El teatro político se calienta en La Paz
Víctor Castro Cosío, gobernador de Baja California Sur, salió al quite por su compadre Rubén Rocha Moya, el gobernador con licencia de Sinaloa. ¿La razón? Acusaciones desde el norte sobre presuntos vínculos con grupos que no mencionamos. Y no se anduvo con rodeos: pidió a Estados Unidos que le baje dos rayitas a lo que llamó agresiones.
“Es penoso que a través de una acusación sin pruebas se esté trabajando esto”, soltó Castro, con esa mezcla de indignación y estrategia que tanto le gusta.
Amistad por encima de todo
Aquí viene lo jugoso. El mandatario sudcaliforniano dejó claro que su amistad con Rocha no se tambalea ni con calumnias ni con verdades. Palabras textuales:
“La amistad de un servidor jamás va a ser puesta a prueba por una calumnia o una verdad… yo quiero mucho a don Rubén”.
Y remató: si alguien la regó, que lo juzguen, pero eso no rompe la amistad. Puro drama político con sentimiento real.
La sombra de la CIA
Castro no se quedó ahí. Vinculó todo con lo que llamó “práctica histórica documentada de parte de la CIA”. Su teoría: cuando los descubren, tiran humo con bombas mediáticas.
“Es el libro negro de ellos. Cuando se ven descubiertos es utilizar la bomba para tratar de echarle humo a la realidad… es el ABC bien aplicado de parte del imperio”.
¿Suena a película de espías? Así lo ve él.
Soberanía no se negocia
Sobre si esto afecta la relación bilateral, Castro fue tajante: no la pone en riesgo. Respalda la postura federal y cierra con broche de oro:
“La soberanía no se negocia. Espero que Estados Unidos le baje dos rayitas a las agresiones”.
En resumen: el gobernador de BCS se planta como escudo de Rocha, acusa intervencionismo y defiende la soberanía mexicana. El teatro político sigue su curso.




