Una Advertencia para la Economía y la Salud Pública
¿Sabías que una decisión fiscal bien intencionada puede tener un efecto completamente contrario al deseado? La Cámara Nacional de la Industria de la Transformación (Canacintra) ha lanzado una alerta crucial: si se aprueba para 2026 la propuesta de incrementar el Impuesto Especial sobre Producción y Servicios (IEPS) aplicado a los cigarros, podríamos estar frente a un punto de inflexión. Su proyección es contundente: la mitad de las compras de este producto se realizarían en el mercado negro. Imagina por un momento las consecuencias de que uno de cada dos cigarrillos consumidos escape por completo al control de las autoridades.
En la actualidad, este comercio ilícito ya representa una quinta parte del consumo total de tabaco, una cifra que de por sí es alarmante. Este fenómeno no es solo un problema de legalidad; se traduce en una pérdida fiscal de entre 13 mil y 15 mil millones de pesos anuales. El incremento tributario propuesto para el próximo año, lejos de ser la solución para disminuir el consumo, actuaría como un poderoso imán que atraería la oferta hacia el circuito clandestino. Este no es un pronóstico menor, es una realidad económica que ya estamos palpando.
El Peligro para las Nuevas Generaciones
Uno de los aspectos más sensibles de esta problemática lo destacó María de Lourdes Medina Ortega, presidenta de Canacintra. Ella asevera que esta medida facilitaría de manera dramática la venta de cigarros ilegales entre los menores de edad. Piensa en la lógica: cuando comprar una cajetilla en una tienda formal implica desembolsar, al menos, 20 pesos más que en el mercado irregular, la elección para un joven con recursos limitados se vuelve obvia. El Consejo Nacional de la Industria Tabacalera respalda estos datos, pintando un escenario donde la accesibilidad económica se convierte en el peor enemigo de la prevención.
La Sra. Medina Ortega fue clara y directa: frenar el consumo de cigarros no se logra únicamente con políticas fiscales punitivas. Esta batalla requiere armas más sofisticadas y efectivas: información veraz, educación constante y pláticas de prevención que expliquen de manera cruda y real los efectos del tabaquismo. Se trata de empoderar a la ciudadanía con conocimiento, no solo de gravar un producto hasta llevarlo a la clandestinidad. La concienciación es la piedra angular para un cambio duradero.
La historia reciente de México es el testigo más elocuente. La cámara de industriales recordó que en el pasado, aumentar los impuestos a los cigarros ha tenido resultados “terribles en materia económica, fiscal y de salud”. Y no se trata de una hipótesis abstracta. El paquete presupuestal para 2026 incluye una propuesta específica para elevar en un 30% el IEPS a los cigarros, lo que significa que la cuota pasaría de 0.6445 pesos por unidad a 1.1584 pesos. Un salto cuantioso que, según la evidencia, podría ser contraproducente.
Tomemos el ejemplo de 2024: las estimaciones iniciales calculaban una captación por IEPS a cigarros de 52 mil 699 millones de pesos. Sin embargo, la realidad se impuso y la recaudación real fue de apenas 48 mil millones de pesos. Esa brecha de miles de millones no es un simple error de cálculo; es la huella visible de un mercado que se está desplazando hacia la ilegalidad, evadiendo al fisco y operando fuera de cualquier regulación.
Las palabras de la presidenta de Canacintra no pueden ser más claras: “No son hipótesis o estimaciones: La historia en México, no de otro país, ya nos demostró que el combate al tabaquismo no es con políticas fiscales agresivas, es con información y políticas de salud de mediano y largo plazo“. Una mayor carga fiscal, insistió, solo incentiva el contrabando de tabaco y fortalece a un sector que evade impuestos y vende productos sin ninguna restricción, lo que facilita, de manera directa, el consumo de tabaco entre nuestros jóvenes.
Este debate trasciende lo económico y se adentra en el terreno de la salud pública y la cohesión social. Se necesita una estrategia integral que combine sensatez fiscal con una vigorosa campaña educativa. El objetivo final es noble y compartido por todos: un México más sano. Pero el camino para llegar allí debe estar pavimentado con medidas inteligentes y efectivas, que no alimenten inadvertidamente los problemas que pretenden resolver. La elección es clara: ¿repetir los errores del pasado o trazar un nuevo rumbo basado en la evidencia y la prevención?
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