La alianza que ya no asusta
Lo dicen los analistas más fríos: la OTAN ha perdido músculo disuasorio. A pesar de las inversiones millonarias para apoyar a Ucrania y las promesas de gastar más en defensa, algo clave se ha roto por dentro. La confianza.
Y las grietas tienen nombre propio. Las amenazas del expresidente Donald Trump sobre apoderarse de Groenlandia –territorio danés– no fueron un chiste malo. Fueron un misil contra el principio más sagrado del pacto: la integridad territorial.
“La crisis de Groenlandia debilitó de manera duradera a la OTAN, al poner en entredicho el principio de integridad territorial que sustenta el Artículo 5”, señaló Sophia Besch, analista de Carnegie Europe.
Ese artículo es la cláusula que obliga a todos a defender a uno. Si ya no se cree en las fronteras, ¿en qué se cree?
Rusia toma nota
Moscú no necesita espías para verlo. Sus funcionarios hablan abiertamente de una “crisis profunda” en Occidente. Mientras los aliados discuten, ellos actúan: sabotajes, ciberataques, intimidación. Las promesas europeas de gastar más no parecen asustarles.
La duda más peligrosa ahora es sobre Estados Unidos. ¿Seguirá comprometido con la seguridad europea? La posibilidad de que retire más tropas y la ambigüedad de su liderazgo tienen a los gobiernos continentales mirándose con inquietud.
El mensaje final es claro: si la OTAN no recupera una voz única y creíble, sus adversarios pensarán que pueden presionar sin temor a una respuesta unida. Y ese es un juego muy arriesgado.




