Internacional
Cuba tacha de absurda la excusa de EEUU para su despliegue naval
La Habana califica de “absurdo” el pretexto de Washington, mientras una flota militar navega hacia aguas sudamericanas.
Un Despliegue que Huele Más a Caos Geopolítico que a ‘War on Drugs’
Bueno, aparentemente el Caribe es el nuevo escenario para el spin-off de ‘Top Gun’ que nadie pidió. Este jueves, Cuba, con toda la sorna diplomática que la caracteriza, rechazó con fuerza el despliegue de barcos de guerra y tropas por parte de Estados Unidos en la región. La Habana no se mordió la lengua y calificó los argumentos de Washington de, y cito textualmente, una “excusa absurda”. Porque, seamos honestos, usar la excusa del combate al narcotráfico para mandar una flotilla de buques de guerra es como decir que vas a apagar un fuego con una gasolinera. Suena sospechoso desde el minuto cero.
La presencia de esta flota militar no ha pasado desapercibida. En los últimos días, ha generado una palpable inquietud en varias naciones latinoamericanas y caribeñas que, spoiler alert, no tienen ningún interés en convertirse en el campo de batalla de un pulso geopolítico entre dos titanes. ¿Quién lo iba a decir?
En un comunicado oficial que mezcla la formalidad con un subtexto de “en serio, ¿otra vez?”, la Cancillería cubana fue directa al grano: “Este acto peligroso representa una grave amenaza y una agresiva demostración de fuerza que atenta contra la soberanía y la autodeterminación de los pueblos de América Latina y el Caribe”. Básicamente, el equivalente geopolítico a que tu vecino aparque un tanque en tu jardín y diga que es para cazar topos.
El Pretexto (Perdón, la “Justificación”) de Washington
Según las autoridades cubanas, la imputación estadounidense de asociar al gobierno de Nicolás Maduro con “organizaciones criminales de tráfico ilícito de drogas constituye un pretexto absurdo que carece de fundamento”. O sea, la clásica estrategia de crear un villano para justificar tu propia película de acción. La semana pasada, la administración Trump ordenó el despliegue de tres buques de guerra en aguas del Caribe frente a las costas venezolanas. Todo ello, supuestamente, para combatir las amenazas de los cárteles de drogas latinoamericanos. Porque nada dice “lucha contra el narcotráfico” como acorazados y marines.
Un funcionario anónimo del Departamento de Defensa de Estados Unidos (porque en el drama siempre hay un personaje misterioso) confirmó el miércoles que la Armada ya tiene dos buques – el USS Gravely y el USS Jason Dunham – surcando las aguas caribeñas, más el destructor USS Sampson. Y por si fuera poco, el USS Lake Erie merodea por el Pacífico frente a Latinoamérica. Porque cuando se trata de demostrar músculo, más es más.
Pero aquí viene el plot twist: el Departamento de Defensa no precisó cuál será la misión real del grupo de trabajo. A pesar de los informes que insisten en que forman parte de una fuerza destinada a combatir los cárteles, la vaguedad es tan evidente que hasta un personaje de una novela de espías se quedaría perplejo. Mientras tanto, tres buques de asalto anfibio y más de 4.000 marineros e infantes de marina que se desplegaron desde la costa este de Estados Unidos ingresarán a aguas sudamericanas la próxima semana. Nada como unas vacaciones en el Caribe, pero con cañones.
Lógicamente, esta avanzada de buques navegando por el Caribe hacia Sudamérica elevó más aún la tensión entre Washington y Caracas. Maduro, que no se queda callado ni debajo del agua, sostuvo que las acusaciones de Washington en su contra son infundadas y que buscan desestabilizar su gobierno. En un discurso que mezcla la indignación con la retórica antiimperialista de manual, soltó esta perla: “Que la guerra que ellos quieren la hagan en los Estados Unidos contra las mafias de Estados Unidos que controlan todo el negocio del narcotráfico en Colombia, en América Central y más allá; son las mafias de Estados Unidos las que la controlan, ellos lo saben”. Touché.
Y Mientras Tanto, en el Caribe: El Efecto Dominó del Dramón Vecinal
No solo Cuba y Venezuela están con el pendiente. La presencia de buques de guerra estadounidenses en el Caribe también generó algunas reacciones entre los pequeños países de la región, que se ven atrapados en el fuego cruzado de un conflicto que no es suyo. Imagina ser el amigo que tiene que mediar en la pelea de la otra pareja en una cena. Incómodo, ¿verdad?
