Un golpe que cambia el tablero
La noticia cayó como un misil: el ayatolá Ali Jamenei, el hombre que llevaba décadas dirigiendo Irán con mano de hierro, murió en un ataque conjunto de Israel y Estados Unidos. Donald Trump lo anunció el sábado, diciendo que daba a los iraníes su “mayor oportunidad” de “recuperar el país”. Pero lo que realmente abrió fue una caja de Pandora geopolítica.
Detalles de una operación letal
El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, habló de “señales crecientes” de que Jamenei, de 86 años, había sido abatido cuando Israel atacó su complejo. Dos funcionarios israelíes, bajo anonimato, confirmaron después su muerte.
Trump instó al público iraní a “tomar las riendas de su destino” levantándose contra el liderazgo.
La operación fue planeada durante meses y se ejecutó en pleno Ramadán. Según un diplomático iraní ante la ONU, cientos de civiles murieron. Los medios estatales iraníes hablaron de al menos 201 fallecidos y más de 700 heridos.
Irán respondió lanzando misiles y drones hacia Israel y bases estadounidenses en la región. El ejército de EE.UU. dijo que no hubo bajas propias y daños mínimos, pese a “cientos de ataques”.
El vacío de poder y la respuesta
Jamenei no tenía un sucesor claro. Dirigía el estamento clerical y a la Guardia Revolucionaria, los dos pilares del poder. Su muerte crea un vacío enorme.
Entre los objetivos estaban instalaciones militares clave y varios miembros del cuerpo gobernante. Israel dijo haber abatido al comandante de la Guardia Revolucionaria, al ministro de Defensa y a un asesor cercano a Jamenei.
Mientras, en Teherán, testigos contaron a la AP que algunos residentes se regocijaban. Un contraste brutal con las imágenes que llegaban del sur del país: al menos 85 personas murieron cuando una escuela de niñas fue alcanzada.
Reacciones y escalada peligrosa
Los demócratas en EE.UU. denunciaron que Trump actuó sin autorización del Congreso. Las tensiones ya venían subiendo desde hace semanas.
El detonante pareció ser la reciente ronda fallida de conversaciones nucleares. Aunque Trump declaró el año pasado que el programa nuclear iraní estaba “aniquilado”, la inteligencia mostraba que Irán había reconstruido capacidad.
Ahora, los ataques han debilitado las defensas aéreas iraníes y su liderazgo militar en un momento ya frágil. La guerra desencadenada tras el 7-O ha dejado a los aliados regionales de Irán muy tocados.
Consecuencias inmediatas y futuras inciertas
Los vuelos en Oriente Medio se interrumpieron. Se escucharon explosiones desde Dubái hasta Qatar. Arabia Saudita dijo que repelió un ataque iraní contra su capital.
Trump reconoció que podría haber bajas estadounidenses: “eso suele ocurrir en la guerra”.
Un dato clave: un tercio del petróleo transportado por mar pasa por el Estrecho de Ormuz. Cualquier amenaza ahí sacude los mercados globales.
Lo que viene es una niebla espesa. Sin Jamenei, sin un sucesor claro, con una economía diezmada por sanciones y ahora bajo ataque directo, la República Islámica enfrenta su prueba más dura desde la revolución de 1979. Y todo Oriente Medio contiene la respiración.




