Un nuevo frente de guerra se abre en el Golfo
Estados Unidos e Israel han abierto un nuevo y asombroso capítulo bélico. Este sábado lanzaron un ataque masivo contra objetivos en todo Irán, incluyendo las inmediaciones de las oficinas del líder supremo, el ayatolá Ali Jamenei.
Desde Dubái, donde columnas de humo ya son visibles, la situación se desarrolla a una velocidad vertiginosa.
“Cuando hayamos terminado, tomen el control de su gobierno. Será suyo. Esta será probablemente su única oportunidad durante generaciones”, dijo Donald Trump en un video anunciando las operaciones.
El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, hizo eco del ambicioso objetivo: crear condiciones para que “el valiente pueblo iraní tome las riendas de su destino”.
La respuesta no se hizo esperar
Irán respondió tal como había amenazado durante meses. Primero con una oleada de misiles y drones contra Israel. Luego con ataques contra instalaciones militares estadounidenses en Bahréin, Kuwait y Qatar.
La agencia estatal IRNA reportó la muerte de 40 estudiantes en una escuela femenina en el sur del país. Al menos otras 45 resultaron heridas en Minab, provincia de Hormozgán.
En un comunicado desafiante, el Ministerio de Exteriores iraní afirmó que “no dudará” en su respuesta. “Ha llegado el momento de defender la patria”, señalaron.
El ataque es la segunda vez en ocho meses que el gobierno de Trump utiliza la fuerza militar contra la República Islámica. Se produce semanas después de la operación para capturar al entonces presidente de Venezuela, Nicolás Maduro.
Trump justificó la acción alegando que Irán sigue desarrollando su programa nuclear y planea misiles capaces de alcanzar territorio estadounidense.
“Han rechazado toda oportunidad de renunciar a sus ambiciones nucleares, y ya no podemos soportarlo”, declaró el mandatario republicano.
Pero los motivos parecen ir más allá del programa nuclear. Trump enumeró agravios que se remontan a la revolución de 1979, cuando Irán pasó de ser aliado a “feroz enemigo”.
El tablero regional se recalienta
Las represalias iraníes han activado alarmas en toda la región. Bahréin reportó un ataque con misiles contra la sede de la Quinta Flota estadounidense. En Kuwait se escucharon explosiones cerca del Mando Central del Ejército de EE.UU.
Emiratos Árabes Unidos e Irak cerraron su espacio aéreo inmediatamente. En Jordania se activaron las sirenas antiaéreas.
Los rebeldes hutíes de Yemen, respaldados por Irán, prometieron reanudar sus ataques contra la navegación en el mar Rojo y contra Israel.
El impacto económico podría ser enorme si se pone en peligro el estrecho de Ormuz. Por esa zona pasan más de 14 millones de barriles diarios de petróleo, alrededor de un tercio del total mundial transportado por mar.
Las embajadas estadounidenses en Qatar, Emiratos Árabes Unidos e Israel pidieron a su personal que se pusiera a cubierto. Recomendaron a todos los ciudadanos estadounidenses que “hagan lo mismo hasta nuevo aviso”.
Mientras tanto, Jamenei no ha realizado apariciones públicas en los últimos días. Durante la guerra de 12 días en junio, se creía que había sido trasladado a un lugar seguro lejos de Teherán.
La televisora estatal iraní reportó explosiones cerca de sus oficinas, pero no indicó la causa ni ofreció información sobre víctimas.
Un funcionario bajo condición de anonimato confirmó que los objetivos israelíes incluían al ejército iraní, símbolos del gobierno y objetivos de inteligencia.
La comunidad internacional observa con preocupación cómo este ataque coordinado redefine las reglas del juego en una región ya convulsa.




