El peregrinaje latinoamericano de Marco Rubio: misión “salvar al hemisferio”
Parece que el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, ha encontrado su nueva vocación: turista diplomático de alto nivel. El funcionario se prepara para emprender su cuarto viaje al extranjero en el hemisferio occidental desde que asumió el cargo en enero, porque claramente la primera, segunda y tercera vez no fueron suficientes para resolver todos los problemas de la región. ¿O será que le encantan los paisajes tropicales?
Esta vez, el destino elegido para su peregrinaje burocrático incluye México y Ecuador, donde presumiblemente intentará convencer a sus anfitriones de que las prioridades del gobierno de Trump son, sorpresa, también sus prioridades. Entre los temas de agenda: frenar la migración ilegal (porque construir muros desde casa es aburrido), combatir el crimen organizado (desde una cómoda sala de reuniones con aire acondicionado) y contrarrestar lo que Washington amablemente llama “comportamiento maligno” de China. Porque nada dice “diplomacia” como etiquetar a otras superpotencias como villanos de cartoon.
La retórica grandilocuente y la realidad incómoda
El Departamento de Estado, en un comunicado que huele a grandilocuencia rehecha, declaró con solemnidad que “el cuarto viaje de Rubio a nuestro hemisferio demuestra el compromiso inquebrantable de Estados Unidos“. Inquebrantable, sí, como el récord de viajes frecuentes de un funcionario que parece preferir los aviones diplomáticos a su oficina en Washington.
Según esta narrativa épica, Rubio va a “proteger sus fronteras” (desde el extranjero, curiosamente) y “neutralizar las amenazas narcoterroristas” (¿con PowerPoints y firmas de documentos?). Porque todos sabemos que los cárteles de la droga tiemblan ante las actas de reuniones bilaterales.
Pero aquí viene lo mejor: también busca “asegurar un campo de juego equilibrado para las empresas estadounidenses”. Traducción: asegurarse de que las compañías yanquis sigan llevándose la mejor parte del pastel económico regional, pero con un lenguaje que suena a fair play olímpico.
La obsesión china y los acuerdos cuestionables
No podía faltar el tema favorito de Washington: China, el gigante asiático que no deja de quitarnos el sueño. En su primer viaje como secretario de Estado, Rubio ya fue a Panamá, El Salvador, Guatemala y la República Dominicana para, entre otras cosas, criticar la influencia china sobre el Canal de Panamá. Porque nada dice “diplomacia de calidad” como viajar miles de kilómetros para quejarse de lo que hacen otros países en su propio patio.
En ese viaje pionero, nuestro héroe selló acuerdos para que varios países acepten inmigrantes deportados de Estados Unidos. El acuerdo con El Salvador, que podría incluir la deportación de ciudadanos estadounidenses (sí, leyó bien), sigue siendo impugnado en tribunales federales. Porque ¿qué mejor que exportar problemas domésticos con un bonito lazo diplomático?
Posteriormente, Rubio amplió su colección de sellos en el pasaporte con visitas a Jamaica, Guyana y Surinam. Según un “alto funcionario del Departamento de Estado” que habló bajo condición de anonimato (porque la transparencia es para otros), prácticamente todos los países latinoamericanos están aceptando ahora el regreso de sus ciudadanos deportados. Todos excepto Nicaragua, que claramente no recibió el memo sobre cómo jugar al juego de la sumisión diplomática.
La nueva guerra fría en el patio trasero
El mismo funcionario anónimo, que debe tener la mejor información no verificada de la ciudad, declaró que se ha avanzado en contrarrestar a Beijing en el hemisferio occidental. Panamá, según esta narrativa, estaría tomando pasos para recuperar el control de instalaciones portuarias del canal que estaban en manos de empresas chinas y retirarse de la iniciativa china del Cinturón y Ruta de la Seda.
Pero la joya de la corona es Ecuador, que según esta versión estaría “intentando liberarse” de dicha iniciativa china, aunque ya carga con el peso de lo que llamó deuda “depredadora” con China. Porque cuando Estados Unidos te presta dinero es cooperación, pero cuando China lo hace es “deuda depredadora”. La semántica geopolítica es maravillosa, ¿verdad?
Mientras tanto, Rubio estará en Ciudad de México y Quito de martes a jueves, porque los problemas complejos de décadas se resuelven perfectamente en reuniones de tres días entre funcionarios que probablemente ni se recuerdan los nombres de sus contrapartes.
Así que prepárense, México y Ecuador, para recibir la cuarta visita del hombre que viene a solucionar sus problemas whether you like it or not. Porque si hay algo que caracteriza a la diplomacia contemporánea es la persistencia en creer que los viajes frecuentes equivalen a resultados tangibles. O tal vez solo necesiten llenar páginas en sus pasaportes diplomáticos.
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