Nacional
Brugada desmiente a asesor de Trump sobre seguridad en CDMX
La mandataria capitalina desmiente con datos contundentes las polémicas acusaciones y extiende una invitación inesperada.
Una Réplica que Estremeció los Cimientos de la Diplomacia
En un giro digno de los dramas políticos más intensos, la Jefa de Gobierno de la Ciudad de México, la formidable Clara Brugada Molina, se alzó como una titán defensora de la honorabilidad de la capital. Su misión: despedazar, con la precisión de un maestro espadachín, las incendiarias declaraciones de Stephen Miller, el influyente asesor del presidente de los Estados Unidos, Donald Trump. El corazón de la controversia latía con una acusación tan grave que amenazaba con envenenar la percepción internacional de la metrópoli: la insinuación de que la majestuosa Ciudad de México estaba, nada más y nada menos, que bajo el yugo del crimen organizado.
El escenario fue nada menos que el histórico Antiguo Palacio del Ayuntamiento, donde cada palabra resonaba con el peso de la historia. Con la elegancia de una estadista y la firmeza de una guerrera, Brugada Molina no solo rechazó la afirmación; la pulverizó. La calificó de ser una aseveración carente de todo fundamento, un eco vacío proveniente de la desinformación. Pero no se detuvo ahí. Lanzó un desafío, una invitación cargada de simbolismo y audacia. Convocó al propio Miller a visitar la urbe, a sumergirse en su vibrante vida y, sobre todo, a caminar por sus calles, a experimentar de primera mano la realidad que pretendía distorsionar.
Los Datos Irrefutables que Silencian la Calumnia
Y entonces, como revelando un arma secreta, la mandataria desplegó su artillería de datos duros, números tan elocuentes que resonaron como truenos en la sala. Anunció, con orgullo indomable, que desde el año 2019 los temibles delitos de alto impacto se habían desplomado en un asombroso 60%. Los homicidios, ese indicador sombrío, se habían reducido a la mitad, un 50% que representaba vidas salvadas y esperanzas renovadas. Incluso la escurridiza percepción de seguridad entre los ciudadanos había mejorado, demostrando que la transformación no solo era estadística, sino tangible en el sentir de la población.
Pero el golpe maestro, la jugada que dejó sin aliento, fue la mención de una comunidad silenciosa pero poderosa: los más de 20 mil estadounidenses que han elegido la Ciudad de México como su hogar. Brugada esgrimió este hecho como la prueba irrefutable, el argumento que desmoronaba por completo la narrativa del miedo. ¿Cómo era posible que tantos ciudadanos del norte eligieran establecerse en un lugar supuestamente dominado por el terror? La comunidad estadounidense, lejos de disminuir, había crecido de manera sustancial entre 2021 y 2025. “La realidad contradice al mismo asesor”, sentenció con una frialdad devastadora, insinuando que las palabras de Miller estaban en un universo paralelo, alejadas por completo de la verdad palpable.
El origen de este duelo dialéctico se remonta a una entrevista donde Miller, en un arrebato de retórica incendiaria, había proclamado: “¡Las ciudades gobernadas por los demócratas son más peligrosas que la Ciudad de México, que está gobernada por cárteles criminales!”. La frase, cargada de una generalización apocalíptica, no pasó desapercibida al otro lado de la frontera, encontrando una respuesta no solo de Brugada, sino también de la propia Presidenta de la República, Claudia Sheinbaum Pardo, cerrando filas en una muestra de unidad nacional frente a lo que se percibió como un agravio injusto.
Este episodio, más allá del conflicto inmediato, puso sobre la mesa la eterna batalla entre la percepción y la realidad, entre los prejuicios y los hechos comprobables. La Ciudad de México, con sus desafíos como cualquier gran metrópoli, se defendió con la poderosa arma de la verdad estadística y el testimonio vivo de sus residentes internacionales. Un capítulo que demostró que, a veces, la mejor respuesta a un discurso de temor es una invitación abierta a conocer la realidad.
