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Internacional

Campaña antidroga de EE.UU. suma 126 muertes en aguas latinoamericanas

Las operaciones navales de EE.UU. contra el narcotráfico dejan más de un centenar de muertos, mientras crecen las dudas sobre su efectividad y legalidad.

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La cifra que Washington confirma y las preguntas que no responde

El Comando Sur estadounidense elevó este lunes a 126 el número de personas fallecidas en sus ataques contra lanchas sospechosas. La cifra incluye a quienes se “presumen muertos” tras perderse en el mar.

De esos, 116 murieron en al menos 36 operaciones desde septiembre en el Caribe y el Pacífico. Las otras diez son casos como los ocho individuos que saltaron de una embarcación atacada el 30 de diciembre y nunca fueron hallados.

“El gobierno estadounidense ha ofrecido pocas pruebas para respaldar sus afirmaciones de haber matado a ‘narcoterroristas’.”

Una estrategia bajo la lupa

La narrativa oficial habla de un “conflicto armado” contra cárteles. Pero los críticos señalan dos fallas enormes: la mayoría del fentanilo mortal entra por tierra desde México, y la legalidad misma de estos ataques está en entredicho.

El escándalo estalló cuando se supo que, en el primer operativo, fueron eliminados sobrevivientes que ya estaban en el agua. Para republicanos fue “legal y necesario”. Para demócratas y expertos, fue algo mucho más oscuro.

“Los legisladores demócratas y expertos legales señalan que esas muertes fueron asesinatos, si no es que un crimen de guerra.”

Esta campaña naval —una de las mayores en la región en décadas— se intensificó junto a la presión sobre Venezuela, que culminó con la captura y extradición de Nicolás Maduro. Ahora, con Maduro en suelo estadounidense, el foco parece haber cambiado.

Tras la incursión del 3 de enero en Venezuela, solo ha habido un ataque a lanchas. El nuevo objetivo son buques petroleros venezolanos, como parte del plan para tomar control del petróleo del país.

Mientras tanto, en Washington, los republicanos han bloqueado todos los intentos demócratas por limitar la capacidad del presidente para ordenar más ataques. La cuenta sigue abierta.

Internacional

Trump reaviva la guerra arancelaria contra Corea del Sur

Trump sube impuestos a productos surcoreanos, reavivando su estrategia de presión comercial global que afecta a aliados y rivales por igual.

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La amenaza arancelaria que no se fue

Otra vez. Donald Trump anunció este lunes que aumentará los impuestos a la importación de autos, madera y medicamentos desde Corea del Sur. Pasa del 15% al 25%. La razón, dice, es que la Asamblea Nacional surcoreana aún no aprueba el marco comercial pactado el año pasado.

“Nuestros acuerdos comerciales son muy importantes para Estados Unidos. En cada uno de estos acuerdos, hemos accionado rápidamente para reducir nuestros aranceles… Desde luego, esperamos que nuestros socios comerciales hagan lo mismo”,

escribió en redes.

Pero esto no es nuevo. Es el mismo patrón de presión que ya vimos. Primero amenaza, luego negocia, y si no obtiene lo que quiere rápido, aprieta las tuercas con más impuestos.

Un ciclo sin fin mientras Trump siga al mando

La jugada con Seúl es solo el último capítulo. La semana pasada fue Europa: amenazó con aranceles a ocho países si no obtenían control sobre Groenlandia (sí, Groenlandia). Luego se retractó tras reuniones en Davos.

El sábado fue Canadá: advirtió un impuesto del 100% si Ottawa estrechaba lazos comerciales con China. Y ahora Corea del Sur.

¿El resultado? Una economía global en modo perpetuo de negociación forzada. Los inversores y las familias que dependen de comercio estable viven en la cuerda floja.

Lo irónico es que muchos de estos “acuerdos históricos” de los que Trump se jacta ni siquiera están finalizados. El Parlamento Europeo aún no aprueba el pacto que impondría un 15% a productos de la UE. Y este año toca renegociar el T-MEC con México y Canadá.

Esto no es diplomacia comercial tradicional. Es táctica de presión constante. Y mientras dure esta administración, será la nueva normalidad: amenazas, represalias y mercados nerviosos.

La pregunta real es cuánto aguantará la economía global este péndulo entre promesas y castigos antes de que alguien diga ‘basta’.

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Internacional

Liberan presos en Venezuela bajo presión internacional

Liberan a decenas de reclusos mientras EE.UU. presiona y las cifras oficiales son cuestionadas por organizaciones defensoras.

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¿Reconciliación o presión? Las liberaciones que dividen a Venezuela

La noticia llegó por X, como casi todo ahora. Alfredo Romero, del Foro Penal, anunció que 266 personas consideradas “presos políticos” han salido de prisión desde el 8 de enero. Solo este fin de semana, al menos cien recuperaron su libertad.

