La caída de un ícono
Horas después de las explosivas acusaciones, las autoridades de una universidad en California ya actuaban. Primero cubrieron la estatua de César Chávez con una tela negra. Luego la encerraron en una caja de madera. Pronto, dijeron, la retirarán por completo.
Saúl Jiménez Sandoval, presidente de la Universidad Estatal de California en Fresno, fue claro:
“Las acusaciones exigen toda nuestra atención y un ajuste moral de cuentas mediante el retiro de su estatua”.
Pero esto es solo el principio. The Associated Press identificó más de 130 lugares en al menos 19 estados que llevan su nombre. Desde bibliotecas y avenidas hasta parques y centros comunitarios. De la noche a la mañana, ese nombre se convirtió en una mancha.
El efecto dominó
En Denver, trabajadores municipales ya retiraron un busto de bronce. El alcalde anunció que el parque tendrá nuevo nombre. En San Francisco, estudiantes piden cambiar el nombre del centro estudiantil que honra a Chávez.
Luca Broggi Hendryx, estudiante universitario, resume el cambio:
“Cuando empecé aquí tenía todo el sentido… era casi un motivo de orgullo. Pero ahora se siente lo contrario”.
Phoenix, Los Ángeles, Portland, Albuquerque. Funcionarios en todas estas ciudades anuncian que revisarán nombres de edificios, calles y escuelas. Kate Gallego, alcaldesa de Phoenix, insta a rebautizar el Día de César Chávez como Día de los Trabajadores Agrícolas.
Denver celebrará el feriado como “Día de Sí, Se Puede”, el grito del movimiento.
Las víctimas y los dilemas
The New York Times publicó esta semana que encontró pruebas creíbles de que Chávez atrajo y abusó sexualmente de niñas pequeñas que trabajaban en el movimiento. Una revelación clave: Dolores Huerta, cofundadora del sindicato y leyenda por derecho propio, fue una de sus víctimas cuando tenía poco más de 30 años.
Brian Hughes visitaba el Monumento Nacional César E. Chávez cuando se enteró:
“Ahora es difícil conciliar el lado inspirador con estas revelaciones”.
Algunos piden que los lugares lleven ahora el nombre de Huerta. En Denver alguien colocó sobre la señal del parque un cartel escrito a mano: “Parque Dolores Huerta”.
¿Qué sigue?
Teresa Romero, presidenta del sindicato United Farm Workers fundado por Chávez y Huerta:
“Todo el mundo va a tener que tomar sus propias decisiones”.
El impacto es masivo: decenas de escuelas principalmente en California pero también en otros estados. Incluso un buque carga militar lleva su nombre por su servicio en la Segunda Guerra Mundial.
Modificar monumentos nacionales requiere acción del Congreso o del presidente. Ya hay precedentes: durante las protestas tras la muerte George Floyd se renombraron bases militares con nombres confederados (aunque algunas recuperaron sus nombres después).
La artista Paula Castillo cuestiona si deberíamos reflexionar más sobre monumentos dedicados a valores compartidos:
“La obra pública está destinada a hacer visible el trabajo colectivo… Esto permite que siga teniendo significado incluso cuando nueva información obliga a un ajuste con el pasado”.




