Internacional
Estados Unidos ejecuta nuevo ataque naval cerca de Venezuela
Una nueva acción militar en aguas venezolanas reaviva el debate sobre los límites del poder presidencial y las estrategias contra el narcoterrorismo.
El Pentágono lanza otro misil y la geopolítica se pone más intensa que tu serie favorita de Netflix
Bueno, pues aquí estamos, otra vez. Un viernes cualquiera en el que, en lugar de estar planeando qué memes virales vamos a compartir, el secretario de Defensa estadounidense, Pete Hegseth, decidió que era un día perfecto para ordenar otro ataque a una embarcación. Porque nada dice “fin de semana” como un poco de acción militar en aguas internacionales frente a Venezuela. La justificación, según el tuit oficial (porque ahora las guerras se anuncian por redes, como si fuera un drop de un artista), fue que el barco en cuestión era un taxi acuático para narcóticos. Hegseth, con la seguridad de quien acaba de encontrar el último paquete de galletas en la despensa, declaró sin rubor que “nuestra inteligencia, sin duda, confirmó que esta embarcación estaba traficando narcóticos” y que las personas a bordo eran, atención al eufemismo del año, narcoterroristas. Cuatro hombres fallecieron, pero los detalles sobre su identidad son más misteriosos que el final de ‘Inception’.
Y luego está Donald Trump, que no podía faltar en este drama geopolítico con su propia publicación, afirmando que la embarcación estaba “cargada con suficientes drogas para matar de 25 a 50 mil personas” e insinuando que se aventuraba en territorio estadounidense. Un clásico: el concepto de “aguas internacionales” parece volverse un poco flexible cuando hay de por medio una narrativa convincente. Esto no es un hecho aislado; es el cuarto ataque mortal en el Caribe en lo que parece la temporada final de una serie donde todos pierden. La trama se complica: Trump reveló a los legisladores que está tratando a los narcotraficantes como combatientes ilegales, lo que básicamente abre la puerta para usar fuerza militar a discreción. Es como si hubiera desbloqueado un nuevo nivel de poder ejecutivo, preparando el escenario para medidas que tienen a medio mundo preguntándose: ¿y el Congreso en todo esto? Ah, sí, probablemente viendo todo desde la barrera con palomitas.
El memorando, los poderes presidenciales y las críticas que arden más que el barco atacado
Para darle un aire de formalidad a este caos, el gobierno de Trump expuso su justificación para los ataques en un memorando obtenido por The Associated Press. El documento, que suena a algo sacado de ‘House of Cards’, declara que el presidente determinó que Estados Unidos está en un “conflicto armado no internacional” con estas organizaciones terroristas. Básicamente, es el pase VIP para que el Pentágono “realice operaciones contra ellos de acuerdo con la ley de conflicto armado“. ¿Traducción? Tenemos luz verde para acciones militares sin necesidad de pedir permiso a cada rato. El senador Jim Risch, un republicano, salió a defender la jugada argumentando que el presidente tiene la autoridad basada en “sus poderes generales bajo la Constitución como comandante en jefe”. Su pregunta retórica fue: “¿Qué podría ser una defensa más grande de este país que mantener fuera este veneno que está matando a miles de estadounidenses cada año?”. Un argumento potente, aunque deja de lado el pequeño detalle de la soberanía de otros países.
Pero no todo el mundo se está tragando este guion. Del otro lado del ring, el presidente colombiano Gustavo Petro, un líder de izquierda que no precisamente tiene una relación de BFFs con Trump, acusó a Estados Unidos de cometer “asesinato” e instó a las familias de las víctimas a “asociarse”. En un tuit que ardió más que la embarcación atacada, soltó esta perla: “En las lanchas no van narco terroristas. Los narcos viven en EEUU, Europa y Dubai. En esa lancha van jóvenes caribeños pobres”. O sea, según Petro, el verdadero problema está en los consumidores y capos de alto nivel, no en los eslabones más débiles de la cadena. Una crítica que pone el dedo en la llaga de la hipocresía internacional.
