Internacional
La cumbre en Alaska redefine el equilibrio de poder entre Rusia y EU
La reunión entre Trump y Putin redefine el aislamiento de Rusia, mientras Ucrania enfrenta consecuencias estratégicas.

Análisis de la cumbre Alaska: implicaciones geopolíticas
La reunión celebrada el 16 de agosto de 2025 en Anchorage, Alaska, entre los presidentes Donald Trump y Vladimir Putin, marcó un punto de inflexión en las relaciones bilaterales tras años de tensión diplomática. El encuentro, el primero en suelo estadounidense desde el inicio de la guerra en Ucrania en 2022, simbolizó un intento de normalización que contrasta con el discurso previo de aislamiento hacia Moscú. María Zakharova, portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores ruso, destacó este giro al referirse a la “alfombra roja” desplegada para el mandatario ruso, un gesto interpretado como reconocimiento tácito de su influencia global.
Agenda fallida y victorias estratégicas
Pese a que el cese al fuego en Ucrania figuró como tema central, las casi tres horas de diálogo no arrojaron acuerdos concretos. Sin embargo, Putin logró su objetivo táctico: situar a Rusia en un plano de igualdad frente a EU. Durante la conferencia de prensa, el líder ruso enfatizó las “causas profundas” del conflicto, reiterando su postura de neutralizar amenazas desde Kiev, incluida la expansión territorial en el Donbás y la instalación de un gobierno no alineado con Occidente. La ausencia de compromisos vinculantes permite a Moscú mantener su ofensiva militar mientras evade nuevas sanciones, aprovechando la división en la OTAN.
La cobertura mediática rusa, especialmente en Rossiya 24, presentó el evento como un triunfo diplomático. Corresponsales destacaron el “gran paso adelante” en las declaraciones conjuntas, aunque admitieron el malestar previsible entre aliados europeos. La narrativa de Rusia como “país paria” se debilitó ante imágenes del apretón de manos entre ambos líderes, un contraste con la política de sanciones impulsada por la UE desde 2022.
Repercusiones y próximos pasos
La invitación de Putin a Trump para una próxima reunión en Moscú, transmitida en inglés por TASS, añadió otra capa de complejidad. Aunque el republicano calificó la propuesta de “interesante”, reconoció su potencial controversia doméstica. Analistas coinciden en que el Kremlin busca capitalizar esta apertura para fracturar la unidad occidental, mientras Ucrania enfrenta presiones militares y diplomáticas sin precedentes.
Este escenario sugiere un cambio en la estrategia de Washington, donde priorizar el diálogo con Moscú podría relegar a un segundo plano las demandas de Kiev. La falta de avances tangibles para detener la guerra, combinada con la ausencia de medidas punitivas contra Rusia, plantea interrogantes sobre el futuro del orden internacional basado en normas.
¿Qué sigue? La comunidad internacional observa si esta cumbre derivará en una distensión real o solo en una pausa táctica. Mientras, las tropas rusas consolidan posiciones en el este ucraniano, y la economía del país evade el impacto de sanciones adicionales.
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Internacional
Starmer apuesta por China pese a advertencias de Trump
El primer ministro británico busca negocios en China mientras Trump advierte y legisladores rechazan acuerdos sobre sanciones.

La visita de Starmer a Beijing: negocios, advertencias y una polémica sanción levantada
Keir Starmer aterrizó en Shanghái con una misión clara: abrir puertas para las empresas británicas. Lo hizo acompañado de más de 50 líderes empresariales, en la primera visita de un primer ministro del Reino Unido a China en ocho años. El mensaje era económico, pero el contexto era pura geopolítica.
Horas antes, desde Washington, Donald Trump soltó una advertencia. Dijo que era “muy peligroso” que el Reino Unido hiciera negocios con Beijing. Starmer intentó quitarle hierro al asunto, sugiriendo que las críticas de Trump iban más dirigidas a Canadá.
“No creo que sea prudente que el Reino Unido esconda la cabeza en la arena”, afirmó Starmer a Sky News. “China es la segunda economía más grande del mundo… hemos abierto muchas oportunidades para la creación de empleos y riqueza”.
El gesto concreto: sanciones levantadas
Tras reunirse con Xi Jinping, Starmer anunció un logro concreto. China levantaría la prohibición de viaje impuesta a varios legisladores británicos. Esas restricciones se habían establecido después de que el gobierno conservador anterior sancionara a funcionarios chinos por los informes sobre los uigures en Xinjiang.
“La respuesta de los chinos es que las restricciones ya no se aplican”, dijo Starmer a ITV News.
Pero el acuerdo no sentó bien a todos. Los propios legisladores sancionados, incluido el exlíder conservador Iain Duncan Smith, salieron al paso con un comunicado contundente.
“Preferiríamos permanecer bajo sanción indefinidamente que tener nuestro estatus utilizado como moneda de cambio”, declararon siete parlamentarios.
La sombra de Trump y el tablero global
Mientras Starmer hablaba de oportunidades, Trump insistía en su narrativa. “No puedes ver a China como la respuesta”, sostuvo el expresidente estadounidense. Sus palabras reflejan la tensión constante entre Occidente y Beijing, donde cada movimiento comercial se lee en clave política.
Starmer y otros líderes, como el primer ministro canadiense Mark Carney, visitan China buscando alternativas. Muchas economías siguen resentidas por los aranceles de la era Trump y necesitan diversificar mercados. Pero cada gesto de acercamiento viene con un coste político, como demuestra la polémica por las sanciones.
La visita dejó claro que hacer negocios con China en 2026 es caminar sobre un campo minado diplomático. Se firman declaraciones de “asociación estratégica”, pero las heridas recientes —Xinjiang, Taiwán, la rivalidad tecnológica— no se borran con un apretón de manos. Starmer consigró su foto con Xi y promesas comerciales, pero también despertó viejos fantasmas y nuevas críticas en casa.
Al final, el viaje resume la dicotomía actual: la necesidad económica empuja hacia Beijing, mientras la política tira en direcciones opuestas. Y en medio, legisladores que se niegan a ser fichas de cambio en un juego mucho más grande.
Internacional
Sudáfrica e Israel expulsan diplomáticos en escalada bilateral
Sudáfrica e Israel expulsan diplomáticos en escalada de tensiones por el caso de genocidio en Gaza ante la ONU.

