Internacional
México despliega ayuda masiva para Cuba en medio de crisis
México envía más de 800 toneladas de víveres a Cuba en un gesto de solidaridad que reaviva viejos lazos diplomáticos.

México manda un salvavidas a Cuba
Dos buques de la Armada mexicana zarparon este domingo desde Veracruz con una carga que habla más que mil discursos: más de 800 toneladas de ayuda humanitaria con destino a La Habana. El gobierno de Claudia Sheinbaum pone números concretos a la retórica solidaria.
¿Qué lleva este convoy flotante? De todo. Desde leche líquida y en polvo hasta arroz, frijol, atún y artículos de higiene personal. La Secretaría de Relaciones Exteriores detalló que son 536 toneladas de alimentos básicos y suministros.
“El pueblo de México mantiene viva su tradición solidaria con los pueblos de América Latina y en particular con el pueblo de Cuba”, declaró la SRE.
Los buques Papaloapan e Isla Holbox navegan ahora con 277 toneladas adicionales solo de leche en polvo. Y esto es solo el primer capítulo: quedan otras 1,500 toneladas esperando turno para cruzar el Caribe.
Un patrón que se repite
No es la primera vez. México ha desplegado ayuda similar recientemente: incendios en California y Chile, inundaciones en Texas. La cancillería insiste en que es parte del ADN diplomático del país.
“Cuba y México somos pueblos hermanos, herederos de una larga historia solidaria que hoy honramos”, apuntó el comunicado oficial.
Pero detrás del gesto humanitario laten preguntas incómodas. ¿Simple solidaridad o cálculo geopolítico? ¿Ayuda desinteresada o refuerzo de alianzas en un continente fracturado? La historia entre estos dos países siempre ha sido más compleja que un cargamento de frijoles.
Lo cierto es que las toneladas ya están en camino. Llegarán en cuatro días a una isla que las necesita. El resto—las intenciones, las consecuencias, los mensajes entre líneas—seguirá navegando en aguas mucho más turbias.
Internacional
La sombra de Epstein alcanza a un histórico socialista francés
El exministro francés Jack Lang es presionado a dimitir tras revelarse su vínculo con el financiero Jeffrey Epstein en documentos oficiales.

La presión crece sobre Jack Lang
Las redes del caso Epstein siguen extendiéndose. Esta vez han llegado hasta París, sacudiendo los círculos políticos y culturales. La figura en el centro del huracán es Jack Lang, exministro de Cultura y actual presidente del Instituto del Mundo Árabe.
El nombre de Lang aparece en los estatutos de un fondo offshore creado por Epstein en 2016. Los documentos, difundidos por el Gobierno estadounidense y revelados por Mediapart, muestran una dotación de 1,4 millones de euros.
“Estoy estupefacto”, declaró Lang sobre la inclusión de su nombre, calificando el hecho de un “descaro”.
El político de 86 años niega rotundamente haber tenido conocimiento de actividades ilícitas. Insiste en que nunca supo de los crímenes sexuales del financiero, a quien conoció —según explica— a través del cineasta Woody Allen.
Las consecuencias políticas
Aunque no enfrenta cargos judiciales, la presión es intensa. El Gobierno francés ha dejado claro que Lang debería considerar su salida para proteger la imagen del Instituto del Mundo Árabe. Este organismo depende directamente del Ministerio de Exteriores.
Incluso dentro de su propio Partido Socialista hay voces críticas. Argumentan que, aunque no esté implicado penalmente, su permanencia daña a la institución que preside.
El escándalo también ha tocado a su hija, Caroline Lang. Dimitió como directora del Sindicato de la Producción Independiente tras revelarse su participación en la creación de la sociedad offshore. Ella también asegura que Epstein era solo un conocido y desconocía sus actividades.
Por ahora, Lang se resiste a renunciar. Pero los llamados a su dimisión no hacen más que crecer. El Ejecutivo francés busca contener el impacto político de un escándalo con ramificaciones internacionales que sigue dando sorpresas años después.
Lo cierto es que cada nuevo documento sobre Epstein sigue removiendo cimientos. Y en Francia, esta vez le ha tocado a una figura histórica enfrentar las preguntas incómodas.
Internacional
Trump publica y borra video racista sobre Obama
La Casa Blanca retira un video racista tras una avalancha de críticas, atribuyéndolo a un ‘error’ de su equipo.

