tras estos alegres sucesos, los agentes de la SSC decidieron que quizás, solo quizás, deberían hacer algo. Implementaron trabajos de investigación y vigilancia, que básicamente consisten en darse cuenta de que un tipo peligroso se pasea en una camioneta gris por la misma zona. ¡Toma ya! El vehículo fue ubicado durante un rutinario patrullaje en la colonia Amsa. Los efectivos, con una agudeza visual digna de halcón, observaron a tres sujetos y a uno de ellos manejando lo que “parecía” ser un arma de fuego. Por lo general, lo que parece un arma, suele ser un arma, pero quién sabe, quizás era un secador de pelo de diseño muy agresivo.
Se acercaron y, en un movimiento audaz, les “marcaron el alto”. Tras una revisión que seguramente fue tan minuciosa como incómoda, les aseguraron el juguete metálico, sus respectivos cartuchos útiles (porque de nada sirven sin ellos) y 145 dosis de droga. Una cifra tan específica que uno se pregunta si llevaban contabilidad. Los tres caballeros fueron obsequiados con un viaje todo pagado a las oficinas de un agente del Ministerio Público, donde un funcionario tendrá el placentero trabajo de descifrar su situación jurídica. Buena suerte con eso.
¿No es fascinante ver cómo el ecosistema del crimen y la justicia a veces se entrelazan en un baile tan absurdo como predecible? Si esta joya de la realidad nacional le pareció tan irónica como a nosotros, no se la guarde. Compártala en sus redes sociales y ayude a esparcir el conocimiento… y el sarcasmo. Y si le interesa seguir explorando el surrealismo de la actualidad, descubra más contenidos relacionados en nuestro sitio web. La vida real, a menudo, supera a la ficción más descabellada.




