Un mensaje directo: ‘No podemos depender de un solo socio’
Mark Carney no anda con rodeos. En un video de diez minutos este domingo, el primer ministro canadiense lanzó un diagnóstico crudo sobre la economía de su país. Lo que antes era una fortaleza—los lazos estrechos con Estados Unidos—ahora es una debilidad que hay que corregir.
“El mundo es más peligroso y está más dividido”, señaló Carney. “Estados Unidos ha cambiado de manera fundamental su enfoque en materia comercial, elevando sus aranceles a niveles que no se habían visto desde la Gran Depresión.”
La causa tiene nombre y apellido: Donald Trump. Los aranceles impuestos por el expresidente estadounidense han golpeado a sectores clave como el automotor y el acero. Pero el daño va más allá.
“Las empresas están frenando las inversiones, ‘contenidas por el manto de incertidumbre que se cierne sobre todos nosotros'”, añadió Carney, citando el clima de tensión.
Un cambio de rumbo forzado
El tono es de urgencia. Carney prometió actualizaciones periódicas sobre los esfuerzos para diversificar la economía y reducir la dependencia del gigante del sur. El plan incluye atraer nuevas inversiones, duplicar la capacidad de energía limpia y reducir barreras comerciales internas.
Pero lo más llamativo es el reconocimiento explícito: esperar a que Washington ‘vuelva a la normalidad’ ya no sirve.
“La esperanza no es un plan y la nostalgia no es una estrategia”, subrayó, en una frase que resume su postura.
El contexto político agrega presión. Carney habla días después de asegurar un gobierno de mayoría, mientras la oposición conservadora le exige concretar un acuerdo comercial con EE.UU.—una promesa clave de su campaña.
Para colmo, está pendiente una revisión del tratado comercial T-MEC en julio. Y flota en el aire el comentario incendiario de Trump sugiriendo que Canadá debería ser el estado 51.
Carney recordó los apoyos históricos canadienses a EE.UU., desde las guerras mundiales hasta Afganistán. Pero dejó claro que los tiempos han cambiado.
“Estados Unidos ha cambiado y debemos responder”, afirmó. “Se trata de recuperar el control de nuestra seguridad, nuestras fronteras y nuestro futuro”.
Su mensaje final fue una llamada a la acción interna: construir un país más fuerte para resistir las disrupciones externas. Porque, en sus palabras, “no podemos controlar lo que ocurre al sur de la frontera”.