“Aquí no hay presos políticos. Aquí hay gente que cometió delito”, declaró Diosdado Cabello, ministro del Interior.

Pero los números bailan según quién los cuente. El gobierno interino de Delcy Rodríguez -quien asumió tras la detención de Maduro- dice haber liberado a más de 620 reclusos. Incluso prometió pedir a la ONU que verifique sus listas.

Entre los liberados: un estudiante por quejarse de las cloacas

La lista incluye casos que hacen arder las redes. Un activista opositor, un abogado de derechos humanos y un estudiante de periodismo encarcelado en marzo. Su “delito”? Publicar quejas sobre el sistema de alcantarillado de su ciudad. Lo acusaron de “incitar al odio”.

Mientras las familias mantienen vigilias fuera de las cárceles, el Foro Penal insiste: al menos 600 disidentes siguen detenidos. Entre ellos, varios miembros del partido de María Corina Machado, la Nobel de la Paz a quien el gobierno sigue viendo como amenza.

Las organizaciones humanitarias acusan al Estado de inflar cifras. El gobierno responde que solo buscan socavar su credibilidad. En medio, cientos de vidas suspendidas y un país que intenta mostrar gestos mientras Washington observa con lupa cada movimiento.

Lo cierto es que cada liberación significa una familia que vuelve a respirar. Pero también quedan preguntas incómodas: ¿gesto genuino o cálculo político bajo presión internacional? En Venezuela, hasta las buenas noticias vienen con asterisco.

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Internacional

Carney ve en Trump al negociador, no solo al amenazador

El primer ministro canadiense interpreta las amenazas de Trump como táctica negociadora, mientras Ottawa busca su propio camino comercial con Beijing.

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El juego arancelario entre aliados

Mark Carney, el primer ministro canadiense, no se está tomando las amenazas de Donald Trump al pie de la letra. O al menos, no del todo. Este lunes sugirió que algunos de esos comentarios del mandatario estadounidense son más postureo que política real.

“El presidente es un negociador fuerte, y algunos de estos comentarios y posicionamientos deben ser vistos en el contexto más amplio de eso”, afirmó Carney.

La chispa que encendió esta ronda fue una advertencia de Trump: un arancel del 100% a las importaciones canadienses si Ottawa seguía adelante con un acuerdo comercial amplio con China. Pero aquí está el detalle clave que Ottawa quiere dejar claro.

Canadá no busca un tratado integral con Beijing. Según Dominic LeBlanc, ministro responsable del comercio con EE.UU., lo que hay sobre la mesa es un “acuerdo comercial limitado” que toca solo “unos pocos sectores”. Lo comparó directamente con el pacto que el propio Trump hizo con Xi Jinping el verano pasado.

Una revisión, no una renegociación

Este año toca revisar el T-MEC, el tratado comercial norteamericano. LeBlanc fue categórico:

“No es como hace seis años. Hablamos de eso. Esto es una revisión”, señaló LeBlanc. “Estaba incorporada en el acuerdo. No es una renegociación”.

Pero la relación comercial entre Canadá y China ya tiene sus propias idas y venidas. En 2024, Ottawa siguió a Washington imponiendo fuertes aranceles a vehículos eléctricos chinos. Beijing respondió golpeando productos canadienses clave como el aceite de canola y la carne de cerdo.

Ahora viene el giro. Durante una visita a Beijing este mes, Carney rebajó ese arancel del 100% a los autos eléctricos chinos a cambio de que China suavice sus impuestos a productos canadienses. Un movimiento independiente que habla por sí solo.

Carney detalló que habrá un límite inicial de 49.000 unidades importadas con una tasa del 6.1%, que crecerá en cinco años. A cambio, espera inversiones chinas en la industria automotriz canadiense.

Más allá del comercio: una pelea por influencia

Todo esto ocurre mientras Trump revive viejas fantasías expansionistas, incluso publicando mapas alterados donde Canadá aparece como parte de Estados Unidos. En este clima, Carney ha emergido con un discurso claro sobre la necesidad de que las potencias medianas se unan.

Su frase en Davos resonó fuerte: “las potencias medianas deben actuar juntas, porque si no estás en la mesa, estás en el menú”. Un mensaje que claramente eclipsó al de Trump en el mismo foro.

La partida es compleja. Por un lado, Ottawa calma a Washington diciendo “no te preocupes, nuestro acuerdo con China es limitado”. Por otro, avanza silenciosamente su propia agenda comercial con Beijing, rebajando aranceles por su cuenta. Y mientras tanto, Carney posiciona a Canadá como líder de un bloque alternativo frente al unilateralismo estadounidense.

Trump negocia con amenazas públicas. Carney parece estar negociando moviendo piezas en silencio y construyendo alianzas elsewhere. El T-MEC se revisa este año, pero la verdadera negociación parece ser mucho más amplia: define qué tipo de aliado será Canadá en un mundo donde las reglas las escriben los más fuertes.

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