Esta semana el primer ministro de Curazao, Gilmar “Pik” Pisas, salió al quite para reiterar que su país “es y permanecerá neutral” en el aumento de las tensiones. Curazao se encuentra a solo 65 kilómetros de la costa venezolana, así que Pisas buscó tranquilizar a la población. Básicamente, el mensaje fue: “Chicos, por favor, peleen en otro lado, que aquí tenemos sol, playa y cero ganas de que nos caiga un misil en el mojito”.
La semana pasada, varios líderes reunidos en un foro de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA) – un mecanismo que agrupa a varios de los aliados del gobierno venezolano – también manifestaron su rechazo al despliegue militar estadounidense. Entre los presentes estuvo Ralph Gonsalves, primer ministro de San Vicente y las Granadinas, sumando su voz al coro de desaprobación. Porque cuando el vecino ruidoso empieza a mover sus muebles, todos en el edificio se quejan.
En respuesta, y para demostrar que no se va a quedar de brazos cruzados, Venezuela anunció el martes el despliegue de sus propios buques de la armada, drones y más de 15.000 efectivos para reforzar las operaciones antinarcóticas en la frontera con Colombia y aguas del Caribe. Una movida que, claramente, es la respuesta al pulso de poder que se está librando. El mensaje es claro: si vas a jugar a los barcos, nosotros también tenemos los nuestros.
En resumen, estamos ante un capítulo más de la eterna telenovela geopolítica que se desarrolla en nuestro patio trasero. Con excusas que huelen más a intervencionismo que a cooperación, y una retórica que alimenta más la tensión que la solución. Y todo, mientras el Caribe intenta seguir con su vida, como si no tuviera suficiente con el cambio climático y la temporada de huracanes.
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Internacional
La UE prioriza el gasto militar en su paquete de ayuda a Ucrania
La UE destina 60.000 millones de euros a defensa ucraniana, condicionando el apoyo a reformas democráticas y lucha anticorrupción.
La UE prioriza el gasto militar en su paquete de ayuda a Ucrania
Bruselas ha desvelado los detalles de un plan financiero masivo para sostener a Ucrania durante los próximos años. La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, confirmó este miércoles que la mayor parte de un nuevo programa de préstamos por valor de 90.000 millones de euros se destinará directamente a necesidades militares y defensivas.
El desglose es claro: 60.000 millones de euros (unos 70.000 millones de dólares) irán a apoyo militar, mientras que los 30.000 millones restantes se dedicarán a ayuda presupuestaria para estabilizar la economía ucraniana. Esto no es casualidad.
“Todos queremos la paz para Ucrania, y para eso Ucrania debe estar en una posición de fuerza”, declaró Von der Leyen al explicar la lógica detrás del gasto.
La estrategia europea se basa en una premisa simple pero costosa: la paz negociada solo llega desde una posición de fortaleza. Y construir esa fortaleza requiere armamento, equipamiento y una base industrial defensiva integrada con Europa.
Un paquete condicionado por reformas y contexto financiero
Pero el dinero no llega sin condiciones. Von der Leyen fue tajante:
“Estas condiciones no son negociables para ningún apoyo financiero”.
Ucrania debe emprender reformas democráticas profundas, con especial énfasis en el estado de derecho y la lucha contra la corrupción. Este punto es especialmente delicado dado el historial del país y las recientes tensiones internas, incluida la dimisión del jefe de gabinete presidencial Andrii Yermak tras una investigación anticorrupción.
El contexto financiero es apremiante. El Fondo Monetario Internacional estima que Ucrania necesitará unos 137.000 millones de euros entre 2026 y 2027. El paquete europeo cubre gran parte, pero no todo. La UE espera que otros aliados como Reino Unido, Canadá, Japón y Noruega ayuden a cerrar esa brecha, mientras el FMI prepara su propio préstamo multimillonario para el próximo mes.
El calendario es ajustado. La Comisión quiere que los fondos empiecen a fluir en abril, pero antes necesita el visto bueno de los países miembros y del Parlamento Europeo. Una vez aprobado, el dinero militar se usará principalmente para comprar equipos dentro del área económica europea (UE y países como Noruega), aunque se dejará una puerta abierta a adquisiciones fuera si resultan más efectivas.
Hay otro mecanismo interesante: en algunos casos, parte del dinero podría canalizarse a través de un esquema de la OTAN para que aliados europeos y Canadá compren armamento estadounidense y lo donen directamente a Kiev. Es un guiño a la interoperabilidad transatlántica.