Mientras tanto, el video del ataque del viernes ya está circulando por internet, mostrando una pequeña embarcación moviéndose en aguas abiertas que, de repente, explota con un espectáculo de agua salpicando y llamas que harían palidecer a cualquier efecto especial de Hollywood. Cuando el humo se disipa, lo único que queda es el barco consumido por el fuego, flotando inmóvil como un símbolo de esta guerra sin cuartel. Con este, ya son al menos tres operaciones dirigidas contra embarcaciones que, según las autoridades estadounidenses, habían salido de Venezuela. Los ataques coinciden con un aumento de la presencia de la Marina en la región —ocho buques de guerra con más de 5.000 marineros e infantes de marina—, un despliegue que no se veía en tiempos recientes y que ha estado bastante estable durante semanas, según funcionarios de defensa que hablaron bajo condición de anonimato (porque, claro, nadie quiere que lo cancelen por filtrar info).
En el primer ataque, Trump afirmó que la embarcación transportaba miembros del cártel Tren de Aragua, pero las publicaciones sobre los ataques posteriores, incluido este último, han sido más vagas que un horóscopo de revista barata. No hay detalles concretos sobre qué organizaciones han sido atacadas, y en total, estos cuatro ataques han cobrado la vida de 21 personas, según Washington. Para colmo, funcionarios del Pentágono que informaron a los senadores esta semana no pudieron proporcionar una lista clara de las organizaciones terroristas designadas en el centro del conflicto. Y cuando la AP pidió más detalles sobre el ataque, los funcionarios del Pentágono simplemente remitieron de nuevo a la publicación de Hegseth en redes sociales. La oficina de prensa del gobierno de Venezuela, por su parte, no ha respondido a solicitudes de comentarios, probablemente porque están tan perdidos como nosotros en este juego de tronos caribeño.
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Internacional
La UE prioriza el gasto militar en su paquete de ayuda a Ucrania
La UE destina 60.000 millones de euros a defensa ucraniana, condicionando el apoyo a reformas democráticas y lucha anticorrupción.
La UE prioriza el gasto militar en su paquete de ayuda a Ucrania
Bruselas ha desvelado los detalles de un plan financiero masivo para sostener a Ucrania durante los próximos años. La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, confirmó este miércoles que la mayor parte de un nuevo programa de préstamos por valor de 90.000 millones de euros se destinará directamente a necesidades militares y defensivas.
El desglose es claro: 60.000 millones de euros (unos 70.000 millones de dólares) irán a apoyo militar, mientras que los 30.000 millones restantes se dedicarán a ayuda presupuestaria para estabilizar la economía ucraniana. Esto no es casualidad.
“Todos queremos la paz para Ucrania, y para eso Ucrania debe estar en una posición de fuerza”, declaró Von der Leyen al explicar la lógica detrás del gasto.
La estrategia europea se basa en una premisa simple pero costosa: la paz negociada solo llega desde una posición de fortaleza. Y construir esa fortaleza requiere armamento, equipamiento y una base industrial defensiva integrada con Europa.
Un paquete condicionado por reformas y contexto financiero
Pero el dinero no llega sin condiciones. Von der Leyen fue tajante:
“Estas condiciones no son negociables para ningún apoyo financiero”.
Ucrania debe emprender reformas democráticas profundas, con especial énfasis en el estado de derecho y la lucha contra la corrupción. Este punto es especialmente delicado dado el historial del país y las recientes tensiones internas, incluida la dimisión del jefe de gabinete presidencial Andrii Yermak tras una investigación anticorrupción.
El contexto financiero es apremiante. El Fondo Monetario Internacional estima que Ucrania necesitará unos 137.000 millones de euros entre 2026 y 2027. El paquete europeo cubre gran parte, pero no todo. La UE espera que otros aliados como Reino Unido, Canadá, Japón y Noruega ayuden a cerrar esa brecha, mientras el FMI prepara su propio préstamo multimillonario para el próximo mes.
El calendario es ajustado. La Comisión quiere que los fondos empiecen a fluir en abril, pero antes necesita el visto bueno de los países miembros y del Parlamento Europeo. Una vez aprobado, el dinero militar se usará principalmente para comprar equipos dentro del área económica europea (UE y países como Noruega), aunque se dejará una puerta abierta a adquisiciones fuera si resultan más efectivas.
Hay otro mecanismo interesante: en algunos casos, parte del dinero podría canalizarse a través de un esquema de la OTAN para que aliados europeos y Canadá compren armamento estadounidense y lo donen directamente a Kiev. Es un guiño a la interoperabilidad transatlántica.
La conclusión es clara: Europa está haciendo una apuesta estratégica a largo plazo. No se trata solo de mantener a Ucrania a flote económicamente, sino de fortalecer su capacidad defensiva mientras la ancla institucionalmente al bloque mediante reformas y una integración más profunda en su base industrial militar.
