La brillante estrategia fiscal que hará millonarios a los contrabandistas
Parece que el gobierno mexicano, en su infinita sabiduría, ha decidido darle una inyección de esteroides al mercado negro de cigarros. La propuesta de aumentar el Impuesto Especial sobre Producción y Servicios (IEPS) para 2026 no es, como algunos ingenuos podrían pensar, una medida de salud pública. Oh, no. Es en realidad un plan de estímulo económico para los señores del contrabando, quienes deben estar frotándose las manos con alegría. La Cámara Nacional de la Industria de la Transformación (Canacintra), en un arrebato de sinceridad, ha tenido la amabilidad de advertirnos que, de aprobarse esta genialidad, la mitad de las compras de cigarros se realizarán en el sórdido y emocionante mundo de la ilegalidad. Porque nada combate mejor un vicio que convertirlo en un negocio clandestino más rentable.
Actualmente, ese mercado ilícito ya representa un 20% del consumo total de tabaco, una cifra que parece modesta hasta que uno descubre que se traduce en una pérdida fiscal de entre 13 mil y 15 mil millones de pesos anuales. Imagínense: con ese dinero podríamos financiar… bueno, casi cualquier cosa. Pero la nueva propuesta busca superar con creces ese récord. El incremento impositivo, lejos de disuadir a los fumadores, los empujará gustosamente a los brazos de los vendedores que no preguntan por la identificación y, de paso, no molestan con esos tediosos impuestos. Una estrategia redonda.
Por el bien de los niños, compren en el mercado negro
En un giro argumental que haría palidecer a cualquier guionista, la presidenta de la Canacintra, María de Lourdes Medina Ortega, ha esgrimido la protección de los menores de edad como una de las razones para no subir los impuestos. Su lógica, impecable en su absurdidad, es la siguiente: si una cajetilla se encarece unos 20 pesos más en una tienda formal, los adolescentes, conocidos por su aversión al riesgo y su estricto cumplimiento de la ley, simplemente acudirán al amable señor que vende sin factura en la esquina. Así, la medida fiscal se convierte, sin querer queriendo, en el mejor aliado del acceso juvenil al tabaco. ¡Bravo!
La Sra. Medina Ortega, con la convicción de quien descubre agua mojada, afirmó que no son las políticas fiscales las que frenan el consumo, sino la información y las pláticas de prevención. Por supuesto, todos sabemos lo efectivas que son esas charlas contra la poderosa combinación de rebeldía adolescente y productos más baratos. ¿Quién necesita leyes cuando puedes tener un folleto?
Lecciones del pasado que preferimos ignorar
Para aquellos que creen en eso de “aprender de la historia”, la cámara industrial nos recuerda amablemente que aumentar los gravámenes a los cigarros ya ha tenido resultados “terribles en materia económica, fiscal y de salud”. El paquete presupuestal para 2026 incluye la brillante idea de incrementar el IEPS en un 30%, pasando de 0.6445 pesos por cigarro a la deslumbrante cifra de 1.1584 pesos. Un salto cuántico hacia… ¿un mayor contrabando?
Y no es una suposición. Es matemática básica. En 2024, se estimaba una recaudación de 52,699 millones de pesos por el impuesto al tabaco. La realidad, siempre tan fastidiosa, se impuso y sólo se captaron 48,000 millones. Una diferencia de apenas cuatro mil setecientos millones de pesos. Un detalle sin importancia, seguramente. Un error de redondeo.
“No son hipótesis o estimaciones”, sentenció la presidenta de la Canacintra, como si intentara convencer a un grupo de terraplanistas. “La historia en México, no de otro país, ya nos demostró que el combate al tabaquismo no es con políticas fiscales, es con información y políticas de salud de mediano y largo plazo”. Claro, porque en un país de contrastes, apostar por la paciencia y la educación a largo plazo siempre ha dado mejores titulares que una medida fiscal inmediata y contraproducente. Mayor carga fiscal, nos dice, solo incentivará el contrabando y facilitará el consumo entre menores de edad. En resumen: para salvar a los jóvenes, debemos mantener los impuestos bajos. Una jugada maestra de lógica corporativa.
Así que prepárense, queridos ciudadanos. El futuro se vislumbra lleno de humo… de dudosa procedencia. El gobierno, en su lucha contra el tabaquismo, podría estar a punto de crear el escenario perfecto para que el crimen organizado diversifique su portafolio. Y los fumadores, atrapados entre su hábito y su bolsillo, tendrán que decidir entre ser buenos contribuyentes o clientes astutos. ¿Quién dijo que la política fiscal no era emocionante?
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