La conclusión es clara: Europa está haciendo una apuesta estratégica a largo plazo. No se trata solo de mantener a Ucrania a flote económicamente, sino de fortalecer su capacidad defensiva mientras la ancla institucionalmente al bloque mediante reformas y una integración más profunda en su base industrial militar.
El mensaje subyacente para Moscú es tan económico como político: la UE está dispuesta a sostener este esfuerzo durante años, vinculando la reconstrucción futura al pago de reparaciones por parte de Rusia una vez finalice el conflicto.
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Internacional
Trump ordena a somalíes con TPS abandonar EE.UU. en marzo
La administración Trump cancela la protección a cientos de somalíes, en una medida que intensifica su agenda de deportación y genera protestas.
¡Temporal significa temporal! (Excepto cuando no)
Ah, la poesía burocrática. “La temporalidad significa temporalidad”, declaró con la solemnidad de un oráculo la secretaria de Seguridad Nacional, Kristi Noem. Qué frase tan profunda, tan filosófica. Casi tan profunda como el compromiso de esta administración con la coherencia. Porque, claro, cuando se trata de poner “a los estadounidenses primero”, ¿qué mejor manera que darle un ultimátum a 705 personas en un país de 330 millones? Una verdadera operación de seguridad nacional.
El gobierno del presidente Donald Trump anunció que pondrá fin al Estatus de Protección Temporal (TPS) para inmigrantes de Somalia. Sí, otra joya más en la corona de su agenda de deportación masiva. Porque nada dice “América First” como desestabilizar las vidas de cientos de personas que son, atención al dato, un “pequeño subconjunto” entre casi 1.3 millones de inmigrantes con TPS. Prioridades, ¿verdad?
Los somalíes afectados deben abandonar Estados Unidos antes del 17 de marzo, cuando expiren las protecciones existentes, extendidas por última vez por el expresidente Joe Biden.
Marzo. Una fecha límite perfecta. No muy lejana para causar pánico inmediato, pero lo suficientemente próxima para que planificar tu vida o tu huida sea un deporte extremo. Y todo esto ocurre mientras Minneapolis —hogar de una gran comunidad somalí— hierve por el asesinato de una manifestante a manos de un agente del ICE. Pura casualidad, sin duda.
La “mejoría” somalí y otras ficciones legales
El Departamento de Seguridad Nacional justifica la medida con un argumento que haría sonrojar a un novelista barato: las circunstancias en Somalia “han mejorado hasta el punto” de que ya no cumple los requisitos para el TPS. Me pregunto qué métricas usan para medir esa “mejoría”. ¿Menos balas por metro cuadrado? ¿Sequías ligeramente más cortas? Porque el pequeño detalle es que Somalia sigue siendo una de las naciones más pobres del mundo, asediada por décadas de conflicto crónico y desastres naturales.
Pero no me crean a mí. Crean al propio informe del Congreso de 2025, que señala que los somalíes habían recibido más de dos docenas de extensiones debido a la perpetua “inseguridad y el conflicto armado en curso que presentan serias amenazas para la seguridad”. ¿Serias amenazas? Bah, minucias. Probablemente solo sean exageraciones de quienes no entienden que “temporal” es un concepto flexible… hasta que a alguien se le antoja que ya no lo es.
Y aquí entra el toque personal del expresidente. Trump ha dirigido una retórica particularmente creativa contra los inmigrantes somalíes. Los ha acusado de defraudar programas federales y, en diciembre, soltó esta perla:
Dijo que no quería somalíes en Estados Unidos, afirmando que “vienen del infierno” y “no contribuyen en nada”.
Vienen del infierno. Una descripción geopolítica impecable. Sin distinciones entre ciudadanos y no ciudadanos, porque ¿para qué complicarse con detalles legales cuando tienes un buen eslogan?
La obsesión personal convertida en política pública
El capricho no termina ahí. Trump ha tenido palabras especialmente cariñosas para la representante Ilhan Omar, demócrata de Minnesota que emigró de Somalia siendo niña y es, oh sorpresa, ciudadana estadounidense. El mandatario ha sugerido repetidamente su deportación (genial idea, deportar a una congresista electa) y en un arrebato otoñal la llamó “basura”. Clase y elegancia desde la Oficina Oval.
Omar, quien ha criticado abiertamente el despliegue del ICE en Minneapolis, ha calificado esta fijación como “espeluznante e malsana”. Y uno piensa: ¿será que toda esta movida contra el TPS somalí es política pública meticulosa o simplemente el rencor personal escalado a nivel federal? Nunca lo sabremos… aunque las pistas apuntan fuerte a lo segundo.