El mensaje subyacente para Moscú es tan económico como político: la UE está dispuesta a sostener este esfuerzo durante años, vinculando la reconstrucción futura al pago de reparaciones por parte de Rusia una vez finalice el conflicto.
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Internacional
Trump ordena a somalíes con TPS abandonar EE.UU. en marzo
La administración Trump cancela la protección a cientos de somalíes, en una medida que intensifica su agenda de deportación y genera protestas.
¡Temporal significa temporal! (Excepto cuando no)
Ah, la poesía burocrática. “La temporalidad significa temporalidad”, declaró con la solemnidad de un oráculo la secretaria de Seguridad Nacional, Kristi Noem. Qué frase tan profunda, tan filosófica. Casi tan profunda como el compromiso de esta administración con la coherencia. Porque, claro, cuando se trata de poner “a los estadounidenses primero”, ¿qué mejor manera que darle un ultimátum a 705 personas en un país de 330 millones? Una verdadera operación de seguridad nacional.
El gobierno del presidente Donald Trump anunció que pondrá fin al Estatus de Protección Temporal (TPS) para inmigrantes de Somalia. Sí, otra joya más en la corona de su agenda de deportación masiva. Porque nada dice “América First” como desestabilizar las vidas de cientos de personas que son, atención al dato, un “pequeño subconjunto” entre casi 1.3 millones de inmigrantes con TPS. Prioridades, ¿verdad?
Los somalíes afectados deben abandonar Estados Unidos antes del 17 de marzo, cuando expiren las protecciones existentes, extendidas por última vez por el expresidente Joe Biden.
Marzo. Una fecha límite perfecta. No muy lejana para causar pánico inmediato, pero lo suficientemente próxima para que planificar tu vida o tu huida sea un deporte extremo. Y todo esto ocurre mientras Minneapolis —hogar de una gran comunidad somalí— hierve por el asesinato de una manifestante a manos de un agente del ICE. Pura casualidad, sin duda.
La “mejoría” somalí y otras ficciones legales
El Departamento de Seguridad Nacional justifica la medida con un argumento que haría sonrojar a un novelista barato: las circunstancias en Somalia “han mejorado hasta el punto” de que ya no cumple los requisitos para el TPS. Me pregunto qué métricas usan para medir esa “mejoría”. ¿Menos balas por metro cuadrado? ¿Sequías ligeramente más cortas? Porque el pequeño detalle es que Somalia sigue siendo una de las naciones más pobres del mundo, asediada por décadas de conflicto crónico y desastres naturales.
Pero no me crean a mí. Crean al propio informe del Congreso de 2025, que señala que los somalíes habían recibido más de dos docenas de extensiones debido a la perpetua “inseguridad y el conflicto armado en curso que presentan serias amenazas para la seguridad”. ¿Serias amenazas? Bah, minucias. Probablemente solo sean exageraciones de quienes no entienden que “temporal” es un concepto flexible… hasta que a alguien se le antoja que ya no lo es.
Y aquí entra el toque personal del expresidente. Trump ha dirigido una retórica particularmente creativa contra los inmigrantes somalíes. Los ha acusado de defraudar programas federales y, en diciembre, soltó esta perla:
Dijo que no quería somalíes en Estados Unidos, afirmando que “vienen del infierno” y “no contribuyen en nada”.
Vienen del infierno. Una descripción geopolítica impecable. Sin distinciones entre ciudadanos y no ciudadanos, porque ¿para qué complicarse con detalles legales cuando tienes un buen eslogan?
La obsesión personal convertida en política pública
El capricho no termina ahí. Trump ha tenido palabras especialmente cariñosas para la representante Ilhan Omar, demócrata de Minnesota que emigró de Somalia siendo niña y es, oh sorpresa, ciudadana estadounidense. El mandatario ha sugerido repetidamente su deportación (genial idea, deportar a una congresista electa) y en un arrebato otoñal la llamó “basura”. Clase y elegancia desde la Oficina Oval.
Omar, quien ha criticado abiertamente el despliegue del ICE en Minneapolis, ha calificado esta fijación como “espeluznante e malsana”. Y uno piensa: ¿será que toda esta movida contra el TPS somalí es política pública meticulosa o simplemente el rencor personal escalado a nivel federal? Nunca lo sabremos… aunque las pistas apuntan fuerte a lo segundo.
