El drama aéreo en la feria de Culiacán
La tarde en el Parque Culiacán 87 se convirtió en una escena de suspenso cinematográfico. Quince personas, entre adultos y menores, quedaron atrapadas a gran altura cuando la rueda de la fortuna simplemente dejó de funcionar.
El cable de acero que hace girar las canastillas se reventó. No fue un susto menor—fue una falla total que dejó a las familias colgando, inmóviles, con el suelo lejos bajo sus pies.
“Ante la imposibilidad de una pronta reparación se pidió ayuda”, reportaron las autoridades.
Un rescate que parecía película
Bomberos estatales y municipales unieron fuerzas. Trajeron dos grúas enormes y escaleras especializadas. Imaginénselo: esas máquinas gigantes levantándose hacia el cielo para alcanzar cada canastilla.
Fue una operación lenta, meticulosa. Cada movimiento calculado para no poner en riesgo a nadie más. El alivio llegó cuando el último pasajero tocó tierra.
Los paramédicos revisaron a todos inmediatamente. Milagrosamente, ninguno necesitó hospitalización. Solo susto, mucho susto.
¿Un patrón preocupante?
Esto me hace recordar algo: en noviembre del año pasado, en la Feria Canaco-Los Mochis, la montaña rusa también falló. Los pasajeros tuvieron que bajar caminando por una rampa de emergencia.
En ese incidente, hasta un empleado subió a guiar a tres jóvenes atrapados en lo más alto. Ismael Gastelum, uno de los afectados, contó en redes sociales que les ofrecieron devolverles su dinero.
¿Coincidencia? Quizás. Pero dos fallas importantes en juegos mecánicos en poco tiempo… hace que uno se pregunte sobre los protocolos de mantenimiento.
El teatro político tiene sus dramas, pero el teatro de las ferias debería ser solo diversión. Cuando la seguridad falla, no es un accidente—es un mensaje sobre cómo valoramos a nuestra gente.
Hoy salió bien. Todos están a salvo. Pero la próxima vez… ¿tendremos la misma suerte?