El Congreso estableció el programa TPS en 1990 para ayudar a personas huyendo de condiciones inestables y amenazantes. Somalia recibió la designación en 1991 bajo George H.W. Bush debido a una guerra civil. Se ha extendido durante décadas porque —sorpresa— las condiciones inestables y amenazantes persistían. Hasta ahora, aparentemente.
Así que ahí están: cientos de personas atrapadas entre la retórica incendiaria de un expresidente obsesionado, una secretaria que repite eslóganes como mantras y un país de origen al que, según los papeles oficiales, ya no le pasa nada suficientemente malo como para merecer compasión.
Todo muy temporal. Todo muy absurdo.
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Internacional
Protestas y demanda judicial contra redadas de ICE en Minnesota
Estudiantes y activistas enfrentan redadas migratorias en Minneapolis, mientras autoridades estatales presentan demandas para detener las operaciones federales.
Tensión en Minneapolis por despliegue masivo de agentes migratorios
Las calles de Minneapolis se llenaron de tensión y gas lacrimógeno este martes. Agentes federales lanzaron gases y rociaron irritante contra activistas que protestaban cerca del lugar donde Renee Good fue fatalmente baleada la semana pasada por un agente de inmigración. Escenas caóticas se vivieron mientras un hombre se frotaba los ojos con nieve, gritando pidiendo ayuda, y agentes en un Jeep sin identificación rociaban el irritante naranja antes de alejarse.
“¿Quién no tiene silbato?”, gritó un hombre con una bolsa de ellos.
La protesta no fue aislada. En Brooklyn Park, estudiantes abandonaron sus aulas en solidaridad con el movimiento contra las operaciones migratorias, siguiendo el ejemplo de alumnos en otras partes del país. Este despliegue ocurre mientras Minnesota se convierte en el epicentro de lo que ICE describe como su mayor operación hasta la fecha, con más de 2,000 agentes enviados al estado.
La batalla legal se intensifica
Minnesota no se queda de brazos cruzados. El estado, junto con las ciudades de Minneapolis y St. Paul, presentaron una demanda contra el gobierno federal el lunes, buscando detener o limitar lo que califican como una “invasión federal” a las Ciudades Gemelas.
“Esto es, en esencia, una invasión federal de las Ciudades Gemelas en Minnesota, y debe detenerse”, afirmó el fiscal general del estado, Keith Ellison.
La demanda argumenta que el Departamento de Seguridad Nacional está violando protecciones constitucionales al enfocarse específicamente en un estado progresista que favorece a los demócratres. El alcalde de Minneapolis, Jacob Frey, fue contundente al describir el impacto:
“Lo que estamos viendo son miles —en plural— miles de agentes federales entrando en nuestra ciudad. Y, sí, están teniendo un impacto tremendo en la vida cotidiana”.
Mientras tanto, Brita Anderson, quien vive cerca y acudió a apoyar a amigos del vecindario, expresó su indignación al ver a agentes con equipo táctico completo:
“Sentí que la única razón por la que vendrían aquí es para acosar a la gente”, señaló Anderson.
Respuestas políticas y movilización nacional
La muerte de Renee Good —una madre de tres hijos de 37 años— ha desatado decenas de protestas y vigilias por todo Estados Unidos. Su caso simboliza la creciente tensión entre comunidades locales y las políticas migratorias federales.
El Departamento de Seguridad Nacional reporta más de 2,000 arrestos en Minnesota desde principios de diciembre y promete no retroceder. Tricia McLaughlin, portavoz del departamento, respondió a la demanda acusando a las autoridades estatales:
“El trabajo del presidente Trump es proteger al pueblo estadounidense y hacer cumplir la ley, sin importar quién sea su alcalde, gobernador o fiscal general del estado”.
Pero las críticas continúan. El gobierno federal defiende al agente que disparó contra Good argumentando defensa propia —una versión cuestionada por Frey, el gobernador Tim Walz y otros basándose en videos de la confrontación.
La reacción política se extiende más allá de Minnesota. En Massachusetts, dos legisladores demócratas anunciaron un proyecto de ley para facilitar demandas contra agentes federales acusados de violar derechos civiles —aunque tiene pocas probabilidades en un Congreso controlado por republicanos. En Wisconsin, la vicegobernadora Sara Rodríguez propuso prohibir operativos migratorios cerca de escuelas, hospitales e iglesias.
Lo que viene: Un tribunal federal deberá decidir si suspende las operaciones mientras continúan las protestas. La comunidad observa si la presión legal y social puede cambiar el curso de lo que muchos residentes ven como una presencia militarizada desproporcionada en sus barrios.
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