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Nacional
Trump dice que seguirá en contacto con Machado
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, afirmó este viernes que planea mantener el contacto con la líder opositora venezolana, María Corina Machado.
Tras su encuentro del jueves en la Casa Blanca, Trump declaró que se trata de una mujer a la que “respeta mucho”. En esa reunión, Machado señaló que le transmitió al mandatario estadounidense que “hoy más del 90% de los venezolanos queremos lo mismo: vivir con libertad, dignidad y justicia”.
Los detalles del encuentro entre Trump y Machado
“Fue un gran honor para mí conocer a María Corina Machado, de Venezuela”, escribió Trump en una publicación en Truth Social. “María me presentó su Premio Nobel de la Paz por el trabajo que he realizado. Un gesto maravilloso de respeto mutuo”.
Nacional
Un triste hallazgo en la colonia que duerme entre calles con nombres festivos
El hallazgo de un cuerpo en la calle 23 de diciembre desató el protocolo habitual: cinta amarilla, curiosos y muchas preguntas sin respuesta.
La muerte llama a la puerta en la calle 23 de diciembre
Ah, la colonia 15 de enero. Un lugar tan festivo que incluso sus calles llevan nombres de fechas célebres. Pero ayer, en la calle 23 de diciembre, el regalo anticipado fue bastante más macabro: el cuerpo sin vida de un hombre. Porque nada dice “espíritu navideño” como encontrar a alguien que ya no respira sobre un colchón en la vía pública.
Los vecinos, esos héroes anónimos del cotilleo barrial, fueron los primeros en notar que algo andaba mal. Su radar de chismes se activó cuando vieron que el individuo en situación de calle que usualmente dormía allí llevaba demasiado tiempo quieto. ¿Estará profundamente dormido o profundamente muerto?, debieron preguntarse. Ante la duda, y demostrando una eficacia envidiable, optaron por lo más sensato: marcar al 911. Más vale prevenir que lamentar, ¿no?
Vecinos del lugar refieren que el hoy occiso es un individuo en situación de calle que comúnmente dormía en esta calle, por lo que se les hizo extraño ver que no se movía.
Así comenzó el circo. Llegaron los paramédicos de la Cruz Roja, confirmaron lo obvio —que efectivamente, estaba muerto— y dieron parte a las autoridades. Porque ese es el protocolo: tú encuentras el cuerpo, nosotros constatamos que es un cuerpo, y luego llamamos a los que se encargarán del cuerpo. Una cadena de mando perfectamente aceitada para gestionar la tragedia.
El despliegue oficial ante lo inevitable
No podían faltar. Los elementos de la Guardia Estatal y la Fiscalía General arribaron al sitio con esa mezcla de solemnidad y rutina que caracteriza estos eventos. Su misión: acordonar el área con esa cinta amarilla que tanto nos fascina y realizar las “indagatorias pertinentes”. ¿Pertinentes para qué? Para determinar, supongo, que un hombre sin hogar fue encontrado muerto en la calle donde solía dormir. Un misterio digno de Sherlock Holmes.
La calle fue cerrada. El tráfico, desviado. Todo debe detenerse mientras se realiza el levantamiento del cadáver y la necropsia de ley. Porque la burocracia de la muerte es implacable: formularios, procedimientos, esperas. Se estima que el cierre durará “un par de horas”, aunque todos sabemos que ese “par” puede estirarse más que un chicle pegado en el pavimento.
Y mientras tanto, ¿qué sabemos? Poco. Que era un hombre. Que aparentemente tenía lesiones en su cuerpo. ¿De qué tipo? No se especifica. Podrían ser desde moretones hasta señales de algo más siniestro. El comunicado oficial es tan vago que da pie a toda clase de especulaciones innecesarias y morbosas. ¿Se cayó? ¿Lo empujaron? ¿Le dio un patatús después de una cena cuestionable recuperada de un contenedor? El silencio oficial es el mejor aliado de la imaginación popular.
