El coste absurdo de convertirse en “hombre”
Sudáfrica nos brinda, una vez más, una lección magistral sobre cómo convertir una tradición ancestral en una ruleta rusa con resultados previsibles y trágicamente estúpidos. Al menos 41 jóvenes han tenido el dudoso honor de fallecer en los últimos meses, no en una guerra ni por una pandemia, sino por el glorioso procedimiento de la circuncisión ritual. Sí, has leído bien. El pasaporte hacia la adultez para algunas comunidades, como los Xhosa, se ha transformado en un billete de ida al más allá, gracias a una mezcla explosiva de negligencia, codicia y consejos médicos que harían llorar a cualquier estudiante de primero de enfermería.
Las autoridades, que seguramente estaban ocupadas en asuntos más importantes, anunciaron este martes el macabro balance. El rito de iniciación, ese momento tan especial donde se inculcan valores y responsabilidades, tiene la molesta costumbre de acabar en tragedia año tras año. Tanto, que el gobierno ha tenido que intervenir. Imagínate, tener que legislar para que no maten a los niños en una ceremonia cultural. Qué sensibles somos los modernos, arruinando la autenticidad de las cosas.
Negocio, tradición y una pizca de desprecio por la vida
Por supuesto, existe una normativa. Las escuelas de iniciación deben estar registradas. Pero, ¡oh, sorpresa! eso no ha detenido la floreciente industria de las escuelas de iniciación ilegales. ¿La motivación? Dinero, querido lector. Los padres pagan por este “servicio”, y algunos avispados emprendedores vieron una oportunidad de oro (literalmente) para montar su chiringuito sin papeles, ni estándares, ni, aparentemente, agua potable. Porque, ¿quién necesita hidratarse después de una intervención quirúrgica en condiciones dudosas? Absurdo.
El ministro de Asuntos Tradicionales, Velenkosini Hlabisa, salió a escena para repartir culpas con la elegancia de un elefante en una cacharrería. Culpó a la negligencia de las escuelas, ¡incluso de las registradas!, y a los propios padres por no hacer seguimiento. Y luego soltó la perla: entre los sabios consejos que reciben los chavales está el de evitar beber agua para sanar más rápido. Brillante. La deshidratación como método de curación. Alguien debería nominar a ese anónimo gurú para el Nobel de Medicina.
La joya de la corona es la provincia del Cabo Oriental, un auténtico “punto caliente” donde se han concentrado 21 de estas muertes. Hlabisa también anunció, para que parezca que hacen algo, el arresto de 41 personas vinculadas a escuelas ilegales. Entre ellos, padres que mintieron sobre la edad de sus vástagos. Porque la ley dice que hay que tener al menos 16 años. Porque morir a los 15 carece del glamour cultural necesario, supongo.
Mientras, la iniciación tradicional sigue su curso, y el regreso de los supervivientes se celebra con alegres festejos. Uno no puede evitar preguntarse: ¿cuántos faltarán a la fiesta el próximo año? ¿Cuántas familias cambiarán los cantos por lamentos gracias a esta mezcla letal de ritualismo y desidia? Es el eterno debate entre preservar una identidad y usar, aunque sea un poquito, el sentido común. Al parecer, el sentido común no es tan tradicional.
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