¿Victoria o cortina de humo?
La Administración para el Control de Drogas (DEA) estadounidense no suelta prenda. Acaba de publicar un hilo en X celebrando a bombo y platillo un operativo en Colima. El botín: 270 kilos de fentanilo y la detención de un tal Yair “N”. Suena a golpe maestro, ¿verdad?
“La incautación de hoy demuestra el poder de la cooperación internacional contra la organización terrorista extranjera CJNG”, tuiteó la agencia.
Ahí está la palabra mágica: cooperación. La DEA se apresura a colgarse la medalla por compartir “información crítica” con sus “socios” mexicanos. Hasta felicitaron al gobierno. Todo muy cordial, muy diplomático. Demasiado, quizás.
La memoria es más corta que un tuit
Pero uno no puede evitar recordar. Hace no tanto, las relaciones en este tema eran más tensas que una cuerda de guitarra. Acusaciones cruzadas, desconfianza institucional… y ahora esto. Un abrazo virtual por redes sociales.
El comunicado oficial habla de “salvar millones de vidas” y dar un “golpe” al Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG). Las cifras impresionan: 270 kilos equivalen a unos 14 millones de dosis, según las autoridades. Siete personas detenidas en Villa de Álvarez.
Sin embargo, la pregunta que ningún tuit oficial responde es obvia: ¿esto altera realmente el flujo? El fentanilo es barato, fácil de producir y mortíferamente eficaz. Desmantelas un laboratorio hoy, mañana surgen tres.
La DEA y el Departamento de Justicia pintan un cuadro de colaboración impecable. Omar García Harfuch, secretario de Seguridad Ciudadana mexicano, aparece como el héroe local del relato gringo. Es una narrativa pulcra, convenientemente empaquetada para consumo público.
Pero en este juego, los comunicados son solo una parte del tablero. Lo que no se dice a veces pesa más que lo que se proclama a los cuatro vientos. Hoy celebran juntos. Habrá que ver cuánto dura la luna de miel esta vez.