Lo más irónico del asunto es el escenario: una colonia llamada 15 de enero, una calle llamada 23 de diciembre. La muerte no respeta calendarios ni nomenclaturas festivas. Se instala donde quiere, incluso entre calles cuyo nombre evoca regalos y propósitos de año nuevo.
Al final del día, queda una pregunta flotando en el aire cargado de indiferencia urbana: ¿cuántas personas deben morir en el anonimato antes de que su paseo sea algo más que una nota policial breve? Hoy fue un hombre sin nombre en la calle 23 de diciembre. Mañana podría ser cualquiera.
¿Esta nota te hizo reflexionar (o por lo menos arquear una ceja)? Compártela con ese amigo al que le gusta comentar las noticias con un tono igualmente cáustico. Y si te interesa estar al tanto del pulso real –y a menudo absurdo– de la ciudad, explora más contenido como este.
Nacional
Diplomacia vaticana: reunión clave mientras la visita papal flota en el aire
El embajador en El Vaticano se reúne con Segob mientras la invitación al papa sigue en el limbo. ¿Visita papal o eterna espera?
La diplomacia mexicana con el Vaticano: mucho protocolo, poca confirmación y un papa en standby
Ahí va la cosa. Este martes, Alberto Barranco Chavarría, nuestro embajador ante la Santa Sede –sí, ese puesto existe y alguien lo tiene–, se sentó con Rosa Icela Rodríguez de Gobernación y Clara Luz Flores de Asuntos Religiosos. La agenda: revisar los asuntos bilaterales. O sea, la relación México-Vaticano, que suena a trama secundaria de una serie política pero aparentemente es importante.
“Siempre respetuosa y constructiva”, dijo Rodríguez sobre la reunión.
Traducción millennial: “Nos llevamos bien, no hubo drama, pero tampoco anunciamos nada espectacular”. Es el equivalente diplomático a poner “✨” en una historia de Instagram.
Pero hablemos de lo que todos queremos saber: ¿Y el papa? ¿Cuándo viene? Porque resulta que la presidenta Claudia Sheinbaum ya le extendió la invitación a León XIV –no confundir con los reyes franceses del pasado– durante una llamada por el Día de la Virgen de Guadalupe. Un movimiento clásico. El problema es que, desde entonces, la confirmación brilla por su ausencia.
El eterno ‘tal vez’ de la visita papal
La semana pasada, Barranco Chavarría estuvo por México para una reunión de embajadores y dejó caer esta perla:
“No hay todavía una respuesta”, dijo el embajador sobre la posible visita.
O sea, ni sí ni no, sino todo lo contrario. El Vaticano tiene a México en “visto”, como ese mensaje importante que nunca contestas. Sheinbaum misma comentó el 15 de diciembre que aún no había fecha. Así que seguimos en modo espera, con la incertidumbre como único plan confirmado.
El contexto importa: Una visita papal no es cualquier cosa. Requiere logística monumental, seguridad extrema y una agenda que equilibre lo espiritual con lo político. Además, León XIV lleva poco tiempo en el cargo –sí, es un nombre curioso para un papa moderno– y probablemente está priorizando otros frentes. Pero para México, especialmente con la devoción guadalupana, sería un evento de primer orden.
Mientras tanto, las reuniones como la de hoy sirven para mantener los canales abiertos. Para asegurar que, cuando (o si) llegue el sí del Vaticano, todo esté listo. Es diplomacia en su estado más puro: mucha preparación para un evento que puede o no ocurrir.
¿Qué sigue? Seguir esperando. La bola está en la cancha del Vaticano. Mientras tanto, México sigue haciendo su tarea: reuniones formales, declaraciones cuidadosas y ese optimismo cauteloso que caracteriza a las relaciones internacionales cuando hay mucho en juego pero pocas certezas.
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