“No es la decisión correcta”
Volodymyr Zelenskyy no anda con rodeos. En París, junto a Emmanuel Macron, el presidente ucraniano lanzó una crítica directa contra la última medida de Washington: una exención de 30 días a las sanciones sobre el petróleo ruso.
“Este alivio por sí solo por parte de Estados Unidos podría proporcionarle a Rusia unos 10.000 millones de dólares para la guerra”, sostuvo Zelenskyy. “Esto ciertamente no ayuda a la paz”.
Las palabras tienen peso. Cada barril que se vende sin restricciones, según Kiev, se traduce en más armas en el frente. Zelenskyy lo dejó claro: para él, levantar sanciones temporalmente solo significa que después habrá “más drones volando hacia ti”.
El contexto incómodo
La decisión estadounidense busca liberar cargamentos rusos varados en el mar. El objetivo declarado es aliviar la escasez global de suministro causada por el conflicto con Irán. Pero el efecto secundario es innegable: un respiro financiero para Moscú.
Los analistas ya señalan algo preocupante. Los bloqueos en el golfo Pérsico han disparado los precios del crudo. Y esa subida beneficia directamente a la economía rusa, que depende como nadie de los ingresos petroleros para financiar su máquina bélica.
Macron, desde París, intentó calmar las aguas. Aseguró que las amplias sanciones contra Rusia siguen vigentes y que estas exenciones son “limitadas” y “excepcionales”. Su mensaje fue: esto no es un retroceso permanente.
Pero Zelenskyy mira más allá del discurso diplomático. Ve un patrón peligroso donde la geopolítica global—la guerra con Irán—complica aún más su lucha local. Las conversaciones mediadas por EE.UU. entre Moscú y Kiev están en pausa precisamente por ese conflicto lejano.
La ironía es cruel. Mientras se busca estabilizar un mercado energético global en crisis, Ucrania paga el precio en el campo de batalla. Para Zelenskyy, no hay atajos que valgan cuando el resultado es financiar al invasor.




