¡Guelatao escribe su historia en la pantalla grande con Chicharras!
Imagina un lugar donde las decisiones nacen del diálogo, donde el bosque y la asamblea son tan protagonistas como sus habitantes. Así es Guelatao de Juárez, corazón zapoteco de Oaxaca que hoy inspira un cine revolucionario. La cineasta Luna Marán, con una energía contagiosa, nos invita a descubrir cómo el arte se convierte en espejo de la vida comunitaria: “Aquí no hay espectadores, todos somos creadores de esta historia”.
Un filme que late al ritmo de la Sierra
Chicharras no es solo una película, es un manifiesto vivo. Con escenas que capturan la lucha entre tradición y progreso, nos sumerge en San Pedro Begu’, un pueblo ficticio que enfrenta la llegada de una carretera. ¿Aceptarán el “desarrollo” o defenderán su territorio? Esta ficción refleja batallas reales: desde megaproyectos hasta la migración juvenil, pero sobre todo, celebra la sabiduría colectiva que busca soluciones con raíces y futuro.
Marán, con ojos brillantes, comparte: “Quisimos mostrar que otra economía es posible, una donde el trueque de ideas vale más que el dinero”. Y vaya que lo lograron: 120 personas de Guelatao dieron vida a esta obra, desde abuelos hasta niños, tejiendo un relato donde cada voz importa. ¡Hasta la banda sonora es comunitaria!
Cuando el cine rompe moldes
Olvida los sets hollywoodenses: aquí el permiso lo dio la asamblea, las locaciones fueron prestadas por familias y la maquinaria llegó en camiones compartidos. Yi´ Hagamos Lumbre, el colectivo detrás del proyecto, demuestra que el arte florece cuando se riega con cooperación. “No hay ‘directores estrella’, hay sueños en equipo”, recalca Luna, cuyo padre, el activista Jaime Martínez Luna, sembró hace décadas las semillas de esta revolución audiovisual.
¿Sabías que Guelatao ya alberga el primer cine comunitario de México? El Cine Too forma a nuevas generaciones, y ahora suman Kuitsí, un taller de animación en lenguas originarias. “Cada proyecto es una rama del mismo árbol: fuerte, diverso y lleno de frutos”, describe Marán con orgullo.
Mujeres que llevan el compás del cambio
En una escena poderosa, Yuli —maestra, criminóloga y funcionaria— demuestra el liderazgo multifacético de las mujeres zapotecas. “Ellas sostienen la triple jornada: trabajo, familia y comunidad”, destaca la directora. Este personaje, lejos de ser exagerado, es un homenaje documental a esas guerreras anónimas cuyas manos tejen el futuro.
Al final, lo que emociona de Chicharras es su verdad cruda y esperanzadora. Como dice Luna: “Ver nuestras imperfecciones en pantalla y amarlas, eso es resistencia”. La película ya recorre festivales internacionales, pero su mayor triunfo es resonar en las plazas de Oaxaca, donde vecinos se reconocen y renuevan su compromiso con la tierra.
¿Listo para ser parte de esta ola transformadora? Comparte este ejemplo de cómo el arte puede ser semilla de cambio. ¡Y sigue explorando historias que celebran la diversidad cultural en nuestra sección de cine con propósito!
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