Un ‘error’ que desata el escándalo
La administración Trump se vio forzada este viernes a dar marcha atrás. Retiró de sus redes un video donde aparecían Barack y Michelle Obama representados como primates en una jungla. La oleada de condenas fue inmediata y cruzó líneas partidistas.
“Lo más racista que he visto salir de la Casa Blanca”, dijo el senador republicano Tim Scott.
Primero, la secretaria de prensa Karoline Leavitt negó que el contenido fuera ofensivo. Horas después, la explicación oficial cambió: fue un “error de un miembro del personal”. Para muchos observadores, esa retirada es una rara admisión de culpa por parte de un equipo que rara vez se disculpa.
Un patrón preocupante
El clip de 62 segundos venía de un meme ultraconservador y formaba parte de una serie de publicaciones en Truth Social que repetían las falsas acusaciones de fraude electoral de 2020. En él, Trump aparecía como el “Rey de la Jungla”.
Las reacciones fueron contundentes. Bernice King, hija de Martin Luther King Jr., denunció su carácter deshumanizante. La NAACP lo calificó de “repugnante”. El incidente reavivó el debate sobre la retórica incendiaria del expresidente y los estereotipos racistas históricos en EE.UU.
Lo más irónico: esto ocurre en pleno Mes de la Historia Negra, con actos oficiales celebrando los avances contra el racismo. Mientras, desde la cuenta presidencial se comparte este material. El contraste no podría ser más crudo.
El episodio tensa aún más el clima político en Washington y muestra cómo los símbolos del pasado más oscuro siguen siendo herramienta en el presente. No es un error aislado. Es parte de un guion que ya conocemos.
Internacional
Diálogo Irán-EEUU reanuda en Omán entre sanciones y escepticismo
Primeras conversaciones Irán-EEUU tras meses de tensión concluyen en Omán con tono positivo, pero sin avances concretos y con desconfianza latente.

Un respiro tenso, pero solo un respiro
Las primeras conversaciones entre Irán y Estados Unidos desde los bombardeos de junio terminaron este viernes en Mascate. Ambas partes las calificaron de “positivas”, pero nadie anunció ningún avance real. Es el clásico comunicado diplomático que oculta más de lo que muestra.
El jefe de la diplomacia iraní, Abbas Araghchi, dijo que al menos sirvieron para “aclarar posturas”. Lo más concreto fue acordar seguir hablando. Eso, por ahora, aleja el fantasma de una nueva ofensiva militar que Donald Trump había estado agitando.
“Las conversaciones fueron serias y útiles para identificar posibles áreas de progreso”, señaló el mediador omaní, Badr al Busaidi.
Pero aquí está el detalle: las delegaciones ni siquiera se sentaron juntas. Fue todo indirecto, con el ministro omaní haciendo de mensajero entre salas separadas. Eso te dice todo sobre el nivel de confianza actual.
El verdadero problema: no hablan de lo mismo
Irán quiere una cosa: hablar solo de su programa nuclear. Punto. Washington exige mucho más: compromisos sobre misiles, su apoyo a grupos armados en la región y hasta la situación interna del país persa. Son dos agendas completamente distintas tratando de encajar en una misma mesa.
La composición de la delegación estadounidense tampoco ayudó. Junto al enviado especial, estaban Jared Kushner y, lo que más molestó en Teherán, el almirante Brad Cooper, jefe del mando militar estadounidense en Oriente Medio (CENTCOM).
Fuentes iraníes advirtieron enseguida que meter a mandos militares en esto podía poner en riesgo todo el proceso. Araghchi fue claro:
“Cualquier diálogo requiere el cese de amenazas y presiones”.
Y justo horas después de que terminara la reunión, Washington lanzó su respuesta: nuevas sanciones contra personas y barcos vinculados a la exportación de petróleo iraní.
Un guion visto demasiadas veces. Se reúnen para rebajar la tensión y, casi al mismo tiempo, uno lanza un golpe que la sube de nuevo. Es un baile peligroso donde un paso en falso puede significar otra escalada.
Así que sí, hubo diálogo. Pero la desconfianza es tan profunda como las diferencias. El proceso es frágil y su futuro no depende de los enviados en Omán, sino de decisiones políticas mucho más arriba, en Teherán y Washington.

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