Una expulsión que no viene sola
Sudáfrica ordenó este viernes al viceembajador israelí, Ariel Seidman, abandonar el país en 72 horas. Lo declararon persona non grata tras acusarlo de usar redes sociales para insultar al presidente Cyril Ramaphosa y violar protocolos diplomáticos.
Horas después, Israel respondió con la misma moneda. Expulsó al diplomático sudafricano Shaun Edward Byneveldt y le dio el mismo plazo para irse.
El Ministerio de Relaciones Exteriores de Sudáfrica explicó que la expulsión “sigue a una serie de violaciones inaceptables de las normas y prácticas diplomáticas que representan un desafío directo a la soberanía”.
Relaciones al límite
Este intercambio no es casual. Las relaciones ya estaban rotas desde que Sudáfrica llevó a Israel ante la Corte Internacional de Justicia por genocidio en Gaza. Israel niega las acusaciones y acusa a Sudáfrica de ser “el brazo legal” del grupo Hamás.
Seidman era el diplomático israelí de mayor rango allí desde que Israel retiró a su embajador en 2023. Sudáfrica también aleja incumplimientos en informar sobre visitas oficiales israelíes.
La comunidad judía local criticó la medida. Karen Milner, presidenta de la Junta de Diputados Judíos, dijo que era “una medida drástica” basada en “unos pocos tuits”.
Ahora todos miran a Washington. Estados Unidos, aliado clave de Israel, ya ha sido crítico con Sudáfrica durante la administración Trump. El año pasado incluso expulsaron al embajador sudafricán por comentarios sobre el movimiento Make America Great Again.
Esta escalada parece otro capítulo en una grieta que se hace más profunda cada día. Y cuando los diplomáticos empacan maletas, nunca es buena señal.
Internacional
Trump amenaza a Canadá con arancel del 50% en aviones
Trump amenaza con un arancel del 50% a aviones canadienses, escalando una disputa comercial y personal con el primer ministro Carney.

Una nueva bomba en la guerra comercial
El presidente estadounidense Donald Trump lanzó este jueves su última amenaza contra Canadá: un arancel del 50% sobre todos los aviones vendidos en Estados Unidos. La medida, anunciada en redes sociales, es la escalada más reciente en su conflicto comercial -y personal- con el primer ministro canadiense Mark Carney.
La chispa que encendió esta nueva confrontación es técnica pero reveladora. Trump acusa a Canadá de negarse a certificar aviones de Gulfstream, una empresa con sede en Georgia. Como represalia, amenaza con “descertificar” todos los aviones canadienses, incluyendo los del gigante Bombardier.
“Si, por cualquier razón esta situación no se corrige de inmediato, le voy a cobrar a Canadá un arancel del 50% sobre todos y cada uno de los aviones vendidos en los Estados Unidos”, aseveró Trump.
Un precedente peligroso
Expertos advierten que usar la certificación -un proceso de seguridad- como arma comercial es algo sin precedentes. John Gradek, profesor de gestión de aviación en la Universidad McGill, lo explica claro:
“La certificación no es algo trivial. Es un paso muy importante para que los aviones operen con seguridad. La descertificación por razones comerciales no se lleva a cabo”.
Gradek no duda en calificar la maniobra: “Esto es realmente una cortina de humo que está arrojándole otra bandera roja al rostro del señor Carney”.
Para Bombardier, que ya sufrió aranceles durante el primer mandato de Trump, perder el acceso al mercado estadounidense sería un golpe brutal. La empresa quebequense se ha concentrado precisamente en jets ejecutivos como los Global Express -hay 150 registrados en EE.UU.- que compiten directamente con Gulfstream.
El trasfondo político es imposible de ignorar. Esta amenaza llega días después de que Carney criticara en Davos la “coerción económica” de grandes potencias -sin nombrar a Trump- y recibiera aplausos internacionales que opacaron al mandatario estadounidense.
El secretario del Tesoro Scott Bessent ya había advertido a Carney que sus comentarios podrían tener consecuencias en la revisión del tratado comercial entre ambos países. Pero el primer ministro canadiense se mantiene firme: según reportes, le dijo a Trump que sostenía lo dicho y que Canadá planea diversificarse con una docena de nuevos acuerdos comerciales.
Mientras tanto, la industria observa con preocupación. La interdependencia aeroespacial entre ambos países es profunda -desde Airbus fabricando A220 en Canadá hasta miles de empleos cruzados-. Romper ese tejido por una disputa personal podría costarle caro a todos.
Trump no dio detalles sobre cuándo impondría estos aranceles. Pero el mensaje está claro: después de años de tregua relativa bajo Biden, la guerra comercial norteamericana vuelve con fuerza. Y esta vez, viene por el aire.

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