El Congreso estableció el programa TPS en 1990 para ayudar a personas huyendo de condiciones inestables y amenazantes. Somalia recibió la designación en 1991 bajo George H.W. Bush debido a una guerra civil. Se ha extendido durante décadas porque —sorpresa— las condiciones inestables y amenazantes persistían. Hasta ahora, aparentemente.
Así que ahí están: cientos de personas atrapadas entre la retórica incendiaria de un expresidente obsesionado, una secretaria que repite eslóganes como mantras y un país de origen al que, según los papeles oficiales, ya no le pasa nada suficientemente malo como para merecer compasión.
Todo muy temporal. Todo muy absurdo.
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Internacional
Protestas y demanda judicial contra redadas de ICE en Minnesota
Estudiantes y activistas enfrentan redadas migratorias en Minneapolis, mientras autoridades estatales presentan demandas para detener las operaciones federales.
Tensión en Minneapolis por despliegue masivo de agentes migratorios
Las calles de Minneapolis se llenaron de tensión y gas lacrimógeno este martes. Agentes federales lanzaron gases y rociaron irritante contra activistas que protestaban cerca del lugar donde Renee Good fue fatalmente baleada la semana pasada por un agente de inmigración. Escenas caóticas se vivieron mientras un hombre se frotaba los ojos con nieve, gritando pidiendo ayuda, y agentes en un Jeep sin identificación rociaban el irritante naranja antes de alejarse.
“¿Quién no tiene silbato?”, gritó un hombre con una bolsa de ellos.
La protesta no fue aislada. En Brooklyn Park, estudiantes abandonaron sus aulas en solidaridad con el movimiento contra las operaciones migratorias, siguiendo el ejemplo de alumnos en otras partes del país. Este despliegue ocurre mientras Minnesota se convierte en el epicentro de lo que ICE describe como su mayor operación hasta la fecha, con más de 2,000 agentes enviados al estado.
La batalla legal se intensifica
Minnesota no se queda de brazos cruzados. El estado, junto con las ciudades de Minneapolis y St. Paul, presentaron una demanda contra el gobierno federal el lunes, buscando detener o limitar lo que califican como una “invasión federal” a las Ciudades Gemelas.
“Esto es, en esencia, una invasión federal de las Ciudades Gemelas en Minnesota, y debe detenerse”, afirmó el fiscal general del estado, Keith Ellison.
La demanda argumenta que el Departamento de Seguridad Nacional está violando protecciones constitucionales al enfocarse específicamente en un estado progresista que favorece a los demócratres. El alcalde de Minneapolis, Jacob Frey, fue contundente al describir el impacto:
“Lo que estamos viendo son miles —en plural— miles de agentes federales entrando en nuestra ciudad. Y, sí, están teniendo un impacto tremendo en la vida cotidiana”.
Mientras tanto, Brita Anderson, quien vive cerca y acudió a apoyar a amigos del vecindario, expresó su indignación al ver a agentes con equipo táctico completo:
“Sentí que la única razón por la que vendrían aquí es para acosar a la gente”, señaló Anderson.
Respuestas políticas y movilización nacional
La muerte de Renee Good —una madre de tres hijos de 37 años— ha desatado decenas de protestas y vigilias por todo Estados Unidos. Su caso simboliza la creciente tensión entre comunidades locales y las políticas migratorias federales.
El Departamento de Seguridad Nacional reporta más de 2,000 arrestos en Minnesota desde principios de diciembre y promete no retroceder. Tricia McLaughlin, portavoz del departamento, respondió a la demanda acusando a las autoridades estatales:
“El trabajo del presidente Trump es proteger al pueblo estadounidense y hacer cumplir la ley, sin importar quién sea su alcalde, gobernador o fiscal general del estado”.
Pero las críticas continúan. El gobierno federal defiende al agente que disparó contra Good argumentando defensa propia —una versión cuestionada por Frey, el gobernador Tim Walz y otros basándose en videos de la confrontación.
La reacción política se extiende más allá de Minnesota. En Massachusetts, dos legisladores demócratas anunciaron un proyecto de ley para facilitar demandas contra agentes federales acusados de violar derechos civiles —aunque tiene pocas probabilidades en un Congreso controlado por republicanos. En Wisconsin, la vicegobernadora Sara Rodríguez propuso prohibir operativos migratorios cerca de escuelas, hospitales e iglesias.
Lo que viene: Un tribunal federal deberá decidir si suspende las operaciones mientras continúan las protestas. La comunidad observa si la presión legal y social puede cambiar el curso de lo que muchos residentes ven como una presencia militarizada desproporcionada en sus barrios.
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